Pablo lidiará con las consecuencias de haber perdido a Camila, mientras ella triunfa y cumple sus sueños. ¿Podrá soportar el éxito de la mujer a la que saboteó y por la que perdió la cabeza?
***
Las malas decisiones de Pab...
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Espero que disfruten del capítulo a como yo disfruté escribiéndolo. Pónganse cómodas, está largo.
—¿Puedo pasar?
Mi hermana nunca había sido tan inoportuna como en ese momento. Estaba esperando la respuesta de Camila cuando los tres golpes en la madera y el sonido de su voz nos interrumpió. Asomó la cabeza en el hueco de la puerta entreabierta, aguardando una respuesta que no pude darle de inmediato. Mi concentración estaba en Cami, en la forma en la que respiraba y el gesto de confusión en su rostro.
—¿Nicki? —El ceño de Cami se había arrugado al reparar en la presencia de mi hermana, mientras mantenía el cuello doblado para ver hacia la puerta aproveché para contemplarla. Me encontraba fascinado con la pequeña protuberancia que brotaba de su estómago—. Pasa.
—Amo que te sientes la dueña de este lugar. —El comentario de Nicole la hizo reír. Mi hermana se adentró luciendo tensa, pese a que sonreía—. No sabía que estabas con Camila.
—Llegué sin avisar. —Me puse rígido al observarla ponerse de pie, no quería que se marchara, no así de rápido—. Ya es un poco tarde, se suponía que debía estar en la agencia hace cinco minutos.
—¿Te vas?
—Sí, supongo que te veré pronto —me respondió entre tanto tomaba sus cosas—. Le dejaré mi número a Milena para que me llames.
—¿Con quién llegaste?
—Con Horacio. Me llamas, quiero saber como salió todo —se dirigió a mi hermana tras responder mi pregunta—, fuerte, zorra.
Aunque solo fue un susurro pude escucharla a la perfección. Crucé los brazos manteniendo una expresión de sorpresa al observarla despedirse con un beso en la mejilla.
—Nicki, toma asiento, acompañaré a Camila al estacionamiento.
—No es necesario.
—Para mí lo es —refuté en el acto.
Camila me conocía, sabía que no iba a ceder, asumí que por eso movió la cabeza en un gesto de rendición. Ambos avanzamos hasta la puerta con los ojos de Nicole vigilando cada paso, permití que pasara primero y luego le dirigí una mirada a mi hermana, le guiñé el ojo y cerré, entusiasmado por el par de minutos más con Cami.
—Conozco el lugar perfectamente, no me iba a perder —comentó tras sonreírle a mi asistente.
Le ofrecí mi brazo antes de que pudiéramos avanzar más, siguiendo uno de esos impulsos que no podía controlar. Para mi buena suerte, pasó su delicada mano en medio de este, permitiendo que la guiara hasta el elevador.
—¿Estás bien? —Había cerrado los ojos a penas comenzamos a descender—. ¿Cami?
—Los elevadores me marean un poco. La bebé los odia. De verdad es un martirio entrar y salir de casa todos los días, por eso quiero mudarme.