Día cero

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Después de buscar años a mis padres biológicos y no dar con nada al completar los 18 años hable con mis tutores, una cariñosa pareja que se hizo cargo de mí por 12 años, les dije que decidí estudiar y trabajar para poder pagar la universidad. Ellos aceptaron, pero también me ofrecieron su ayuda a pesar de su humilde condición pero les dije que yo podía sola.

Esta pareja me adoptó cuando tenía 6 años y me brindaron todo el cariño y amor que una niña merece, a pesar de no ser mis padres biológicos, Jack y Amber White eran las personas más importantes en mi vida y me dolía el corazón tener que dejarlos para ir a vivir a nueva York dejando nuestra pequeña ciudad en Princeton New Jersey.
Mi sueño siempre fue estudiar Psicología, amo todo lo que tenga que ver con las emociones y el misterio de la mente humana.

El día finalmente llego, mi padre Jack me había conseguido trabajo en una cafetería próxima al piso donde viviría los siguientes 5 años de mi vida, la ubicación quedaba perfecta porque está situada también a pocas calles de las universidades a las que quería ir.

Recuerdo que partí ese día con el corazón apretado y llena de ilusiones, les di el más cálido abrazo a mis padres, y les dije que no los decepcionaría.

Tomé el autobús y cuando finalmente llegué era de día aún y la cantidad de gente en las calles era abrumadora pero inspiradora, unos 10 minutos después ya estaba frente al edificio donde me quedaría a vivir, como era sábado y el trabajo comenzaba el lunes decidí arreglar mis cosas y tomar una ducha para luego salir a recorrer la ciudad, el departamento que podía pagar con mi sueldo era del tamaño de una uva, apenas tenía espacio para lo básico y literalmente era para una persona, quedaba en el 5to piso, las escaleras eran de madera y en forma de O, las puertas eran de color marrón a juego con la madera del piso, en ese momento pensé que era perfecto sin importar el tamaño, al abrir la puerta me encontré con un pequeño espacio donde debería estar un mueble con un televisor tal vez y un sofá, sí, nada más que uno solo como para 3 personas, a la derecha una pequeña cocina con un mueble de color marrón hasta el techo, había espacio para un fogón pequeño, un refrigerador pequeño y un microondas, también tenía un decente lavaplatos, de la pared del costado derecho había una mesa cuadrada pequeña para dos, era más que suficiente para una persona y más cuando está comenzando a emanciparse pensé.

De la minúscula sala a la izquierda, quedaba un pasillo y el que sería mi cuarto, pequeño también como todo en el lugar, mi cabeza daba vueltas al repetir mil veces la palabra pequeño, pequeño, pequeño.
El baño quedaba al final del pasillo y a la derecha la puerta del dormitorio, por suerte al fondo de la sala había una ventana grande con una puerta de vidrio que daba a al pequeño balcón el cual tenía escaleras de incendio con acceso directo a la calle, las paredes eran blancas con zócalos de madera blanca, todo estaba en muy buen estado, el baño era normal, no había mucho que esperar, estaba todo muy limpio, para mi suerte mis padres me hicieron una sorpresa, cuando me fijé en el dormitorio me di cuenta que dejaron un nota, usaron sus ahorros para equipar el departamento con un somier mediano, y la nota la dejaron encima de la cama donde decía:

Querida Emma queremos ser parte de tu nueva vida y brindarte nuestra ayuda así que te compramos este somier y algunas otras cosas que deberán llegarte en la semana. Te queremos, tus padres.

En ese momento comencé a llorar de emoción y de felicidad, de verdad me sentía agradecida por contar con ellos, y no los defraudaría.
Dejé mis lágrimas de lado y guardé la nota en la mesita de noche que hacía juego con el somier, quité los plásticos, los sacudí, alisté la cama para que cuando volviera pudiera simplemente tirarme a dormir, como aún no tenía guardarropa, saqué de las maletas un par de jeans y una blusa limpia, no soy una chica típica coqueta, soy muy simple en cuanto a vestimenta se refiera y me gusta la ropa cómoda, tomé una ducha que me relajó muchísimo, estaba feliz porque los grifos estaban nuevos, me gustan los grifos nuevos.
Una vez lista recuerdo que llame a mis padres y les dije que estaba bien, que había llegado hacía unas dos horas y que saldría a caminar, también les agradecí el regalo.
Para ser sincera no había pensado en dónde dormiría, si no fuera por ellos tendría que dormir en el piso esa noche porque a pesar de llegar durante el día, era tarde para comprar y recibir en el mismo día una cama.
Cuando finalmente salí, iba caminando por las calles con ese frió en el corazón, llena de esperanzas e ilusiones, nerviosa y temerosa de lo que me esperaba.
Las calles estaban más tranquilas en cuanto al bullicio, era primavera, los vientitos que soplaban eran abrazadores, aproveche y fui a comer un sándwich en un restaurante de slow food de la zona, no recuerdo haberme quedado mucho tiempo fuera pues estaba cansada.
El día siguiente me la pasé pensando en dónde compraría las cosas que me faltaban, hablé con mi madre y me dijo que con sus ahorros me compraron absolutamente todo lo que el departamento necesitaba y que me quedara tranquila, no hice mucho, tampoco salí del departamento, pedí comida por delivery, y aproveché para leer e investigar sobre las universidades cercanas y a la que yo quería ir.
Me dormí temprano porque debería trabajar al día siguiente, antes de dormir le eché un vistazo a facebook y otras redes, no había mucho que ver, después de pocos minutos me quedé profundamente dormida.
Desperté ilusionada sin saber que sería el primer día de la pesadilla más terrorífica de mi vida en la cual yo no tendría voz.

Me alisté, el uniforme ya lo había encargado antes y era nada más que  un jeans azul con la camiseta beige y letras marrones del Shames Coffee & Co.
Resultó ser que Shames significa Sol en árabe, lo cual me gustaba, traté de poner un poco de maquillaje a mi rostro pálido, como soy una chica flaca, de estatura media, cabello rubio y ojos azules, el no tomar sol se refleja en mi rostro, así que podría decirse que soy transparente.
Ese día creí que era el mejor día de mi vida, todo comenzaba de cero, el trabajo era muy fácil, me tocó el de mesera y para mí cualquier trabajo es digno, cabe mencionar que soy amante del café y todo lo que tenga que ver con café para mí esta bien, amo su olor, su sabor y estar 8 horas bajo su delicioso aroma era más bien un premio, como si estuviera dentro de otro mundo, una cafetería inspira todo en esta vida y el primer día fue genial, pude ver todo tipo de personas, escritores, dibujantes, lectores y parejas, todos ellos tenían algo en común; a pesar de estar en medio de un break o con poco tiempo, todos al tener su café en manos, tenían una mirada de ilusión como si el café les dijera con su aroma que hay un mundo por descubrir allá afuera o bien aquí dentro, para inspirarse y dejarse llevar, sea escritor, dibujante, parejas que se olvidan que el mundo existe, son solo ellos y su café, el lector simplemente dejaba percibir en su rostro cómo hacía vagar su imaginación cada vez que se consentraba en leer y hacía una pausa para analizar lo que leía, el dibujante retrataba a una hermosa señorita pelirroja con risos largos que tomaba un milshake típico de la casa, el capuccino frozen, el día estaba cálido como para tomarse la libertad de escoger entre tomar algo frío o algo caliente sin tomar en cuenta la temperatura del cuerpo.
El escritor tomaba un sorbo de su café y luego continuaba un párrafo nuevo, sentía que estaba en mi mundo, en ese mundo raro e incomprendido de la humanidad que simplemente disfruta de la vida tal y como es, como nos toca vivir, y con eso somos felices y agradecidos.

Acto Fallido (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora