Solía ver en las películas que luego de hacer el amor las parejas se quedan en la cama, la mujer siempre con la cabeza apoyada en el pecho del hombre y las piernas de ambos entrelazadas mientras él le acaricia la pierna y ella el pecho, bueno eso no me pasó...
Después de ese abrazo post sexo Albert salió de mi interior, se incorporó en la cama quedándose de rodillas, miró hacia abajo y abrió los ojos como platos e inmediatamente corrió hacia el baño, me quedé de piedra intentando saber qué fue lo que pasó pero le di su espacio, no entendía si hice algo mal pero decidí esperar, mientras lo esperaba sentada abrazándome las piernas algo me llamó la atención, había perdido la virginidad y sin embargo no había sangrado, no había rastros de sangre ni en la cama ni en mi cuerpo, hasta me palpé ahí en mis partes íntimas pero nada, me quedé pensando en ello y lo dejé para investigar luego, debe de haber casos especiales no? Albert me quitó de mi lucubración al abrir la puerta del baño, ya había suavizado su expresión, lo noté más tranquilo, lo miré avergonzada y él me regaló una hermosa sonrisa la cual me tranquilizó por un instante hasta que sin entender su semblante pasó de tranquilo a uno más serio, me miró a los ojos y se dirigió directo hacia dónde yo estaba, se sentó a mi lado y acariciándome las rodillas soltó un suspiro largo y me dijo algo que me dejó helada.
- Tengo que decirte algo.
- Qué pasa?
- No quiero que te alarmes pero el preservativo se rompió.
- Que! *Olvide decir que seguía completamente desnudo como dios lo trajo al mundo con esos oblicuos perfectamente marcados hasta la pelvis invitando a cometer todo tipo de pecados.
Mi Super Yo un poco confundida entre la imagen de Albert desnudo y lo que había dicho presionó el botón rojo de la alarma mental, me quedé dura como una roca.
- Tranquila nada más fue en la parte de arriba, pero tu tomas alguna píldora anticonceptiva?
Mi Super Yo nuevamente mostró su cara ofendida y se quedó mirando a Albert como si este fuera un idiota. *Pobre Albert, es tan bueno que parece de mentira.
- Albert acabé de tener mi primera vez, cómo crees que estaría tomándola?
Dios! Entré en corto circuito, y si me embarazaba? Qué triste embarazarse al primer tiro no? Tomó de mi barbilla para obligarme a que lo mire.
- No lo sé, lo dije porque hay muchas mujeres que la toman sin tener relaciones, por regular hormonas por ejemplo, pero tranquila mañana puedes tomar la pastilla del día siguiente, vale? En hora buena hay solución!
Mi Ello que seguía babeando por los oblicuos de Albert salió de su estado de embobamiento junto con las otras dos que estaban histéricas y nos relajamos al escuchar la bendita solución, no sé cómo se me había olvidado que existía esa píldora, nos habían hablando de ella en el instituto, soy una estúpida como dice Damien.
- Bueno entonces no hay de qué preocuparse no?
- No, ahora mismo pediré que me la traigan.
- Albert son casi las tres de la mañana.
No pude evitar poner los ojos en blanco, había olvidado quién era Albert, tal vez su familia sea dueña de farmacias, mejor dicho de laboratorios.
- Emma estamos en el siglo veintiuno y en la era digital, las farmacias abren las veinticuatro horas y utilizando una aplicación pides lo que quieras por delivery.
- Entonces no eres dueño de una farmacia?
Albert dio una carcajada mientras seguía tecleando la pantalla de su móvil.
- No amor, no es nuestro rubro.
Me sentí una idiota odio que se rían de mí y más cuándo se trata de algo que no tengo conocimiento, mismo si no lo hacen de forma intencional no me gustaba la sensación, pero no iba yo a reclamarle eso al pobre Albert, sabía que no lo estaba haciendo a posta.
Un momento, mi Super Yo se encontraba mirando la puesta del sol llena de ilusiones mientras que mi Ello escribía súper inspirada unas cuantas cartas de amor a la par que mi Yo las leía emocionada, Albert me había llamado "amor", no sé que sentí pero algo raro sacudió mi corazón al escucharle decir eso, el único problema es que soy una especie de reacción tardía andante.
Por nada del mundo me iba a perder de tener el bendito abrazo y dormir en su hermoso pecho así que se lo reclamé.
- Esta es la parte en la que me abrazas, coloco mi cabeza en tu pecho y me acaricias hasta dormir?
Automáticamente dejó su móvil de lado y lo depositó en la mesita de noche, sonrió ampliamente y nos acurrucamos en la cama, y así como en las novelas y películas, deposite mi cabeza en su pecho y lo acariciaba al mismo tiempo que nuestras piernas se entrelazaron y Albert acariciaba mi muslo, de vez en cuando olía mis cabellos, había usado mi champú nuevo con olor a miel, lo había estrenado pensando en Mike, Dios! Mike, Mike, Mike.
Una bofetada de Mi Super Yo me devolvió a la realidad, esa que ya había cambiado por completo hacia unas horas, en ese momento mi realidad era Albert y Mike tenía que quedarse en el pasado, así que acaricié esos benditos abdominales y me perdí en ellos.
- Vayamos a Las Vegas este fin de semana.
Asentí soñolienta aún pegada a su pecho, pasaron unos minutos hasta que me sumí en un profundo sueño, esa noche tuve pesadillas, soñé con Mike, él y Eleonor juntos en su cama riéndose de mí, fue horrible como dice Derbez.
Abrí los ojos y solo habían pasado tres horas, Albert dormía cómo quién diría un bebé, estaba abrazado a mí, su respiración era lenta y silenciosa, no cabía duda que era un ángel, me quedé mirando al techo por unos minutos, las emociones estaban que no cabían en mi pecho, unas de alegría y otras de completa miseria, a partir de esa noche todo cambiaría, mis planes ya no serían los mismos, el sol comenzó a hacer acto de presencia encandilándome por unos segundos hasta que Albert abrió los ojos y presionó un botón de los que se encontraba en la cabecera de la cama y todas las cortinas se cerraron, volvimos a quedarnos a oscuras, nos pusimos en posición cuchara y me abrazó mientras me susurró al oído lo que me permitió dormir por más unas cuantas horas, con su voz tan varonil que provocó que se me erizara toda la piel.
- No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
- Quién lo dice?
- Mario Benedetti.
- En este caso el sol no se escondió, tu lo has tapado.
Los dos soltamos una risita cómplice y volvimos a cerrar los ojos, agradecí haber soñado nada después, como si mi cerebro se hubiese apagado por completo.
Al día siguiente tomé la pastilla y me quedé mas tranquila pero quería estar en mi departamento así que Albert me llevó a casa, no pude comer nada, había jurado alimentarme pero ese día fue imposible, creo que nada más tome agua, a parte de las náuseas comencé a sentir un nuevo sintoma de algo que desconocía, una debilidad extrema, me temblaban los brazos, las piernas y aún así no me importó y continué con mi desdicha, ese día había perdido las ganas por completo, mi esperanza era que la noche llegará y me trajera un mejor día, chequeaba mi móvil cada cinco minutos como una idiota, esa era la realidad a a cual me enfrentaría, la de intentar arrancarle a Mike de mi alma y sin Albert a mi lado todo era más difícil, no había ni llamadas ni mensajes, no sé qué pretendía, mi cabeza estaba hecha un desmadre con todo lo que sentía era demasiado para mí.
Me preguntaba una y otra vez si se puede querer a dos al mismo tiempo? No quisiera que me juzguen, hasta yo misma no entiendo cómo pasaron todas estas cosas, estaba segura de Albert y de haberme entregado a él pero cómo podría continuar teniéndole a Mike en mi cabeza todo el tiempo? No quería ilusionar a Albert y luego romperle el corazón, sería yo capaz de hacer eso? Un llanto ensordecedor inundó mi cama, lloré hasta lo que no llore por mis padres, lloré por lo único que nos hace sentir de esa manera; el desamor, lloré días escondida en el baño, lloré noches sin dormir, lloré en silencio frente a los demás, lloré mientras caminaba por las calles, hasta que ya no habían lágrimas. De alguna manera idiota esperaba a que Mike me buscara, que me pidiera perdón, pero no hubo ninguna señal, desapareció una vez más por completo, tampoco vi a Albert en esos días le había pedido espacio pero el tiempo es inevitable y el día del bendito viaje llegó, los días habían pasado como quien parpadea dos veces, aún no había hablado con Damien, en el trabajo moría de la vergüenza, no podía ocultarlo, Damien intentó interrogarme varias veces sin éxito, conseguí escaparme todas las veces pero en este viaje lo dudaba.
Ese viernes me dispuse a desayunar bien incluso si las náuseas me atacaran de nuevo, tuve un hambre voraz, me desperté muy temprano, preparé panqueques, sumo de naranja, me comí tres porciones de frutas y café con leche, jamas había comido tanto y me alegré de no sentir náuseas, me sentí mucho mejor después de comer.
Puntual estaba Albert esperándome frente a mi piso, apoyado sobre su automóvil con una camiseta color rosa bebe, medio matte y rasgada, Albert parecia haber salido de la guerra todo el tiempo con sus ropas rasgadas, como si los agujeros de su ropa fueran producto de las balas recibidas, o mejor parecía un rockstar quién ha sufrido un ataque por sus fans enloquecidas y le han rasgado la ropa, sus jeans de color gris le quedaban de muerte, baje de inmediato y me alegré tanto de verlo, ni siquiera supe porque le había pedido no vernos, me hacía tanto bien, sonrío de oreja a oreja al verme y no pude evitarlo, salté a sus brazos, le abracé y cerré los ojos con fuerza, lo necesitaba, enterré mi rostro en su cuello, sentí su perfume el cual me transportó no sé a qué dimensión pero con seguridad era una sensación magnífica, por fin me sentía feliz después de esos días torturadores, lo miré fijo a los ojos, dios que ojos hermosos!
Suspiré tan fuerte como pude y lo besé con desesperación, apenas lo dejé respirar y él me correspondió, sus manos me sostenían por las caderas, cuando terminé de comerle la boca me depositó en el piso, se pasó dos dedos por los labios y con una mirada de circunstancias me señaló con las cejas para que mirara hacia atrás donde Damien, Thomie y Bridget nos miraban con la boca abierta.
Damien - Chiquitos no comáis así frente a los pobres!
Bridget - Oye guapa tu no pierdes tiempo ah!
Thomie - Lo siento pero no pude evitar fotografiarlos.
Mis personajes estaban una chocándose la cabeza contra la otra, estábamos en una mezcla de emociones, vergüenza junto con ofensa, no sabía a quién responder primero, me quedé completamente en blanco, con la mente en blanco porque las mejillas las tenía a viva sangre.
Albert - Subamos al automóvil chicos o llegaremos tarde.
Damien rodeó a Albert mirándolo de costado y no pudo evitar tocarle el hombro a lo que Albert se quedó mirando sin entender mientras Damien se soplaba con las manos como si tuviera calor.
- Vaya que eres guapo eh! Sabes ese Mike no me agradaba tanto, pero tu. * Hizo un garabato con el dedo indice y dejo la frase si terminar.
- Tu me agradas.
Albert sonrió complacido, ya sabía cuanto quería a Damien y que él le diera el visto bueno significaba mucho.
- Tu también me agradas, ahora entra al automóvil!
- No se enoje caballero de la noche, bebe de la casa!
Fulminé a Damien con la mirada, alcé las manos y las dejé suspendidas en la altura de mi pecho preguntándole con mímicas, qué había tomado hoy? Estaba muy atrevida mi oveja rosa.
Albert al ver que nadie subía nos fue arrastrando, Bridget soltaba bufidos mientras mascaba su goma de mascar sabor a zorra, Thomie seguía con la cara de niño feliz, no entiendo como podía estar tan tranquilo siempre, no se estresaba jamás por nada, qué envidia!
El jet de Albert era precioso, todo un lujo, los chicos tardaron más de diez minutos en cerrar la boca por la sorpresa.
- Emma tu escoges, El caesar o el excalibur?
- De qué hablas Albert?
- De los hoteles amor!
Abrí los ojos como búho, me había vuelto a llamar de amor, Damien como siempre comenzó a hacer gestos obsenos.
Sonreí muy nerviosa a lo que Albert se percató y me tomó de la cintura para que me relajara, llevaba puesto un jeans y su mano fue a parar debajo de mi blusa, definitivamente sus caricias me tranquilizaron de ese momento incomodo, porque yo aún no podía llamarlo de amor, y los chicos no paraban de hacerme gestos.
- Albert no conozco esos hoteles, cómo podría elegir?
- Solo elige amor! Amor! Amor!
Acercó su nariz a la mía y comenzó a frotarla en mi rostro, sonriendo y haciéndome cosquillas.
- Acostúmbrate, eres mi amor, eres mía ahora.
- Basta! Por favor.
Comencé a dar carcajadas, las cosquillas eran torturadoras.
- El excalibur, el excalibur!
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Acto Fallido (Terminada)
RomanceNueva York la ciudad de las ilusiones, te imaginas? de pronto llega él, con sus ojos azules y el cabello alborotado, peligroso e intenso, despierta todas mis emociones y me deja sin sueño, así es él, misterioso y sexy. Un depredador en busca de su p...
