Pablo lidiará con las consecuencias de haber perdido a Camila, mientras ella triunfa y cumple sus sueños. ¿Podrá soportar el éxito de la mujer a la que saboteó y por la que perdió la cabeza?
***
Las malas decisiones de Pab...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Intensas de mi corazón, antes de iniciar quería pedirles disculpas por la demora. Gracias a quienes entendieron y me ofrecieron cariño y compresión. Espero que disfruten de este capítulo que está larguísimo. Voten y comenten mucho, puedo sorprenderlas con una actualización rápida, sé que la van a pedir, perdón a exigir. JAJAJAJAJAJA me siento mala. Les amo, gocen de la lectura.
El ruido de la televisión era lo único que me mantenía despierto. Me encontraba agotado, con el cuerpo entumecido por el esfuerzo al que me había sometido en los últimos días. Pese a ello, me negaba a irme a la cama, en donde extrañamente no lograba conciliar el sueño. Comenzaba a considerar tomar algo más que un té, para conseguir descansar toda la noche.
—¿Cómo me veo?
Julia se plantó frente a la pantalla, obligándome a observarla mientras giraba sobre su eje para mostrarme el vestido corto que llevaba puesto. Levanté el pulgar en señal de aprobación, convencido de que ese le quedaba mejor que los otros cinco que se había probado.
—Bien.
—¿Puedes ser más expresivo? —Su reclamo fue acompañado de un insistente zapateo, que agudizó mi dolor de cabeza.
La observé de pies a cabeza detenidamente, ocultando el fastidio que me estaba causando su indecisión para escoger algo de su clóset.
—Me gusta que lleves el pelo recogido, así se puede apreciar más tu cara. El vestido te queda perfecto, luces sexy, resalta tus piernas. Voltea. —Le indiqué—. La vista desde atrás es atractiva. Te ves linda en todos los ángulos.
—Necesito aprender a hacer eso —aseguró al mismo tiempo que volteaba para estar de nuevo frente a mí—. Sé que solo quieres que deje de preguntar y que me aparte de la televisión, sin embargo, te creí. Lo dijiste observándome todo el tiempo, tus ojos me dieron seguridad y luego sonreíste, esa sonrisa —me apuntó entre risas—. Ese es el tipo de sonrisas que hace que una mujer se sonroje. Eres coquetísimo, Pablo. Siento que después de meses por fin te estoy conociendo.
Torcí los ojos en un gesto que evidenció fastidio y sorbí el té caliente en mi taza. Julia no se cansaba de hacer ese tipo de comentarios. En donde en medio de bromas manifestaba su molestia por lo poco que le había contado de mi vida.
—No soy coquetísimo. Aprecio la belleza femenina solamente.
—Apreciador de la belleza femenina, ¿estás seguro de que no quieres venir? Mi cita invitó a un par de amigas. Será divertido.
—Estoy agotado, ayer dormí únicamente un par de horas.
Esperaba que mi respuesta fuese suficiente para que desistiera de la idea de llevarme con ella. Idea que había externado cuando que crucé la puerta. Desde la noche que regresé abatido de México Julia se propuso animarme. Intentaba desesperadamente incluirme en cualquiera de sus planes, con el único objetivo de que saliera de casa y despejara mi mente por un rato.