Shames y & Co. mi cafeteria favorita

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El poco tiempo que me quedaba para la hora de salida paso volando y por un momento me olvide por completo de aquel hombre que me dejó con la intriga, me quedé un rato más para seguir aprendiendo sobre mi trabajo y mis deberes y de las personas que me tocó como compañeros, la cafetería abría de 7am a 6pm que sería hasta la hora de la merienda, supuse porque pasando esa hora ya no había mucha gente, a mí me toco menos horas por ser estudiante y Marcus considera esas 3 horas a los que estudian para tener tiempo de asistir a clases, y como en esas ultimas 3 horas ya no hay mucha gente los demás se las arreglan bien, aunque mencionó que necesitaba dos meseros más para cubrir las horas pico.
Aprendí como limpiar las mesas, como anotar y entregar los pedidos, hasta me enseñaron como preparar algunos batidos rápidos si es que en alguna oportunidad necesitaran de mi ayuda, imagine que sería en los días que la cafetería estuviera repleta, eramos en total 3 meseros, y un encargado de preparar los pedidos de café y otros, Damien de Leon, el chico más divertido que puedas imaginar, guapo, pero muy joven para mi gusto a pesar que era 4 años mayor que yo, me dijo que estudiaba leyes y que tenia 22 años, llevaba trabajando un año en la cafetería, era alto rubio de ojos verdes, Erin Meyer, una señora de unos 40 y pocos años con el rostro cansado, era hermosa y alta, parecía de los años 50, piel blanca y cabello negro largo hasta  las caderas y ojos marrones, llevaba más de 10 años en la cafetería, no queria ser mala pero su actitud demostraba frustración, Damien me contó que también vino a Nueva York queriendo convertirse en modelo, pero que se enamoró, quedo embarazada y todas sus ilusiones de ser famosa se desvanecieron, hoy día esta casada y tiene dos hijos, recuerdo que Damien me dijo: Nueva York es la ciudad de los soñadores pero la mayoria se pierde en el camino con el minimo error y el primero de todos es enamorarse.
Fueron palabras desanimantes, pero eso no me quitó las esperanzas que tenía de volver a mi ciudad con un título en mano y ver los rostros orgullosos de mis padres, me hacía mucha ilusión.
Pablo Ramirez, el ultimo de los que trabajabamos fuera de la cocina era inmigrante de Cuba, no hablaba ni se mezclaba mucho porque su trabajo era preparar los pedidos de la cafetería, y eso lo dejaba sin tiempo, en su break Marcus ocupaba su lugar o algún otro que estuviera libre, era muy educado, su piel tostada hacía resaltar sus ojos color miel, no era muy alto y era calvo, recuerdo que pronunciaba algunas palabras de forma muy chistosa, no es que quiera burlarme solo que era extraño, por más curioso que parezca jamás había tenido el placer de conocer a un cubano/a, mientras tuvimos oportunidad me dijo que trabajaba hace 3 años, que la cafetería le encantaba y que era muy feliz trabajando allí.
Marcus Oliver, mi jefe, estaba como encargado de la cafetería desde que se inauguró hacía 20 años, la cafetería pertenecia a una empresa de alimentos que según investigue era de Marroquíes, por eso el nombre era Shames, Marcus era corpulento, debería tener unos 50 años, cabello castaño, ojos marrones y la piel blanca, también se encargaba de la caja.
Marcus era amigo de mi padre en la época que trabajaron juntos en una fábrica de productos enlatados hacía 30 años, gracias a él mi padre pudo conseguirme rápido este trabajo, y le estaba muy agradecida, tenía para con todos una mirada paternal, se lo veía muy bueno y respetuoso, los demás me dijeron que es la persona más amable y atenta que hayan conocido, ejemplar por su dedicación y esmero con el local, estaba casado con tres hijos a los cuales se notaba que amaba demasiado pues no paraba de hablar de ellos.
Sólo eramos los 5 fuera de la cocina porque habían otros 5 dentro de ella, preparando todo lo rico que la cafetería ofrecía, no tuve en ese día la oportunidad de conocerlos pues el deber llamaba y después habría tiempo, solo vi a tres mujeres y dos hombres, una de ellas una señora de tal vez 40 años de piel oscura, creo que fue nada más un momento cuando la puerta de la cocina se abrió, pero me percate que tenía la piel más reluciente y hermosa que vi en mi vida, su color era indescriptible, como dorado y tostado, al mismo tiempo de ser marrón, a pesar de llevar un protector en la cabeza tuve la oportunidad de apreciar sus hermosos risos castaños con toques dorados en las puntas.
La cafetería no era muy grande y creo que ese era su charme, el hecho de ser pequeña, con estilo vintage y estar situada en la esquina, y por esa razón no había muchos empleados, pero era muy famosa contaba con varias sucursales y todas con el mismo prototipo, para no perder su encanto.
Los detalles eran de color marrón en las maderas, últimamente en esos días la madera y el color marrón me perseguían, lo veía por donde iba, la pintura marrón tenía por encima detalles en verde bebé, o verde pastel, y de las paredes colgaban miles de cuadritos y fotografías al estilo vintage, placas de automóviles antiguas como decoración, en las esquinas habían, relojes, radios y teléfonos antiguos, las mesas y sillas eran recicladas de color banco, algunas redondas y otras cuadradas, también con sillas diferentes, incluso había una mesa con sillas tipo sofás con un diseño característico de épocas antiguas, floral y colorido, las mesas contaban con vidrio de protección por encima, y la gente acostumbraba a escribir y dibujar todo tipo de cosas en las servilletas, y las dejaban bajo el vidrio, razón por la cual las servilletas de papel se acaban muy rápido.
La cafetería era única porque ofrecía a los clientes en todo aspecto que disfrutasen al máximo su momento estando dentro, para los que no llevaban su propio pasatiempo, contaba con miles de diseños en papeles ecológicos que se podia recoger en la entrada y lápices de colores para colorearlos, que si bien es un hábito infantil, es uno de los mejores desestresantes que conozco, y muchos de los comensales optaban por pintar para luego colgarlos con pinzas y tendedero de ropas que se situaba en el pasillo en el lado izquierdo, del lado derecho había un estante con todo tipo de libros para quien quisiera leer y al fondo quedaba el baño.
Arriba del mostrador así como en una de las paredes había pizarrones hechos de pintura sobre la pared de color verde militar, dónde todos los días escribían frases alentadoras e inspiradoras, la de ese dia era:  " A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo" Jean de la Fontaine.
No sé porque esa frase se quedó en mi mente por mucho rato sin comprenderla, como si me dijera con esa sensación rara en el pecho que todo ese día marcaría por siempre el rumbo de mi vida. El otro pizarron estaba repleto de todo tipo de mensajes y dibujos hechos por los clientes, todo hecho con tizas, mensajes de lucha, de amor, dibujos de animales con la frase de GO VEGAN, o "Ellos son nuestros amigos no nuestros alimentos".
Había uno en el baño también, dónde  los chicos dejaban mensajes de amor entre otras tantas cosas graciosas, como: "Paul siempre te amaré, Llamame este es mi número me encanta conocer gente". Definitivamente este lugar tenía como objetivo hacer que las personas se sientan comodas y se expresen como son, y puedan salir de la carcel de los acontecimientos sofocantes y monótonos de la vida.
Soy muy detallista, me parece que la gracia y desgracia de todo están en los pequeños detalles que la mayoria no sabe apreciar, solo pensaba que ese día fue exelente a pesar que no sabía lo que me esperaba, no tenía ni una pizca de idea que mi ángel se convertiria en mi demonio favorito.

Acto Fallido (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora