Boleta

1.1K 177 39
                                        


Dean tomó la boleta y la depositó en la mesa. La pagaría en la semana, cuando su padre llevase el dinero a la casa. Se sentó a ver un poco de televisión, disfrutando la soledad de su casa. A veces lo angustiaba, otras, lo hacía sentirse cómodo. Amaba a su padre y a su hermano, pero también era un tanto solitario. En un momento de la tarde tuvo sed, así que fue a la cocina a servirse algo. Cuando depositó el vaso en la mesa algo llamó su atención. Fue solo un segundo, pero sus ojos captaron algo raro en el papel. Agarró la boleta y la leyó, descubriendo que estaba a nombre de Chuck Shurley, y que de hecho correspondía a su casa. Dean suspiró con cansancio, pues no era la primera vez que el chico del correo se equivocaba. Ya era algo común en su barrio. Con la boleta aún en la mano, salió de su casa, cruzó la calle y tocó el timbre de la casa de enfrente. Al cabo de unos segundos, la puerta se abrió. Los ojos azules volvieron a robarle el aliento, y tuvo que contener un suspiro.

-Hola.-saludó intentando que no le temblara la voz.

No sabía si era el llamativo color de sus ojos, lo brillante que parecía su piel, la intensidad de su mirada, la expresión adorablemente asombrada o qué mierda, pero algo (o todo) en su vecino lo ponía nervioso. No quería que pensara que era un idiota, aunque suponía que estaba fallando estrepitosamente, allí parado mirándolo con la boca abierta. Castiel solo levantó la mano a modo de saludo, sin dejar de mirarlo y sin dejar de sostener la puerta con la otra mano.

¿Le tendría miedo?

Dean sabía que no conocía la historia de Castiel. Y vaya si conocía muchas, muchísimas historias. Por eso era amable con la gente desconocida. Era consciente de que cada uno enfrentaba sus propias batallas internas, y que no debía juzgar a los demás sin saber qué les había pasado. Siempre le interesaba conocer historias nuevas, porque le interesaban las personas. Quizás por ello le atraía tanto aquel chico que parecía tener algo particular.

-Yo...-intentó acomodar sus pensamientos, mientras sonreía brillantemente.- Vine a darte, a darles esto.

Alzó la boleta, sabiendo que no se debía entender nada el motivo de su visita. Castiel miró interrogativamente el papel, pero lo agarró. El suave roce de sus dedos envió una correntada eléctrica a Dean, quien tuvo que morderse el labio. Castiel leyó el papel, aunque el rubio sintió que debía decir algo.

-Es una boleta para ustedes que llegó a mi casa. Es común en el barrio, el cartero a menudo se equivoca de casa así que ya es una costumbre llevárnoslas entre nosotros. Así que ya sabes, ¿eh? Si les llega una boleta a nombre nuestro, llévamela.- Castiel lo miró, procesando sus palabras, pero Dean sintió que lo que último había parecido una orden, así que aclaró-O bueno, me avisas y la vengo a buscar.-y atropelladamente, nervioso, agregó-O si te llega de otro vecino que no conoces, bueno, puedes, ya sabes, llevármela a casa y yo me encargo. O avisarme, y yo me encargo.-y terminó su horrorosa verborragia con una sonrisa dulce.

Entonces ocurrió. Tímida, quizás escapada, una sonrisa suave adornó la cara de Castiel. Quizás se estaba burlando de él, pero algo en su corazón vibró ante aquel pequeño gesto de alegría en ese chico que parecía ser tan serio. Luego de unos segundos mirándose fijamente con sonrisas tímidas, Castiel se removió un poco, presumiblemente para saludarlo, pues Dean ya había terminado lo que había ido a hacer. Sin embargo el rubio no quería desaprovechar esa pequeña oportunidad de hablar con su nuevo y extraño vecino.

-Em, mira, yo nunca me he mudado. He crecido en este barrio, súper divertido.-dijo con sarcasmo en la última parte. Castiel lo escuchaba atentamente.-Pero me imagino que debe ser un poco difícil. Mi hermano pequeño se fue de vacaciones y mi padre trabaja mucho, por lo que tengo bastante tiempo libre.-y sí, cuando se ponía nervioso, Dean Winchester hablaba bastante.-Digo, si necesitas alguien que te enseñe el lugar o lo que sea. A veces nos juntamos con otros chicos, puedo invitarte también. Así, ya sabes, irás conociendo gente.

Sobran las Palabras [Destiel]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora