37. Paso a paso.

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El ambiente para el desayuno se siente diferente. Es como si en verdad fuéramos una familia de sangre. Todo se siente muy tranquilo. Debido a que estoy acostumbrada a estar despierta desde muy temprano, pude salir a correr junto a Sam y regresar a tiempo para preparar el desayuno. Lo gracioso es ver a los otros tres, prácticamente, dormidos en sus sillas, aunque se despabilan rápido con su comida delante de sus ojos.

- Tenemos que hablar - les digo a ellos dos.

- ¿Qué sucede? - me pregunta Sam con su taza en mano.

- Con toda la intervención que hice ayer, he cambiado muchas cosas o más bien, evitado que todo eso sucediera. No me arrepiento de haberlo hecho, de todos modos, pero para no causar más problemas no voy a intervenir más hasta que deba ayudar con el asunto de Cas.

- Eso suena lógico - me responde Dean con la boca llena.

- Sí, pero obviamente si necesitan nuestra ayuda se las daremos.

- Okey - me dice él - ¿Qué nos puede decir de este lugar?

- ¿Datos curiosos?

- Algo así...

- Tiene una muy amplia biblioteca, como ya habrán notado. La cochera es gigante, hay una sala de tiro, adaptamos una habitación para relajarnos, nadie nos puede rastrear...-

- ¿A qué te refieres? - me pregunta Sam.

- Qué, si intentan rastrear alguna llamada que hagamos desde aquí, el rastro se perderá en un kilómetro a la redonda.

- Impresionante.

- Lo es, también contamos con una fuerte protección en todo el edificio y - agrego para mirar a Dean - Esta parte te encantara, tenemos nuestro propio calabozo de interrogación, por así decirlo.

- Rayos, quiero ver eso.

- Yo me ofrezco hacer el tour - les dice mi hermana llevando lo que ensucio al fregadero.

- Mami... -

-¿Qué pasa Dyl?

- Jugar - me respondo poniendo ojos de cachorritos.

- Por Dios Sam - protesto en broma - ¿Le enseñaste a mi hijo hacer esa mirada?

Él me responde con una mirada indignada y Dean se ríe por eso. Esa mirada tiene la marca patentada de Sam Winchester. He de admitir que a mi hijo le sale muy bien, si me pidiera la luna, en una hora se la tendría aquí.

- ¿Qué te parece, si te cambias el pijama y te llevo un rato al parque y luego vamos a comprar para hacer el almuerzo?

Parece gustarle mi sugerencia porque sale disparando hacia su cuarto, tendré que perseguirlo o hará un desastre para poder cambiarse. Al entrar, lo veo revisando sus cajones con su, ya habitual, ceño fruncido.

- Okey cachorro, yo buscare lo que te pondrás y tú buscaras tu calzado.

Adoro su pequeñas prendas, aunque de a poco se nota como va creciendo, pronto tendremos que hacer otra compra. Le elijo lo más cómodo para que pueda jugar con libertad. Doy media vuelta y lo encuentro sentado en el borde de la cama con sus zapatillas en mano. 

Este niño no deja de sorprenderme, ni siquiera tiene dos años y actúa mejor que muchos. Tiene sus momentos de alboroto y de que hable hasta cansarse, pero también suele ser muy tranquilo y callado. No me equivoco al pensar que es único. Con una sonrisa, me acerco y lo empiezo a cambiar tranquila. Cuando ya está listo, le beso su cabello y estira sus brazos para que lo cargue.

- ¿Te gustaría hacerle una broma a tus tíos? - le pregunto.

- Siii - me responde con una sonrisita traviesa.

Una Odisea DimensionalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora