XI

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Hoshi saboreo cada bocado como si fuera el ultimo, y era normal que lo hiciera, había pasado un día sin comer y moría de hambre incluso cuando despertó, hasta olvidaba el hecho de que comía de un cuenco para una mascota, pero al menos tenia cubiertos, algo que le agradeció a su secuestrador. La comida pasaba por una pequeña abertura en el inferior de la puerta que se abría desde afuera, lo supo cuando notó que él no podía abrirla en uno de sus mil intentos por escapar, asi que, cuando era hora, Jihoon pasaba aquellos cuencos y se le era de vueltos sin contacto directo. Ahora, comiendo sobre la pequeña mesa se sentía mucho más tranquilo y menos cansado, Woozi no era de muchas palabras pero tampoco alguien tan frio como para ser insoportable.

Miró de reojo el cuenco con comida y solitario a su lado; 1004, no quiso preguntar, menos cuando Woozi ya le había prohibido varias veces tocarlo, pero en su mente rondaba la pregunta y su indiscreto rostro mostraba la duda latente.

—¿Cuántas veces al día comemos?— preguntó regresando sus pupilas a Woozi. —¿hay algún postre?

—pídeselo.— pronunció Woozi apuntando a la cámara con tranquilidad, sus manos temblaban un poco, tal vez por el frio. —Si sigues tranquilo lo traerá a la hora de la cena.

Hoshi levantó la mirada y sus ojos se clavaron en la cámara, seguía molesto y con miedo, pero Woozi lo mantenía en un estado entre la cordura y la desesperación que lo hacían mantenerse estable. Con una sonrisa forzada término soltando una risa bastante sincera que llamo la atención del más bajo.

—Seria bueno comer pollo.

Tres comidas al día y dos bocadillos eran suficiente para tenerlos bien alimentados, pero la verdad era la poca ración que recibían a la hora de la comida, o cuando no lo hacían gracias a sus intentos de escapar, porque Hoshi no se quedaría en cautiverio de por vida, y las cámaras lo grababan de manera tan obvia que el castigo de no ser bien alimentado era por la evidente razón, pero estaba bien, así él tenia en cuenta de que despues de todo estaba secuestrado y la persona tras ese delito no era un amigo o alguien que fuera particularmente amable, era un criminal.

Pero lo que mas le causaba curiosidad era el cuenco de 1004, no se atrevía a preguntarle a Woozi ni a las cámaras.

Muchas cosas cruzaban por su cabeza, pero cuando llegó la hora de la cena, todo se hizo más confuso para él; había pollo para cenar. 

Dog collar. [Seventeen]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora