Capítulo 39

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Luego de un tiempo, las terapias comenzaron y el tiempo comenzó a pasar más rápido, Jordan comenzaba a entender algunas palabras y a emocionarse por ello, era precioso verlo emocionado.

El terapeuta indicó que los resultados, como tal, se verían cuatro meses luego de la reacomodación del disco. Pero no fue problema para nosotros.

En París comencé a saber lo que era en verdad vivir con Jordan, darle de comer y apoyarlo. Entendí las ocasiones en las cuales él me llamaba "mamá" por estar pendiente de él, lo parecía, me preocupé por su bienestar y aunque a veces le dejaba a solas, inmediatamente después lo consentía con todo lo que podía.

Una de esas ocasiones en las que volvía de dejarle un rato a solas, oí su voz murmurando, la puerta estaba cerrada casi por completo, así que me acerqué lentamente y me quedé de pie junto a ella, oyéndole, al parecer hablaba solo...

—... Y de no ser por él no podríamos sentir las piernas ahora; vamos a caminar pronto y algún día a trabajar, devolverle todos los bonitos favores que ha hecho por nosotros, pagarle cada cosa y darle orgullo... no quiero saber qué pasaría si él ya no está aquí... ha hecho tanto... me quiere tanto... lo quiero tanto. Piernitas, vamos, caminemos pronto... en unas semanas será treinta de enero, quiero poder hacer algo para ese día... —bajó la voz y balbuceó algo más, abrí la puerta, con los ojos llorosos y le encontré sentado en la orilla de la cama, balanceando sus pies.

—¡Te amo! —grité dirigiéndome hacia él, lo abracé y besé sus mejillas con cuidado—, no debes devolverme ningún favor, con sólo estar a mi lado es suficiente, ¿comprendes? Tu felicidad me importa, no te desgastes, podemos hacer lo que gustes, cuando gustes. Y caminar, no es sólo algo para ti, sino para mí también... cada vez que veo un pequeño progreso, soy feliz, Jordan... me siento bien, ahora que puedes mover todo un poco, soy feliz, mucho... en unos meses más... ¿lo imaginas? Cuando tengas la fuerza para levantarte y caminar conmigo, yo, digo... me encantaría ver tus primeros pasos.

Era consciente, en muchas ocasiones, de que mis palabras quizá eran demasiado cursis, de que a veces el amor que sentía por él, dominaba incluso mi cordura y soltaba al aire un millón de desvaríos.

Pero Jordan era feliz, los días de Enero fueron tranquilos, las terapias seguían, podía mover un poco sus piernas y describía el tacto como algo cada vez más fuerte, al parecer sentía al principio sólo un suave roce, pero luego, en ese tercer mes que se avecinaba, estaba orgulloso de sentir todo con su completa fuerza, o al menos casi la totalidad de esta.

A lo largo de las semanas, el físico de sus piernas había variado de manera notoria. En las terapias, para recuperar masa muscular, le solicitaban ejercicios extraños, cuyos resultados eran increíbles, sus piernas, bastante distintas de como eran antes, comenzaron a tener una forma más estética y acorde al resto de su cuerpo, no demasiado gruesas, pero sus gemelos sobresalían un poco y sus muslos eran más carnosos, los tobillos ya no lucían a punto de demacrarse, sino parecían tener intenciones de cobrar fuerza. Y su autoestima aumentó, aunque él no lo notase. Era evidente que se sentía más cómodo con su cuerpo de esa manera.

Pronto estuvimos en la mitad del mes y él parecía seguir avanzando a pasos agigantados. Me sentí lo suficientemente seguro como para poder llevarle a una cita y cenamos en las afueras, aún lo llevaba en su silla de ruedas, pero él podía ya mover sus piernas casi con normalidad.

—Christian —Se dirigió a mí durante la cena—, ¿sabías que ya casi... es un año? —Insinuó sonriente.

—¿Cómo olvidarlo? —Reí.

—¿Quieres algo especial para esa fecha?

—Me basta estar contigo, ¿tú quieres algo? —inquirí viéndole directamente a los ojos.

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