III

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No dejaba de dar vueltas en el reducido espacio que le brindaba la habitación, sus manos ya lo habían despeinado una y otra vez esperando que todo fuera un mal sueño, pero se sentía tan real como el dolor que seguía resguardado en su nuca, el delgado joven estaba recostado en su cama cubriéndose con las mantas hasta su rubia cabellera. Se sentía asustado y encerrado, quería correr, salir y golpear a quien lo había metido a ese lugar, se preguntó cuánto dinero pedirían por su rescate y si su familia podría pagarlo, su cabeza estaba tan ocupado en si mismo que de vez en cuando se olvidaba que no estaba solo. Golpeó por décima vez el gran recipiente con agua que permanecía detrás del sillón, sin duda era la misma agua cristalina que había bebido. Se dejó caer de rodillas chocando su frente contra la mesa, había comenzado a sudar por tan solo caminar en círculos, solo en ese momento se percató del pequeño baño escondido entre los sillones y las cajas rectangulares.

— ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?— le preguntó al rubio que seguía recostado. Un quejido salió de entre las sabanas. Restregó su frente contra la mesa conteniendo las ganas de soltarse en llanto, debía ser fuerte y retener las fuerzas en algo que le fuera útil, lo comprendió despues de estar varios minutos intentando derribar la puerta. —¡Pagare lo que sea si me dejan salir!— gritó para las cámaras, pero una vez mas no hubo respuesta. Porque llevaba vario tiempo gritándoles y amenazando con hostilidad, pero nada le fue respondido.

—Deja de gritar, solo haces que me duela la cabeza— Se quejó el chico con la placa de Woozi, gruñó y aventó con fuerza la mesa en dirección a ambas camas dejando que se golpeara con la pared, el mueble no llegó a romperse por lo que opto en levantarse y empujar el sillón hacia la puerta. —¡Basta! Es por eso que se llevó todo antes de que vinieras— Lo ignoró aun sabiendo que ese chico podría decirle unas cuantas cosas sobre su secuestrador, pero su furia era tal que se concentró más en patear el tambo de agua haciendo que esta se esparciera por el piso. Se acercó a la cama vacía haciendo lo mismo que con la mesa de noche, las sabanas terminaron mojadas en el suelo al igual que el sillón. Respiró hondo al notar que no había mucho que pudiera destruir. —¿terminaste?

Golpeó la pared y recargo la frente en su puño cerrado mordiendo con fuerza su labio inferior, contuvo una vez más su llanto y se concentró en el dolor de su muñeca, había comenzado a molestar despues de haber lanzado el sillón.

—Yo no vine, me trajeron.— Pronuncio en respuesta despues de haber calmado su furia. —Quiero irme. Tengo que salir.

—Cuando estés calmado podremos hablar. Y cuando te des una ducha, hueles horrible— Una mueca se formó en el rostro del más bajo quien regreso a su cama de inmediato, dudó por un momento del chico y su actitud calmada y despreocupada ante estar encerrado, incluso pensó que era una broma pero el hecho de no poder recordar nada lo abrumaba de sobremanera. —Hoshi...— Esta vez. La voz del chico sonó más comprensiva, pero definitivamente no sabía a quién llamaba, porque él no era Hoshi. —Se fuerte, intentar hablar con él en ese estado no sirve.

—No soy Hoshi.— aclaró tratando de regular su agitada respiración, tomó entre sus dedos de nueva cuenta la placa de su collar y trató de verla fallando torpemente, exhalo con fuerza y busco su reflejo en uno de los cuencos metálicos, se veía borroso y distorsionado pero logró leer la placa "Hoshi"

—Ahora lo eres. 

Dog collar. [Seventeen]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora