Maravillosa apuesta

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Allí me dejo tumbada en una cama mientras el rebuscaba en su armario, finalmente sacó una de sus camisetas de pijama y me la lanzó.

-Póntela. A sí podrás dormir más cómoda-alargué la mano y alcancé la camiseta, esperé a que saliera de la habitación, seguidamente me quité la ropa para ponerme aquella ancha y larga camiseta-.

No le avisé de que me había cambiado ya, creí pensar que no necesitaba saberlo porque deduje que el se había ido a otra habitación para dormir.

-¿Ya puedo entrar?

-Sí-para que demonios quería entrar-.

Al segundo de escuchar mi respuesta entró, ya se había puesto el pijama, básicamente dormía con unos pantalones y sin camiseta.

Comenzó a deshacer la cama para que pudiera meterme y dormir, era poco el tiempo que había tenido para hacerme a la idea que de algún modo había perdido la apuesta, e iba a dormir en casa de un chico al que todavía no conocía del todo. Me deslicé en esas frías sabanas y me quedé mirando a Adrián como se tumbaba a mi lado.

-¿Vas a dormir aquí?-pregunté algo extrañada-.

-Es mi cama, por supuesto que voy a dormir aquí.

-Bueno pues ya voy yo a otra habitación-dije haciendo el amago de que me levantaba-.

-La otra habitación es de Oliver y esta durmiendo. Aquí no hay más camas.

-Pero sí un sofá-me levanté de la cama y Adrián me cogió de la mano-.

-No vas a dormir en el sofá-antes de que pudiera hacer nada me sentó en la cama-.

Tenía un dolor de cabeza insoportable y no me apetecía escuchar como se hacía de rogar hasta conseguir su objetivo, a sí que me volví a tumbar y a tapar con las sabanas.

Adrián se giró de espalda a mí y yo hice lo mismo, cerrando los ojos para dormirme, para descansar después de la intensa noche que había tenido.

El resplandor del sol hizo que me despertara, me di la vuelta y observé que no estaba Adrián, tranquilamente me levanté de la cama y me recogí el pelo en una cola muy despeinada.

En el comedor no había ni rastro de nadie, pero en la cocina estaba él.

-Buenos días dormilona-me saludo con una sonrisa y vigilando lo que estaba haciéndose en la sartén-.

-Buenos días-contesté frotándome los ojos-¿Y Oliver?

-Está con Leyla, se han ido a pasar la mañana a casa de sus padres-contestó sirviendo en cada plato un huevo y beicon-.

-¿A ver a sus padres?-sorprendida porque dos amigos como ellos pasaran la mañana con los padres de Oliver-.

-Sí, ¿No lo sabias? Oliver y Leyla son pareja.

-No tenía ni idea-eso hizo que me pareciera más normal que fueran a visitar a sus padres, porque normalmente ese tipo de salidas lo hacían las parejas-.

-Venga vamos a desayunar-cogió los dos platos y los puso en la mesa del comedor, dónde ya había un zumo de naranja para cada uno-.

Se había molestado en prepararme el desayuno, era bastante atento y eso me gustaba. No todos los amigos te tenían echo un espléndido desayuno cuando te despertabas.

Mientras desayunamos me recordó la escena de la noche anterior en el karaoke y la maravillosa apuesta que había perdido, y cuando digo maravillosa me refiero a todo el contrario, estaba bastante convencida de poder a ver ganado la apuesta, pero simplemente me quedé en el intento, pasar tres días enteros con Adrián era raro, pero estaba segura de que no me iba a aburrir.

Como no tenía ropa para esos días, pasamos por mi piso a buscarla, dónde estaba Carol y a la que le conté todo el rollo de la apuesta. Una vez tenía la bolsa con todo lo necesario, yo cambiada y duchada, metió la bolsa en el maletero y nos subimos al coche poniendo rumbo al piso de Adrián.

Oliver no había vuelto aún a sí que solo él y yo ocupábamos el piso.

Mi teléfono sonó, y al leer el nombre que aparecía en la pantalla rápidamente lo descolgué y me fui a la habitación dejando a Adrián en el comedor.

-Hola, ¿Que tal todo por ahí?-dije fingiendo que estaba alegre de volver a escuchar su voz, una voz de la que me había olvidado durante esos días-.

-Muy bien, echándote de menos-y entonces me acorde de que lo iba a ver-.

-Me han dicho que me vendrás a ver unos días.

-Exacto, era de aquí a una semana, pero no podía aguantar más y adelanté el vuelo a mañana-¡A mañana!-.

-Que bien, yo también tengo ganas de verte. Nos vemos mañana entonces, un beso-deje que se despidiera, sin escuchar como lo hacía ya que estaba pensando lo que me acababa de decir, cuando deje de escuchar ruido al otro lado del teléfono colgué-.

Salí del cuarto pensativa por lo que me había comentado, una persona importante en mi vida y la que me había cambiado muchos aspectos de ella. Tenia ganas de verlo pero me sentía mal por no haberme acordado de él, estando aquí excepto cuando me hablaban sobre él.

-¿Quien era?, ¿Tus padres?

-Sí, mis padres-dije mintiendo y omitiendo alguna que otra información-.

-Que te apetece si comemos y al terminar vemos una película.

-Estupendamente-sonreí-.

Y eso hicimos, comimos y nos sentamos en el sofá para ver la película que había escogido Adrián. 

Sentada en el sofá esperando a que pusiera la peli, Adrián se acercó y me comenzó a hacer cosquillas, no soporto que me hagan cosquillas en la barriga, porque verdaderamente me pongo como una loca a chillar y a moverme como un terremoto, pero eso a él no le importaba, parecía disfrutar viéndome sonreír y no iba a detenerse por nada del mundo. 

Cuando se cansó terminamos tumbados en el sofá, con una sonrisa que no se me borraba, me miró como siempre lo hace, intensamente, y no pudimos evitar quedarnos mirándonos el uno al otro, unos segundos, hasta que me incorporé y miré la pantalla de televisión ignorando aquel instante.

Me sentía a gusto en esa casa, durmiendo en esa cama y al lado de esa compañía. Me divertía y me reía como nunca antes lo había hecho, y aunque esa situación era diferente al resto, era una nueva etapa, con nuevas experiencias, de las que yo era la dueña.

Quédate conmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora