Capítulo 2

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La alarma sonaba fuerte en la mañana, destrozando mis tímpanos, como la rutina de siempre, rodé hasta mi uniforme e hice lo posible por vestirme y arreglar mi cabello. Luego subir a la silla. Mi brazo izquierdo seguía débil por lo que me fue ciertamente difícil subirme.

Esa mañana no desayuné, me dirigía a la escuela y estaba en media calle, a punto de pasar al otro lado, escuché la bocina de un camión y luego un empujón a mi silla que me llevó al otro lado de la calle.

Un chico estaba a mi lado y me miró preocupado.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó sin apartar la vista de mí.

Me limité a asentir y seguí mi camino hasta llegar al instituto.

Hubo un detalle del que me percaté poco después; aquel chico era parte del "grupo popular" que se burlaba de mí.

Me preguntaba el por qué me había salvado de que me aplastara un camión.

¿Crees que había una razón en específico?

De todas formas morir ese día hubiera sido lo mejor. ¿O no?

Al llegar al instituto, la encargada del aseo me tuvo que subir de nuevo, puesto que el profesor que lo hacía antes estaba en el hospital y lo acababan de operar, por lo que fallaría un mes.

Esta vez el grupo popular llegó al salón de clases junto a los otros alumnos.

Pasaron las horas, apenas comí poco de lo que me ofrecieron de la cafetería, más clase aburrida, de igual manera pasaba todas las materias con las mejores calificaciones sin hacer el mínimo esfuerzo. Luego ir a casa, solo, tuve que hacer de cenar solo, cenar solo, hacer mis deberes en silencio, solo, dormir sin las buenas noches de alguien.

Me sentía vacío.

Estaba totalmente solo.

Solo yo y mi tristeza.

Me acosté en la cama apenas con la ropa interior. Miré mi brazo, por donde corté habían marcas con un poco de sangre seca, ya no estaban inflamadas pero definitivamente iban a quedar feas cicatrices allí. Tenía que ser tan estúpido de cortarme todo el brazo, que patético.

Recordé al chico que había salvado mi vida esa mañana, examiné todo lo que se veía a simple vista de él.

¿Por qué no me dejó morir? Al cabo que ni nos conocemos.

Tenía unos ojos verdes oscuro que a la luz se veían café claro, el cabello corto castaño, un buen estado físico, la piel ligeramente bronceada, tenía el aspecto del típico narcisista que cree que todas las chicas caen a sus pies, el superior, aunque en realidad no tuviera nada, eso era estúpido, pero no más que yo. Yo era el patético lisiado.

¿Por qué me habría salvado?

¿Por qué de repente en este día?

Decir que hubiera preferido morir no era del todo cierto, morir, me daba algo de miedo. Pero no por el dolor que significaría agonizar, sino por lo que encontraría tras la muerte, probablemente ahí sí estaría solo.

A decir verdad la soledad me causaba agonía, pero al morir no sabía exactamente lo que encontraría.

También estaba la posibilidad de encontrar a mi padre y que todo fuera como antes.

Reiría con él.

Le contaría acerca de mis problemas.

Lo abrazaría.

AnquilosisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora