Albert Wessex II

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Damien -Emma, parece un ángel.
-Tiene la voz de un ángel, y estoy completamente confusa.
Albert terminó la canción llamándome al escenario, por supuesto me recusé pero Thomie y Damien me empujaron para que vaya a su encuentro, estaba claro, ya estaba perdida en medio de dos caminos inciertos, Dónde estas Mike? Pensaba, necesitaba verlo, saber que todavía sigue siendo el dueño de toda mi alma.
Thomie -Ve Emma, no seas tonta!
Albert -Ven aquí preciosa!
Tomó de mi mano y me ayudó a subir, me agarró de la cintura y di un respingo, qué demonios hacía allí? Sonreía como una idiota, Albert me miraba y me comía con los ojos, madre mía!
Albert -Os presento a mi musa.
Damien y Thomie aplaudían como locas, Bridget, Bridget estaba besuqueándose en una esquina, ya se había olvidado de Albert, tapaba mi rostro con las manos, moría de vergüenza, Albert alzó la mano y saludó al publico, agradecí al cielo por bajarnos de allí en ese momento.
-Hola Emma.
-Hola. *Dije tímidamente.
-Te gusto?
-Claro! Es una de mis canciones favoritas, Pero qué fue eso?
-Eso qué?
-La dedicatoria, apenas me conoces.
-Es inevitable para un romántico empedernido no hacerlo, me encanta cantar y bueno, te ví allí sentada con tus amigos cubierta de flores, qué esperabas?
-No verte aquí supongo.
-Eso quiere decir que no te agrada mi presencia?
-Claro que no, no fue eso, no esperaba verte aquí, estoy sorprendida nada más, vienes aquí seguido?
-Sí, cada vez que puedo, te invito un trago? Siéntate conmigo por favor. *Puso las manos en señal de oración y no pude negarme, Albert era demasiado irresistible, sentía una paz enorme al estar junto a él, hasta me olvidaba de Mike.
Damien aplaudía y Thomie daba saltitos, estaba claro que les encantaba Albert, nos dirigimos a una esquina, una mesa para dos, nos sentamos uno a lado de otro, Albert pidió al camarero algo de beber, yo le pedí agua nada más.
-No bebes?
-No, y aún no tengo edad oficial.
-Cuantos años tienes?
-Diez y ocho y tú?
-Veite y seis.
-Casi!
-Cómo?
-Supuse que tendrías veinte y cinco. *Sonreí y él me devolvió el gesto.
-Pues casi, casi, acabé de cumplirlos.
-Cuándo?
-Abril once.
-Estamos en abril doce, felicidades! Entonces ayer fue tu cumpleaños!
-Así es señorita.
-Cuéntame más de ti.
-Soy hijo de Gustav Wessex, mi padre es dueño de Wessex enterprises, manejamos un montón de entidades entre ellas automóviles, canales de televisión, incluso poseemos la mayor editorial del mundo, y la lista sigue, pero no quiero impresionarte, la sinceridad es parte de mi filosofía, no me gusta mucho ser parte de las empresas de mi padre pero lo ayudo, soy hijo único y me dedicó en mayor parte a enseñar en una universidad de en Londres.
-Eres profesor después de todo?
-Sí.
-Y qué enseñas?
-Historia, me apasiona, cuéntame tu, quién es Emma White?
-Una simple chica de New Jersey, soy adoptada y huérfana, vine aquí a trabajar y estudiar, nada más que contar.
-Diez y ocho años de vida no lo puedes resumir en veinte palabras.
-Las contaste?
-Los números son mi fuerte, lo siento, no lo pude evitar, me encargo de la parte financiera de algunas empresas.
-Estas aquí de vacaciones?
-Sí, y no, moriría por llevarte conmigo, qué quieres estudiar?
-Vaya, es una propuesta de matrimonio? Psicología.
-Pues por mí me casaba contigo aquí mismo.
-Eres un mentiroso.
-Te he dicho que la honestidad es parte de mi filosofía.
-No podrías estar seguro, te lo repito me acabas de conocer.
-Ambos sabemos que para reconocer al amor de nuestras vidas sólo se necesitan unos segundos.
-Tienes razón. *Suspire tan hondo como pude.
De dónde quitaba todas esas informaciones, parecía que me conocía tan bien como para leerme la mente, era yo tan predecible?
-Mal de amores?
-Ja! Sí.
-Y quien es el afortunado y rival mío?
-Mike Evans, mi problemático amor.
-Haré lo posible para que tus suspiros sean míos a partir de ahora.
-Ay Albert. *Me mordí los labios, desde ayer que la mitad de ellos son tuyos pensé.
-Quisiera besarte Emma, pero no puedo invadir el holocausto entre tú y ese tal Mike.
-Gracias. *Fue todo lo que pude decir pero con un hilo de decepción.
-Así que también quisieras que te bese? *Me sonrojé de inmediato, no podía con él, encontraba las trampas perfectas donde no las había puesto.
-No estoy segura, la honestidad también forma parte de mi filosofía. *Sonreí de forma burlona. -No sé quien eres pero has hecho algo conmigo.
-Me alegra oírlo, siento mucho lo de tus padres.
-Esta bien, aunque haya pasado muy pocas semanas, estoy bien.
-Tus problemas se llaman Mike no es así?
-Mike y Albert.
Sonrió al escucharlo, su voz era melodiosa, el camarero volvió con nuestras bebidas, bebió de su trago y soltó un gruñido gutural, Albert definitivamente era un ángel pero de esos oscuros que te provoca todo tipo de corrientes eléctricas en todo el cuerpo, ame ese gruñido, lo miraba embobada.
-Podrías estudiar en Londres sabes?
-No lo creo.
-El destino es interesante, hoy piensas eso pero mañana te sorprenderías de los caminos por los que andas.
-Es justo lo que mi amigo Damien me dijo ayer, es extraño oírlo de nuevo.
-Porque es la verdad, aún te falta mucho por vivir, descubrir y estoy seguro que amar también.
Suspiré de nuevo, mordisqueaba mis labios nerviosa, no sé porqué pero quería que me besara, quería saber si Mike aún estaba allí clavado en mi corazón como una daga, jamás había besado a alguien más, sólo a Mike y quería saber si sólo con él había esa fuerza, jamás lo hubiera pensado, pero en menos de un mes deseé a dos hombres, uno distinto al otro, Albert parecía lo opuesto a Mike, calmado, sereno, alegre y muy atento, pero los dos tenían algo en común, lo sexy como solo ellos dos podían serlo.
- Ya fui admitida en una universidad pero en otra ciudad, aún no sé qué hacer, no me lo esperaba, era una segunda opción.
-Vendrás conmigo lo sé.
Sonreí de nuevo, había encontrado otra similitud entre los dos, la seguridad en sus palabras, dónde estas Mike? Por qué no apareces? Será este nuestro fin?
-No pienses demasiado en él, si te quiere te buscará no importa lo que haya sucedido, te lo digo por naturaleza, los hombres ante el amor somos nada.
-Y que hay de ti?
-Un día tendré mi oportunidad, lo sé.
Una vez más seguro de sí mismo, como era capaz de predecir algo que yo misma me negaba rotundamente? A pesar de lo que estaba sintiendo extrañaba a Mike, extrañaba sus caricias, su fuerza, toda su hombría y eso solo Mike lo poseía, Albert también tenía lo suyo pero no era grande y feroz como mi Mike, no veía esa pasión tóxica y viciosa en sus ojos, no había violencia en ellos, y en ese momento mi corazón de arrugó porque fue el miedo a su violencia lo que me alejó de él.
Peros, peros, no sé qué estaba pensando, estaba claro y  visible que no eran iguales y que Mike tenía algo de lo cual me arrepentiría, sin embargo Albert no, Albert era puras ilusiones, esperanza y tranquilidad.
-Hasta cuando estarás aquí?
-No lo sé dejare que el viento me arrastre, y si no hay ninguno tan fuerte como para que me dirija hacia algún lugar podría quedarme un tiempo.
-Dónde vives por el momento, digo aquí en Nueva York?
-Muy cerca de Central Park, la naturaleza es lo mío.
Ups muy cerca de Central Park, lo único que me falta es que vivan en el mismo edificio, rechine los dientes.
-Pareces de otra época.
-Tal vez algún apasionado hombre de siglos atrás reencarnó en mí o nada más es fruto de tantos libros de historia.
-Debo volver con mis amigos.
-Ja! Con la chica a punto de irse a un motel? O con la parejita que están por hacer lo mismo?
Mire a mis costados, y tenía razón mis amigos no estaban ni siquiera mínimamente preocupados por mí.
-Supongo que estoy en un corredor sin salida?
-Creo que sí, y no te dejaré ir.
-Puedes llevarme a casa si quieres.
-Será un placer. *Hizo un gesto de reverencia, y a los pocos segundos efectivamente mis amigos me abandonaron dejándome en bandeja de plata a los lobos, a un lobo de ojos celestes y penetrantes, Damien me hizo un gesto antes de irse, un gesto obsceno como sólo él era capaz.
-Por qué estás aquí?
-La verdad vine por asuntos de trabajo, pero ya he terminado, estoy completamente libre y a tus pies.
-Definitivamente hablas como un caballero de siglos atrás, francés tal vez.
-Rey de algún imperio.
Reímos juntos, algo que con Mike no hacía, hasta me sorprendía la paz en la que encontraba cuando estaba con él.
-Entonces mi futura psicóloga, qué escuela es la que te apasiona?
-La psicoanalista supongo. *Todos mis personajes mentales hicieron una reverencia, las tres, vestidas elegantemente y orgullosas, mi Ello, mi Yo, mi Super Yo.
-Con que Sigmund Freud ah!
-Así es caballero de la noche.
Sonrió ante mi descripción, continuó bebiendo de su trago, parecía un mojito, no recordaba el momento en que lo pidió, estaba completamente perdida en sus ojos brillantes y en ese momento con las pupilas completamente dilatadas, en sus ojos no había fuego como en los de Mike, no había furia ni rabia, era más complejo, parecía tan grande y glorioso como el mar y con el cielo completamente gris, y vestido de negro, madre mía! me perdía en esos ojos, no había nada más que un mar golpeando sus olas, y no hay nada más placentero que escuchar las olas del mar y perderse en ellas, aunque el cielo esté gris, el mar siempre esconderá los más profundos deseos y entierra en el fondo de sus océanos la belleza de un lado oscuro al cual todos en algún momento nos sentimos atraídos.
Me miraba sin quitar los ojos de los míos, estaba segura que los míos sólo eran unos azules opacos ante la belleza de los suyos, que me comían sin duda alguna, hasta sentí un ardor en la entrepierna, no podía creerlo, deseaba a Albert, y tan rápido e intensamente como a Mike, ahora sí que estaba hecha una mierda, apreté los muslos, y a diferencia de Mike él lo percibió, miró justo allí, y se pasó los dedos por los labios húmedos por el trago, mostrando una media sonrisa, cada vez que inhalaba su olor a cedro y ámbar relajaba todos mis músculos, todas mis terminaciones nerviosas.
Intente conversar más para que no pasara lo que deseaba y al mismo tiempo me aterraba.
-Vistes siempre de negro?
-Me gusta el negro, es predominante. *Abrió los ojos tanto como pudo, y un calor electrizante me subió de las caderas hasta la nuca, y del estómago a mi entrepierna, mi corazón por poco y no saltaba hacia su pecho, lo estaba deseando tanto como un corazón necesita los latidos.
Entonces con un movimiento rápido me besó, el sabor a menta y alcohol en sus labios eran exquisitos, sentía el sabor de los frutos rojos, fue un beso lento y sin fuerza no como los de Mike, hasta podría decir con cariño, Albert provoca agonía con sus besos, su lengua se deslizaba suavemente en mi boca, trazando círculos, estaba perdida, porque sin poder negarlo me gustó, me gustó demasiado, tanto que hice algo que no esperaba, yo misma lo empujé hacia mí, tomé de su camiseta y la arrugué, estiré de ella para que estuviera aún más cerca. Después de unos segundos sentí sus manos acariciando mi nuca, allí donde el calor se había quedado, luego bajó a mis caderas, y me soltó.
-Es mejor parar aquí.
Baje la cabeza avergonzada, Dios, que he hecho? Mi móvil me asustó con la vibración, era un mensaje, un mensaje de Mike!
*Que rápido destruyes nuestro amor Emma.

Acto Fallido (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora