Pablo lidiará con las consecuencias de haber perdido a Camila, mientras ella triunfa y cumple sus sueños. ¿Podrá soportar el éxito de la mujer a la que saboteó y por la que perdió la cabeza?
***
Las malas decisiones de Pab...
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Deslicé la vista por la mesa, contemplando a las personas que me rodeaban. La charla que sostenían era constantemente interrumpidas por el sonido de las risas que sonaban cada vez más alto. Se respiraba un ambiente reconfortante que por una extraña razón me hizo sentir melancólico. Asumí que la culpa la tenían los recuerdos de los buenos tiempos que se percibían cada vez más lejano de la realidad que vivía.
Estaba acostumbrado a esa atmósfera agradable. Solía pasar mucho tiempo con Benjamín y su familia; en la que de alguna manera me sentía incluido por lo bien que me recibían los tres cada vez que cruzaba la puerta de su casa. Benja se había apegado a mí irremediablemente, era quien se mostraba más entusiasmado cuando los visitaba. Nuestros juegos bruscos lo hacían reír a carcajadas con todo y las quejas de Pamela, que renegaba cada vez que me veía lanzarlo al aire o corriendo con él de un lado a otro.
—Benja, deja comer en paz a Pablo.
El niño no se inmutó ante la voz de su papá. Continuó saltando en mis piernas sujeto de mis manos que no lo dejaban caerse. Pamela se puso de pie solo un par de segundos después, al comprobar que su hijo no tenía la intención de obedecerlos. En cuanto su mamá lo cargó balbuceó algo parecido a tío, a como solía llamarme.
—Y no me digas que también es vegana —dijo Pame, continuando con la charla que había sido interrumpida.
Encogí los hombros restándole importancia a la ironía que identifiqué en su voz y, me centré en Benja que pataleaba pidiendo volver a mi regazo.
—También hace yoga.
Entrecerré los ojos en respuesta a la intervención de Benjamín. No necesitaba que secundara los comentarios de Pamela, que estaba siendo un poco entrometida.
—¿Sabes qué es lo que más me indigna? —cuestionó en cuanto Benja se quedó callado. Negué llevándome el tenedor a la boca, sus clases de cocina al fin estaban dando resultados—. Que no eres tonto. No entiendo como te dejas embaucar por esa tipa. Que casualidad que tengan un montón de cosas en común. Te conoció y de la nada tienen el mismo estilo de vida, los mismos pasatiempos, solo le falta decir que quería ser arquitecta.
La risa de Benjamín fue escandalosa. Pamela le dedicó una mala mirada para luego clavarme los ojos, mostrándose a todas luces molesta. Le di un sorbo a mi copa pensando en alguna respuesta que la hiciera sonreír. Ella tenía algo de razón, era evidente que Tamara solo buscaba la forma de quedar bien conmigo. Sin embargo, yo era consciente de aquello. No me sentía embaucado en lo absoluto.
—Mi amor, Pablo lo sabe —aseguró Benjamín.
—No lo creo. De ser así habría dejado de verla. A nadie le gusta que le mientan solo por congraciarse.
—La verdad no me importa —aclaré al mismo tiempo que le ofrecía de nuevo mis brazos a Benja—. No hay ningún tipo de seriedad en lo que está pasando entre nosotros, no me hace sentir mínimamente mal que me mienta de esa forma.