Ciudad del pecado

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La suite que Albert había reservado para nosotros resultó ser una especie de apartamento dentro del hotel llamado Nobu Villa, contaba con tres dormitorios, uno para Thomie y Damien, otro para Bridget y uno para nosotros dos, creí que nos quedaríamos en habitaciones comunes pero esto era algo demasiado diferente, los chicos no dejaban de babear, estuvieron todo el tiempo mirando con la boca abierta, la suite era más que exclusiva porque es la única villa de la azotea del hotel, el diseño era bastante moderno, me percaté que la inspiración para la decoración era japonesa por las típicas flores de los jardines de Japón, el aroma que inundaba era de limón y jengibre, me sentí nuevamente en un mundo distinto y de hecho que lo estaba, aquello no era para nada lo que me había esperado ni vivido jamás pero lo era para Albert, era parte de su día a día y no era de esperarse que nos llevara a un hostal pero tampoco imaginaba todo un palacio.
La cubierta del cielo nos ofrecía vistas despejadas, pero lo más relajante era el  jardín zen privado con una bañera de hidromasaje de fabricación italiana, si se preguntan cómo lo describo de esta manera es porque tuve que googlear para saber mejor, algo tan exquisito y bello no podía solamente disfrutarse, había que aprender de ello, deberíamos de aprender de todo.
El dormitorio principal también ofrece una entrada privada al jardín zen lo cual me llenó de alegría por si no conseguía dormir podía salir a despejarme allí y más aún después de los tres mensajes de Mike y dos llamadas suyas las cuales ignore con todo el dolor de mi alma y con una fuerza de voluntad que no os imagináis porque moría por escuchar su voz o responderle el maldito mensaje diciéndole que si, que si quiero escuchar sus explicaciones, mi Super Yo ofendida me propinó una bofetada olímpica y antes de retirarse me dijo que seré muy estúpida. *Auch! Eso dolió...
Me encontré a mi misma con la mano apoyada en la mejilla izquierda masajeandola como si la bofetada hubiera sido real y de verdad doliera, a veces consigo meterme tanto en mis pensamientos que hasta mi cuerpo reacciona a mis pensamientos involuntariamente moviéndose como lo estoy imaginando, debería cambiar eso o la gente creerá que estoy loca.
Mi Ello - Es que si me piensas y me escuchas es porque estas loca!
Fulminé mentalmente a mi Ello por tratarnos así a todas, es que ella era la única a la cual no le importaba la locura.
Los colores del Nobu Villa eran en tonos color café con leche en los pisos y en los muebles pasaban de marrones a beiges, las flores de albaricoque le daban ese toque japonés único junto con las de sakura, contábamos con minibar, cocina y todo lo necesario, el lugar estaba más que completo, no me imaginaba cuanto dinero debería costar esa suite.
Esa noche Damien sería el anfitrión, lo único que le importaba era visitar el bar gay más popular de la ciudad del pecado como él la llamaba, nos había dicho que nos pusiéramos bien perras, aún seguía sin entender aquello pero todos fuimos a descansar un rato para luego vestirnos, de verdad todos dormimos un rato.
Albert se había puesto una camiseta azul marino ajustada a su esculpido cuerpo, ese tono azul dejaba sus ojos de un color celeste, un celeste más oscuro de lo normal, profundo si se puede llamarlo así; puesto que si le miraba fijamente parecía como siempre lo digo; el fondo del mar, esta vez tan profundo como los cinco océanos juntos, había algo en su mirada que no conseguía comprender, me inspiraba tranquilidad, pero al mismo tiempo había algo extraño, algo oscuro.
Albert era la mismísima figura de un ángel pero no sé porqué pero su mirada invitaba a hacer cosas peligrosas, esa noche llegó a ponerme muy nerviosa en varias ocasiones, no paraba de mirarme y yo solo pensaba en qué pasaría después de la fiesta, ese Albert con el perfume tentador estaba planeando comerme viva, mi Ello estaba con los ojos abiertos como platos por el shock de saber lo que nos esperaba, acostada en la cama mirando al techo sin mover un solo músculo, ni siquiera ningún músculo de los ojos.
Llevaba puesto un jeans celeste claro, su reloj de color plata resaltaba en su muñeca izquierda, su pelo iba atado en un pequeño rodete flojo, su barba crecida le daba un toque de chico travieso, yo opté por un vestido de lentejuelas que Albert me había regalado ese día y pedido que lo usara, estaba divino los tonos eran de negro con verdes eléctricos, lo combiné con unas medias negras y unos tacones anchos, me puse maquillaje y los labios de color morado, Albert estaba que babeaba al verme, el vestido era corto pero muy bonito, el escote en la espalda era simplemente maravilloso, resaltaba mis curvas y las mangas en tres cuartos ocultaban mis delgados brazos lo cual agradecí para mis adentros.
Salimos del cuarto y nos encontramos en el lobby, me sentí muy extraña al ir tomada de la mano de Albert todo el tiempo, este parecía ir marcando territorio a medida que el tiempo transcurría, nada de eso me incomodó nada más me sentía diferente, extraña.
Guardé mi móvil en el pequeño bolso que también fue regalo de Albert, tendría que pararle con los regalos porque me dejaban muy incomoda, estuvo horas convenciéndome para que aceptara los regalos.
Bridget iba vestida con un vestido super corto, en gris con negro, el diseño era un estampado en pied de poule, medias negras y unas botas negras hasta las rodillas, estaba despampanante, sus labios estaban pintados en un rojo sangre y llevaba el pelo liso, con el brillo de su naranja encandilando a todos, sus nalgas resaltaban bajo el bolado de su vestido.
Thomie y Damien iban vestidos iguales lo cual me pareció super chistoso, jeans negros, camiseta blanca con el diseño del logo de nirvana y la foto de Kurt Cobain sosteniendo su guitarra y dos alas suspendidas de su espalda, lentes de sol con forma de corazón para Thomie y estrellas para Damien, solo ellos podían estar así de disfrazados y bonitos a la vez, porque mis dos amigos son muy guapos, dos rubios divinas como solo ellas podían serlo.
Damien insistió tanto en que camináramos y así lo hicimos, el bar quedaba a diez minutos caminando, fuimos hablando de lo más alegres, recuerdo estar muy tranquila y agradecida por no tener a Mike perturbándome en la mente, cuando llegamos nos encontramos con una pequeña fila y un grupo de gente bebiendo fuera del local, era bastante pequeño por lo que se veía desde afuera, se notaba desde la entrada que tenía dos pisos uno de ellos como subsuelo, toda la discobar podía verse desde afuera por ser completamente vidrio lo único que separaba el interior del exterior, en la entraba había un señor muy alto y flaco de piel marrón oscuro y brillante, vestido con traje y camisa negra, en sus manos portaba un aparato extraño que lo pasaba al rededor del cuerpo de quién fuera a entrar.
Mientras esperábamos a que el guardia terminase con unas dos personas que estaban por entrar uno de los muchachos muy buen vestidos que estaba sentado afuera hizo un comentario acerca de mi bolso.
- Tu bolso, es precioso!
- Gracias!
- No seas modesta niña es una Gucci. *Puso los ojos en blanco para luego reírse, era obvio, el muchacho era una loca como Damien le llamaría.
Le dediqué una sonrisa para no quedar como tonta porque no sabía qué responder, sabía que el bolso era Gucci, conocía la marca pero no tenía idea de cuanto podía costar como para que se me quedasen mirando, resultó ser que el vestido era Versace y los tacones de Jimmy Choo.
Por dentro el lugar estaba bastante tranquilo, muchos gays obviamente, la decoración tenía tonos en rojo, el nombre del bar era bastante peculiar Mots, significa palabra en francés.
Bridget al notar que no había nadie con quién coquetear estaba que hechaba chispas, Damien y Thomie fueron a bailar en el centro de la pista, jamás los vi tan animados, en el lugar no había mesas ni pubs, todos debían estar de pie, nada más habían unos cuantos taburetes, recuerdo haberme quedado completamente deslumbrada con la belleza de una drag queen, hasta le pedí quitarse una foto conmigo, era hermosa y jamás supe quién era, no se lo pregunté, compartíamos el mismo labial morado pero ella iba vestida de blanco, rubia con los dientes blancos y perfectos, sus pestañas resaltaban sobre sus hermosos ojos azules, la perdí entre la multitud.
Dos horas después todas las luces se apagaron y comenzamos a escuchar unos gritos desesperados pero de júbilo, como si estuviera por salir Lady Gaga al escenario y de una de las paredes del otro lado de donde nos encontrábamos, las luces se encendieron dentro de una especie de cabina que resultó ser una ducha, dentro apareció un hombre muy musculoso, alto con el pelo castaño oscuro, tal vez negro, de piel blanca, sus músculos eran bastante grandes y muy marcados a cada centímetro de su cuerpo, tanto Bridget como yo nos quedamos boquiabiertas, el joven era realmente muy, muy guapo, y eso que nada más lo veía desde una distancia de cinco a siete metros.
Bridget me tomó del brazo y me pidió que la acompañara frente al vidrio que lo separaba de la multitud que se había formado a su frente y que gritaban que se quitara el boxer, era lo único que llevaba puesto, iba poniéndose jabón en líquido por todo el cuerpo y pasándose agua, hacía todo tipo de gestos muy sexis.
Me negué a air pero ella me fue arrastrando y juró que me odiaría si no la acompañaba, así que accedí, miré a Albert y este nada más sonrió aceptando la situación.
Cuando llegamos frente a él los chicos gays nos miraron con cara de pocos amigos, Bridget me obligó a quitarle dos fotos al hombre, sus ojos eran de un color avellana preciosos, con la luz brillaba un mostaza en ellos, tal vez un tono miel también.
Estaba concentrado en lo que hacía mientras mi amiga lo miraba y admiraba como quien esta frente a un dios y ese hombre parecía un dios de dioses, Bridget lo observaba con la cara mas estúpida que le haya visto, sonreía, babeaba, y el hombre tenía el pene erecto, me sentía tan incomoda en esa situación y más aun cuando se quitó los boxers y se dejo ver como él mismo se trajo al mundo porque como os dije, era un dios de dioses.
Mientras la gente enloquecía procure no fijarme en su miembro asi que me fije mejor y analicé su rostro, sería joven de entre veinte y dos a veinte y cinco años como máximo, su corte de pelo era algo peculiar lo que me dejó predecir su edad rapado en los costados y en el centro completamente parado a punta de gel, no pude evitar observar sus hermosas manos, había algo en las manos masculinas que me atraían, su nariz respingada perfecta se ajustaba a su rostro, sus labios carnosos del tamaño perfecto y de color rosa.
De repente decidió mirar hacia dónde estábamos las dos y los pelos se me pusieron de punta, y decidió mirar y sonreírle a mi amiga, esta por poco y se le cae la baba, apretó mi brazo con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en mi piel, dolieron un montón, así que esta se acercó más.

Acto Fallido (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora