Capítulo dos

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Para poder entender mejor este capítulo, es necesario leer el extra que está publicado en el grupo de Facebook: las intensas. Para entrar al grupo solo se necesitan responder dos preguntas. 

Sus votos y comentarios son la mejor motivación, no olviden dejarlos. 

Disfruten de la lectura. 

Camila

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Camila.

Los aeropuertos tenían algo que potencializaban mi melancolía. Tal vez las despedidas tristes que siempre se propiciaban en un lugar así, o los recuerdos que no me dejaban tranquila; provocaban que me sumergiera en ese estado donde la vulnerabilidad imperaba y el decaimiento hacia su aparición.

Me centré en el rostro de las personas que sonreían mientras mataba el tiempo esperando que Miguel terminase de encargarse de nuestro equipaje. Me aferraba a cualquier indicio de alegría, buscando de manera casi desesperada atraer ese tipo de emoción que me había abandonado hacía mucho tiempo. Respiré hondo percibiendo como los minutos parecían pasar más lentos, la paciencia se me agotaba entre tanto el agotamiento comenzaba a hacer de las suyas.

La semana entera que pasé en Barcelona no me ayudó como Mariano sugirió que lo haría. Pese a los días de descanso sentía estar en el mismo punto. Parecía no haber nada que aliviara el cansancio mental que padecía. De nada valieron todos los intentos que hizo Miguel para animarme, pasear por las calles, tiendas y comer en algún sitio lindo, no logró que la pesadez en mi pecho desapareciera. El único momento donde me sentí viva durante esos días, fue en el que estuve frente al lente, siguiendo sus indicaciones mientras me fotografiaba.

—Camila, sonreíme.

Levanté la vista al escuchar su voz cerca de mí. Me apuntaba con la cámara de su teléfono, arreglándoselas para no soltar su maleta. Torcí los ojos con fastidio en lugar de seguir su petición. Le di la espalda para que entendiera que no tenía humor para nada.

—¿Te puedes dar prisa? Muero por irme. ¿Dónde está mi equipaje?

—Pero volteate, pelirroja. Enseñame esa carita linda que tenés.

Su tono me robó una sonrisa, volteé a como lo pedía y le sonreí a la cámara, dejando a un lado por un instante todo el malestar que sentía. No podía negar el bien que me hacía tener a Miguel cerca, era la única persona del pequeño círculo en el que me desenvolvía, que no me recordaba a la vida que llevé en los dos últimos años de mi existencia.

Aunque conocía a Pablo y sabía de la relación que sostuvimos, era ajeno a la profundidad de esta, al tipo de vínculo fuerte que nos unió. Aquello me daba una tranquilidad que solo experimentaba a su lado, no me veía con lástima a como lo hacía Lucy, tampoco me exigía dejar todo atrás como Mariano. Se limitaba a animarme, acompañarme y entretenerme.

—¡Ya basta! Encárgate de mi equipaje —le exigí tras darle la espalda de nuevo.

—Como ordene su majestad.

Malas DecisionesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora