Autenticas delicias

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Ya no tenía tan claro si realmente estábamos de camino a donde estaba el coche ya que estábamos travesando una serie de calles por las que apenas había sitio para que los coches estacionaran. Y evidentemente, Adrián me había mentido, no estábamos yendo hacía el coche, estábamos en frente de un restaurante de dos plantas con la peculiaridad de que las paredes eran grandes ventanales los cuales te hacían disfrutar de las maravillosas vistas mientras comías.
-Supongo que tendrás hambre, ¿No?-me preguntó mientras miraba hacia el edificio-.
-Pues un poco, pero haberme avisado de que veníamos aquí-respondí mirándole-.
-¡Venga va deja de quejarte y entra!-dijo a la par que abría la puerta y me invitaba a entrar alargando el brazo como un caballero-.
Simplemente entré y él hizo lo mismo que yo, la verdad es que ni siquiera sabia que tipo de comida había en ese restaurante pero la verdad es que me daba muy buenas impresiones. Un camarero se acercó a nosotros y nos preguntó:
-¿Mesa para dos?-dijo mirando a Adrián-.
-Sí, por favor-contestó de manera educada-.
El camarero nos indicó que subiéramos a la planta de arriba y allí en una mesa pegada a la ventana había sitio para dos, es decir, nuestra mesa. Nos sentamos y a la vez que cogía la carta que nos habían traído le miré.
-Me sorprenderé el día que sepa de ante mano a donde vamos a ir-dije a la vez que Adrián hacía exactamente lo mismo con la carta que yo-.
-Pues la verdad es que yo soy más un chico de sorpresas-confesó con una media sonrisa preciosa-.
-No hace falta que me lo digas dos veces, lo tengo más que comprobado-le contesté devolviéndole la sonrisa-.
Ojeé la carta y la verdad es que había platos que parecían autenticas delicias, eso hizo que estuviese bastante indecisa sobre que me apetecía más comer, Adrián parecía mucho más seguro que yo, pero finalmente después de haberme leído la carta unas cinco veces me decanté por un plato.
No tardaron en servirnos los platos. Y nosotros tampoco tardamos mucho en devorarlos, Adrián había escogido un buen sitio para ir a comer. Me invito a pasar la tarde en su casa y obviamente acepté ya que quería estar con él más rato.
Al llegar a su casa, parecía vacía, no había ni un solo ruido, eso sería que Oliver no estaba en casa, siempre que está la televisión sonaba de fondo con algún que otro partido de cualquiera de los deportes o menos usual alguna película. Y no, no había nadie, nos acomodamos en el sofá y mientras Adrián iba a por algo de beber, yo estaba con el mando buscando algo interesante para que viéramos. Encontré una película de esas de comedia que dan siempre los domingos por la tarde, así que la dejé puesta.
La película era entretenida y la verdad es que me estaba manteniendo enganchada, pero justo en el momento que Adrián comenzó a acariciarme la pierna perdí un poco el hilo de la película, me acariciaba lentamente, de la rodilla subía hacía arriba, el cuerpo se me tensaba y me ponía algo nerviosa, pero tampoco pretendía que dejara de hacerlo, cada vez me daba la impresión que subía un poco más, rozándome el borde del bolsillo del pantalón tejano, me acomode y entonces ya no me rozaba con el dedo el borde del bolsillo sino que me rozaba muy suavemente el borde del pantalón, le miré a él como un acto reflejo y volví a posar la mirada en la televisión.
-¿Estas cómoda?-preguntó Adrián a la vez que me rodeaba con su brazo los hombros y me acercaba hacia él-.
-Sí-respondí apoyada en su costado izquierdo, notando como su pecho subía y bajaba a causa de la respiración-.
Y no dijo nada más, continuó viendo esa película la cual yo ya no estaba prestando tanta atención como al principio.
Adrián esta vez continuó acariciándome el brazo, o eso creía yo, hasta que continuó bajando hacía mi barriga, y de mi barriga pasó por el principio del pantalón, hasta alcanzar una parte que ya no era el muslo de mi pierna. Yo estaba quieta, a penas me movía, entonces él me miró, con esa mirada matadora, se acercó a mi cara muy despacio y cuando nuestras narices ya se rozaban, me besó apasionadamente. A la vez que me besaba hacía que me incorporara, pero acabé tumbada y el seguía besándome, con ganas y sin reparo, sin pausas, seguidamente bajó su mano por mi barriga y noté como me estaba intentando desabrochar el botón del pantalón, pero yo no me moví, continué besándolo, y él consiguió desabrocharlo y ya lo que me rozaba no era el borde del pantalón, la barriga se me estremeció y erizó cuando noté como me rozaba la ropa interior, mientras no dejaba de besarme tiró de los pantalones hacía abajo para intentar bajarlos, su mano bajo lentamente por dentro de mi ropa interior, y ya no tocaba la barriga, ni el borde de mis braguitas, mi cuerpo se estremecía y él parecía que tenía completamente la situación controlada, las piernas se me tensaban y se me movían de vez en cuando, el placer recorría mi cuerpo y hacía que me estremeciera, o medio retorciera, de manera que tiré un poco la cabeza hacía atrás, y él aprovechando ese movimiento me comenzó a dar besos en el cuello, ahí parecía que todo se intensificara más, el placer aumentaba cada vez más, sentía que no quería que Adrián sacara la mano, sus besos en el cuello hacían que mi cabeza siguiera tirándose hacía atrás y cambio el cuello por la oreja, mordiéndome de manera suave pero con ganas, con decisión sobre sus pasos, la respiración ya estaba siendo agitaba, pero ahora lo era aún más, y un suspiro se me escapó de los labios, expulsando esa satisfacción que había sentido todo ese rato, a causa de los movimientos de sus dedos y a ese goce extremo al que había llegado y al que sólo él me había hecho llegar. Adrián apartó su mano de mi entrepierna y me dio un delicado beso en los labios, yo que sonreía ya plácidamente le miré, él me miraba con luminosidad en la mirada y me devolvió esa sonrisa, acercándose a mi oreja y susurrando:
-Me parece que la peli se a acabado-dijo y soltó una pequeña y también suave risa-.

Quédate conmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora