~ JORDAN ~
Así que, oficialmente vivía con Alexis, ¿no?
Mi cuerpo impactó contra la cama y mi rostro fue atacado por sus besos, uno tras otro, se le notaba eufórico. Por supuesto, yo también lo estaba, más que nunca. El hecho de poder vivir con él era algo que realmente me hacía feliz. Ya no estaba encerrado en una casa, en la que tenía por seguro que moriría de hambre o cansancio, inclusive a causa de mi hermana mayor. Ahora, más que nunca, estaba seguro. Junto a aquel hombre que me profesaba amor. Sentimiento que yo, por supuesto, quería corresponder. Estaba en infinita deuda con su persona. Jamás se habían preocupado tanto por mí.
Escucharlo decir que estaríamos juntos para siempre llenó mi ser de ilusiones, altas expectativas, en realidad, para mí todo aquello era nuevo. Yo siempre era excluido de todo, por lo que... que alguien dijese que compartiría su vida con alguien como yo era... fabuloso.
— Vamos a dormir juntos aquí y... haremos nuestros hijos aquí. Y... cuando estemos viejitos y arrugados reposaremos aquí todo el día. — insinuó, acariciando mi cabello. Mis mejillas ardían.
— ¡Que no me voy a embarazar! — grité golpeando su espalda con mi palma, con lo que para mí era fuerza.
— Oh, punch me harder, daddy. — jadeó en un tono agudo cerca de mi oído, me avergoncé de él, así no hubiese sido yo quien había dicho aquello. Alexis estalló a carcajadas y me miró a los ojos, depositando un fugaz beso en mis labios.
Hacía mucho no lo tenía tan cerca. No me molestaba, de hecho llegaba a agradarle que él estuviese ahí. Sin embargo, incluso yo tenía que tener cuidado con lo que hacía con él, no quería volver a abrir aquella herida y tenerlo por más tiempo lejos de mi persona.
— Vamos a organizar las cosas, luego nos divertiremos un rato, ¿sí? — se levantó y me tomó en sus brazos para ponerme nuevamente en la silla de ruedas. Asentí, sintiendo como mis labios se curvaban involuntariamente en una sonrisa. Acto que en mi persona, hallándome en la situación de hacía unos meses, sería extraño. Pero que ahora, gracias a Alexis, era algo que simplemente acontecía, sin quererlo, por el solo hecho de que su presencia me acompañara.
Entonces sacamos todo de las maletas y lo acomodamos en el enorme cuarto del guardarropa que era nuestro, el lado de la pared izquierda quedó lleno con su ropa y poco más de la mitad del lado derecho, fue utilizada para acomodar mi ropa y escasos dos pares extra de zapatos, aparte de los del uniforme del colegio.
Me agradaba que todo fuera tan cómodo allí, todo adecuado para mí. Era perfecto. Estaba muy agradecido con Clarise por todo eso que ahora compartía con Alexis. Tenía más que por seguro que no iba a llegar a reconocer ese lugar como mi "hogar." No era mío después de todo. Pertenecía a Alexis.
Luego de que termináramos, Alexis se tiró a la cama, suspirando, posiblemente exhausto. Quise advertirle que debía ser más cuidadoso con lo que hacía, porque no quería que su herida se volviera a abrir. Acomodé mi silla de ruedas a un lado de la cama e intenté una de mis hazañas de lanzarme a la cama. Pero, para mi mala suerte, era más alta que la que tenía en casa así que mi cuerpo sólo resbaló y quedó en el suelo, sabía que estaba en una mala posición porque sentía la piel de mi abdomen ser estirada y el pecho sofocarme. Quedé mirando al techo. Me sentí inútil y me quité el enorme abrigo grueso que llevaba encima, para poder facilitar mis movimientos y comencé a arrastrarme por el suelo.
— Jordan — le oí llamarme y volteé a mirar. Su rostro estaba contraído en confusión. — ¿Qué haces?
Suspiré y sentí sus pasos acercarse a mi persona para levantarme del suelo, me cargó y me dejó sobre la cama, en donde con dificultad logré acomodarme.
ESTÁS LEYENDO
Anquilosis
Teen FictionTal vez "amor" es una palabra muy complicada para alguien que ni sus propias piernas puede sentir. Tuvo una vida complicada, en donde toda cosa aparentemente buena que se manifestaba a su alrededor pronto perecía, por eso ni sus propios sentimientos...
