Lorenzo
Tallo mis ojos con el dorso de la mano y le doy un largo trago a la taza térmica de café expreso doble en mi mano. Acabo de llegar al aeropuerto de Boston, no he dormido en veinticuatro horas y aún así no me importa. En este momento sólo tengo una misión: subirme a un taxi e ir donde se encuentra mi novia.
No nos hemos visto en exactamente tres meses y la extraño en demasía. Extraño su obsesión con la pizza, la manera en que frunce su ceño cuando escucha algo que no le agrada, su sonrisa cargada de cariño con la que me recibía cada día pero sobre todo extraño poder abrazarla, sentir su pequeño cuerpo en mi brazos y apoyar mi barbilla sobre su cabeza porque a pesar de que su estatura es promedio no es lo suficientemente alta.
Finalmente, consigo un taxi y pronto indico en mi pésimo inglés la dirección. Valentina no tiene idea de que estoy en el mismo país que ella, gracias a sus padres y a Victoria averigüe la dirección de su dormitorio y sus horarios.
Ocultarle mi viaje había sido todo un logro, cada día cuando hablábamos deseaba poder soltarselo pero había resistido el impulso.
Apoyo mi cabeza sobre el frío vidrio y sonrío. Sólo unos minutos y podré ver a la mujer más maravillosa que he conocido.
Tomo mi mochila, que es mi único equipaje dado que sólo me quedaré por tres días, y luego de pagarle al taxista desciendo del vehículo para recibir al frío que logra despertarme.
Acorde con mis cálculos, Valentina llegará en cinco minutos al edificio luego de haber almorzado en un pequeño restaurante cerca del campus. Había tomado muy en serio mi investigación, incluso si eso me hacía un tanto acosador.
Finalmente, y como salida de un cuento mágico, mi pequeña novia aparece en la esquina junto a una chica alta y con un gran afro. Lleva un vestido pese al frío y un grueso abrigo color crema pero sigue siendo ella. La chica a la que amo.
Sonrío por la anticipación y mi corazón se detiene por unos segundos cuando ella se percata de mi presencia. Allí está, la sonrisa que amo.
Acelera el paso hacia mí y en tanto se encuentra cerca, la atraigo hacia mi cuerpo en un gran abrazo que logra reparar la soledad de los últimos meses.
-Lorenzo... -su voz es apenas un susurro pero puedo determinar que está llorando.
Me separo rápidamente de ella y coloco mis manos en su rostro, acunándolo y secando con mis pulgares sus lágrimas calientes.
-Hola, bruja -sonrío, realmente feliz de poder tenerla junto a mí.
-Pero... -sus palabras se disuelven en el aire y pronto vuelvo a ser el afortunado ganador de un apretado abrazo-. Te he extrañado tanto.
-También te he extrañado, Vale. Muchísimo.
-¿Por qué no me dijiste que venías?
-Era una sorpresa.
Su cuerpo vuelve a alejarse del mío y su frente se arruga para rápidamente alisarse. Una enorme sonrisa hace acto de presencia en sus labios y su pequeño puño impacta sin fuerza en mi brazo.
-Eres un tonto pero te amo tanto.
Sonrío ante sus palabras y finalmente, luego de tres largos meses, acorto la distancia de mis labios y de los suyos, los cuales se encuentran fríos. A pesar de encontrarme a kilómetros de mi casa y de mi familia, me siento como en mi hogar.
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¡¡Hola, destinados!!
Ya los extrañaba. ¿Qué tal están? Espero que les haya gustado este capítulo narrado por nuestro chico adorable, la próxima semana sabremos como continúa el reencuentro.
Espero que tengan un hermoso día, los quiero ❤
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Enlazados
Krótkie OpowiadaniaValentina y Lorenzo viven en el mismo edificio, uno sobre el otro. Su relación comenzó con el pie izquierdo desde el día en que él se mudó. Valentina se encuentra en el último año de su carrera universitaria, tiene el mejor promedio de su promoció...
