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Lunes 14 de julio, por la tarde

Lorenzo está en casa, sigue encontrando la manera de que lo deje entrar.

Deberían darme un dólar por cada vez que logra ingresar a mi departamento, quizás serí­a rica.

ꟷ¿Tienes algo para comer?

Blanqueo los ojos pero asiento.

Y sigue comiéndose mi comida.

ꟷCompré torta de chocolate.

Sonrí­e.

ꟷ¿Sabí­as que vení­a?

ꟷClaro que no, estaba antojada.

Mi mira y ladea la cabeza, examinándome.

ꟷ¿Estás embarazada, Valentina?

ꟷPor supuesto que no -exclamo.

ꟷClaro que no, para eso necesitas un hombre.

Abro la boca, indignada y le arrojo un almohadón a la cabeza con fuerza con la única finalidad de hacerlo sufrir aunque sea un poquito.

Le da de lleno en el lado izquierdo de la cara.

Sonrí­o.

Él también.



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