La persona perfecta

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Hay veces que crees estar con la persona adecuada, con la persona indicada para ti, y resulta ser que no lo es, y que realmente la persona perfecta para ti esta justo delante tuyo pero aún no te has dado cuenta.
-Entonces, ¿Ya no dudas de tus sentimientos hacía Eden?-me preguntó Adrián después de todo lo que acababa de pasar-.
-Ya hace un tiempo que lo tengo claro, y todo lo que te dije solo fue una excusa para decirte lo que sentía, después de todo, yo a Eden solamente lo veo como un amigo, por el cariño y aprecio que le tengo, pero creo que ahora ya es más que evidente que a ti no te veo como mi amigo-le contesté a la pregunta que me había hecho-.
-¡Que mala eres!, ya me estabas liando otra vez con el rollo de tus dudas, si es que…-dijo dándome un golpecito y sonriendo-.
-Un poco sólo-dije y al terminar me reí-.
Nos metimos en el coche para seguir contemplando el paisaje pero sin pasar frío, ya que se había levantado un poco de fresco. Estaba tan a gusto con Adrián, que no podía estar en mejor sitio que con él.
Pasaban los minutos, las horas y no nos dábamos cuenta por lo bien que estábamos juntos, como se reía siempre, como apoyaba su mano en mi pierna y me acariciaba, como me miraba y hacia que el tiempo de parara y que yo deseara mirarle a los ojos todo el rato, si no fuera porque a veces no podía sostenerle la mirada.
Cuando ya llevábamos más de dos horas allí pasando el rato, decidimos volvernos a casa. Me sentía liberada, tranquila, me sentía bien por haberme sacado ese peso de encima que me comía el remordimiento, pero por fin lo había soltado, y no podía estar más contenta de haberlo hecho, bueno yo no, el que en realidad tubo la iniciativa fue Adrián, y me encantaba que lo hubiera hecho.
La vuelta a casa fue diferente a todas las demás, sin pensármelo dos veces apoye mi mano junto a la suya en el cambio de marchas, incluso más de una vez me salió acercarme a su musculado brazo y rodearlo con los míos a modo de abrazo, y ya no me sentía culpable por hacerlo, ni por sentirme así, ya no habían impedimentos que me obligaran a frenarme con él. La música en la radio estaba puesta como siempre, sonaba una balada, perfecta para esas horas de la madrugaba, las ventanillas estaban subidas prácticamente hasta arriba, y sólo un dedo de margen dejaba que entrara ese aire hacia dentro del coche. Adrián aparcó el coche justo en un sitio en frente de mi portal, nos bajamos y fuimos a la puerta de mi casa.
-Bueno pues ya está, así a acabado la noche-dijo Adrián con una media sonrisa-.
-Pues sí, que diferencia a como había empezado-contesté devolviéndole la sonrisa-.
Me agarró de la mejilla delicadamente y me dio un suave y cálido beso en los labios para despedirse, al separarnos no evite sonreír y peinarme con los dedos un mechón del lado derecho de la cara con un poco de timidez, él, me giño el ojo y se fue con un andar bastante tranquilo al coche. Cogí las llaves del portal y abrí la puerta, una vez en la puerta del piso, introduje la llave lentamente y con cautela para que las chicas no se despertaran, porque imagino que ya estarían durmiendo, lo conseguí hacer sin tan siquiera ruido, y me metí en mi habitación.
Ese momento de estar con el pijama encima de la cama, mirando al techo y pensando en todo lo que había pasado, ese era mi gran momento de paz, no me podía estar creyendo que una decisión te podía cambiar tanto la vida, como a mi me la había cambiado, mi vida ahora era tan distinta, ya no vivía con mis padres, si no que compartía piso con unas amigas, ya no tenía ese novio con el que había durado bastante tiempo, si no que estaba enganchadísima de un chico francés mayor que yo y que era totalmente diferente al prototipo de chico que creía que me gustaba.
A la mañana siguiente el sol brillaba más que nunca, o al menos para mi, el día parecía estupendo para pasarlo en la calle disfrutando de ese maravilloso sitio donde vivíamos, así que propuse ir todos a comer a algún restaurante o bar de por ahí, todos aceptaron encantados.
Me dispuse a meterme en la ducha pero tuve que esperar un buen rato a que Leyla acabara de ducharse, era realmente lenta arreglándose y eso que yo no es que fuera muy rápida, en cambio Carol era siempre la primera y se duchaba en pocos minutos, además para vestirse y arreglarse no es que se demorara mucho rato. Una vez que Leyla salió del lavabo con una toalla liada en la cabeza y otra envolviéndose todo el cuerpo, entré rápidamente a prepararme, realmente yo no tardaba en ducharme, mi punto débil era escoger la ropa que me iba a poner, nunca sabía que ponerme, y siempre les preguntaba a ellas para que me ayudaran, pero muchas veces eso no servía para nada, porque simplemente me gritaban: ¡Ponte lo que sea, da igual Nicky!
Después de un buen rato delante del armario, decidí optar por un vestido azul clarito con pequeñas flores blancas, las converse altas blancas, una chaqueta tejana blanca también y un bolso pequeñito, el pelo me lo sequé y no me hice nada, así que se me quedó al natural, completamente liso, me puse un poco de máscara de pestañas y un color rosa palo en los labios, finalmente me perfumé con ese olor dulce que tanto me gusta y me dirigí a la entrada para que las chicas vieran que ya estaba lista.
Mientras esperaba que vinieran, revisé mi móvil mirando esos últimos mensajes que me habían entrado, uno era de Adrián, y decía: Ya tengo ganas de verte. No evité sonreír al leerlo, yo también tenía ganas de verle, al segundo Leyla y Carol aparecieron.
-Nosotras también estamos-dijo Carol mientras cogía las llaves-.
-¡Pues vamos!-contesté abriendo la puerta-.



Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora