Capitulo 48

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Setenta y dos horas después de aquella cena infernal, Clare tomó a Ryan en brazos y llamó a la puerta del apartamento de Harry. Eran las cuatro de la tarde del viernes y le ilusionaba la posibilidad de pasar una tarde fuera sin que sus padres cuestionaran todos sus movimientos. Estos, una vez convencidos de que Clare no iba a regresar a Nueva York, habían dejado a Laura en el aeropuerto sin saber que no volverían a verla en una temporada. Luego se habían ido a San Francisco, después de decirle a Clare que volverían al siguiente fin de semana para despedirse antes de regresar a casa. Clare no sabía qué pensar del hecho de que su hermana se fuera a ver mundo con un grupo de música, pero Laura parecía genuinamente feliz y eso era lo más importante.

Se abrió la puerta y apareció Harry. Estaba increíblemente atractivo, como siempre. Su pelo castaño espeso se rizaba y sus ojos verdes le parecieron a Clare más oscuros de lo que recordaba. Era difícil interpretar la expresión de su cara, y tenía un toque peligroso que siempre conseguía que ella se estremeciera por dentro.

Harry tomó la bolsa del niño que llevaba ella y le hizo señas de que entrara.

—He pensado traerlo primero a él y volver ahora a por la cuna portátil —comentó ella.

—No es necesario —Harry se inclinó y, por un momento, ella pensó que la iba a besar, pero él plantó los labios en la frente de Ryan.

La joven se riñó interiormente por haber creído que la iba a besar. Y resultaba aún más ridículo imaginar que ella se lo fuera a permitir. Él se había mostrado muy amable en la cena con sus padres; había lidiado bien con la grosería de sus progenitores, respondiendo con aplomo a sus preguntas y no dejándose afectar por sus comentarios. Se había mostrado educado y cortés. Y la mejor parte de la noche había sido cuando la había acompañado a la pista de baile sin hacer preguntas y allí la había abrazado y había hecho que se sintiera segura.

Y había sido en aquel momento cuando Clare se había dado cuenta de que estaba en apuros. Nunca había creído a las mujeres que insistían en que se habían enamorado a los pocos días de conocer a un hombre. Pero ahora sabía que podía ocurrir porque le estaba pasando a ella. Se estaba enamorando de Harry.

Y tenía que parar aquello.

Harry cerró la puerta tras ella.

—Ven conmigo —dijo—. Tengo algo que mostrarte.

Clare lo siguió por el pasillo. Al pasar delante del dormitorio, miró dentro y vio que la cama ya estaba arreglada. El recuerdo de lo que había pasado allí hizo que le ardieran las mejillas y se estremeciera por dentro.

Cuando entró en la última habitación, abrió mucho los ojos, sorprendida. El cuarto de invitados había sido convertido en un cuarto de bebé. Dos franjas azules recorrían la pared. Había una alfombra azul con un dibujo de un tren y estanterías blancas llenas de animales de peluche.

—Es precioso. ¿Cuándo has hecho esto?

—Hoy.

—¿Por eso ha venido a verte Maggie? ¿Para ayudarte a decorar?

Él pareció sorprendido, e incluso incómodo.

—La he visto salir de tu apartamento —explicó ________.

—¿Cómo sabes que era Maggie?

—La vi contigo en el tribunal el día que salisteis en las noticias.

—¡Ah! —exclamó él—. La habitación la he diseñado yo, aunque Maggie ha sugerido que colgara el móvil de animales más alto para que Ryan no pueda alcanzarlo.

—¿Maggie y tú sois amigos desde hace tiempo?

—Casi desde siempre —repuso él—. De pequeños era una más de nosotros, del grupo de chicos.

La Maggie que _______ había visto parecía demasiado seria para jugar con chicos.

—Eso fue hace años —continuó él—. Desde entonces ha cambiado —se acercó a la cuna—. Esta se llama la cuatro en una. Se puede ir agrandando a medida que crece el niño. El colchón tiene una capa gruesa de espuma y es hipoalergénico. ¿Qué te parece?

—Es fantástica. Me encanta la madera de cerezo —Clare miró la mesa de cambiar al bebé, la cómoda y el edredón, una mezcla de gamuza suave y algodón. Todo hacía juego, desde el volante de la ventana hasta la caja de guardar los pañales.

Harry abrió un cajón de la cómoda.

—Aquí hay de todo lo que Ryan pueda necesitar.

Clare apretó a Ryan contra su pecho con la mano derecha y extendió la izquierda para tocar un suéter.

—Esto es cachemira.

Harry asintió.

—Me gustó porque era muy suave.

Había al menos tres jerséis de cachemira, además de trajes de una pieza de todos los colores imaginables. También había gorro y calcetines de cachemira, camisas de manga larga y de manga corta y pantalones de pana con camisetas a juego.

—Ryan va a ser el bebé mejor vestido de Los Angeles —comentó ella.

—¿Tú crees?

Ella rio.

—Creo que has exagerado. Ahora es muy pequeño, pero más adelante, estas cosas podrían echarlo a perder —miró dentro del armario, donde él había guardado todos los accesorios de bebé imaginables—. Has debido gastarte miles de dólares.

—Él vale hasta el último centavo.

—Pues claro que sí, pero no se trata de eso.

Harry era un buen hombre y, naturalmente, también un buen padre. Ese día, Clare había oído voces y, al mirar por la ventana, había visto a Harry dando un abrazo de despedida a Maggie. Inmediatamente había sentido una ola de resentimiento y envidia. No debería importarle con quién pasara el tiempo Harry. Tenía que controlar sus sentimientos, pues él había dejado claro que quería que los dos fueran solo amigos.

Depositó a Ryan en el centro del colchón, dentro de la cuna y sonrió cuando él movió las piernas como si montara su primera bicicleta.

—Veo que no necesitas la cuna portátil, así que me marcho.

Harry conectó el móvil musical.

—Mira eso. Le gusta.

Clare tragó el nudo que tenía en la garganta.

—Si necesitas algo más, lo encontrarás en la bolsa de los pañales. Ahí está también el número de mi móvil por si tienes algún problema.

Harry la acompañó a la puerta.

—Si me necesitas antes de que me vaya, estaré en casa arreglándome —dijo ella.

—¿Seguro que quieres hacerlo?

—¿El qué?

—Salir con Nate.

Ella sonrió.

—Pues claro que sí. Su foto ha estado en una bolsa de la compra, ¿recuerdas?

—Esa es una razón tonta para salir con un hombre.

—Era broma. Además de eso, es un hombre maravilloso —dijo ella, antes de salir—.

Nate Lerner podría ser el hombre de mi vida.


También es mi hijo  || H.SDonde viven las historias. Descúbrelo ahora