Capítulo veintitrés

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Holis, pónganse cómodas y disfruten del capítulo, gracias por sus votos y comentarios

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Cami se detuvo frente a la puerta siguiendo la luz del sol que llegaba desde la terraza. Mi cuerpo aún húmedo por la ducha se tensó al verla alargar el brazo para enfocarse con el lente del teléfono. Se encontraba desnuda, la luz naranja que se filtraba iluminaba su piel mientras ladeaba el rostro buscando un mejor ángulo.

—¿Por qué te tomas fotos desnuda?

—Para enviárselas a mi amante... Estoy bromeando —agregó en cuanto se percató de lo mal que tomé su chiste—. La luz es perfecta, solo estoy enfocando mi cara.

Me pasé las manos por el pelo para escurrir el agua, sin esforzarme por ocultar lo mucho que me irritó su comentario. Verla acercarse puso en alerta mis sentidos. Cami tenía el buen hábito de caminar desnuda sin ningún tipo de pudor, debía estar acostumbrado al espectáculo que ofrecían sus caderas meciéndose de un lado a otro, y no comérmela con los ojos cada vez que lo presenciaba.

Dejé caer la espalda por completo en la silla, percibiendo como mi pulso se aceleraba. Debía mostrarme molesto, sin embargo, me fue imposible al ver el lento movimiento con el que separó las piernas. Sus rodillas se hundieron sobre la silla y se sentó sobre mí provocando que, la toalla amarrada en mi cintura se tensara por aquel gesto impúdico.

—Si yo dijera algo igual sería hombre muerto.

—¿Estás enojado de verdad?

—Sí —respondí sonando firme.

Tuve que hacer un esfuerzo para conseguirlo. Sus pechos redondos y las pecas entre ellos tenían toda mi atención. En otras circunstancias habría bromeado con ella acerca de lo afortunado que sería el bebé que estábamos buscando, estaba convencido de que no iba a padecer de hambre. Apreté los labios para no reír ante aquel pensamiento, mientras ella aplastaba los suyos por mi cuello.

—¿Muy enojado?

Apreté las manos en los reposabrazos para no sucumbir a la tentación de tocarla. Pese a mi esfuerzo terminé deslizándolas por su espalda gentilmente hasta acunarle el trasero. Había experimentado la satisfacción de tenerla encima gran parte de aquel día, no obstante, continuaba sediento.

—Muchísimo.

—Lo siento —se disculpó en susurros mientras sus labios voluptuosos me acariciaban el pecho.

Eché la cabeza hacia atrás al percibir como se deslizaba por mi cuerpo, bajó de la silla y se arrodilló entre mis piernas poniendo a prueba la poca fuerza de voluntad que conservaba. Intenté ser fuerte, pero sus nudillos rozándome la piel al deshacer el nudo en la toalla fue mi punto de quiebre. Bajé la mirada y respiré hondo fijando mi vista en ella. Me estaba observando fijamente, estudiando mi reacción ante su osadía.

Antes de pudiera decir algo, percibí el tibio calor de su aliento tentándome con su cercanía. Mi fijación por la boca de Camila evitó que le despegara la vista, me quedé hipnotizado por los movimientos de sus labios que se entre abrieron lentamente antes de que finalmente comenzara a chupármela. Me sostuve con fuerza de la silla ante el estremecimiento que experimenté de inmediato. El estímulo envió una corriente eléctrica que me recorrió la espina dorsal y me erizó la piel en el proceso.

Malas DecisionesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora