Dean caminaba, o más bien saltaba, por la calle hacia su casa. Aprovechaba que no era un barrio muy concurrido, así que podía caminar por el asfalto sin temer un accidente. Su cabeza se movía al ritmo de una música que oía en su cabeza, mientras sus manos sostenían con fuerza sus nuevas adquisiciones. No podía aguantar más para llegar, encerrarse en su habitación, colocar los cassettes y perderse entre acordes de guitarra y letras geniales. Tenía una gran sonrisa en su rostro, y su emoción era casi palpable.
Cuando estaba a punto de llegar a la puerta, notó que el auto de enfrente a su casa estacionaba. De él se bajaron Castiel y Chuck, quienes se dirigieron hacia la puerta de su casa. Sin embargo, cuando Chuck alzó la vista distinguió a Dean. La sonrisa que se formó en el adulto tranquilizó al rubio: le agradaba saber que le caía auténticamente bien al padre de Castiel, pues al parecer su madre era más recelosa de la sociabilidad de su hijo. Si quería seguir viendo al oji azul –y vaya que lo quería- debía caerla bien al menos a uno.
-Hola, Dean. Veo que estás radiante hoy.-comentó con diversión.
-¡Hola, Chuck! ¡Hola, Cas!-respondió Dean sin dejar de caminar hacia ellos.
Ante el apodo, Chuck volteó a ver sorprendido a su hijo. Castiel solo miró a Dean, y le sonrió tímidamente mientras alzaba la mano a modo de saludo. El rubio también lo miró, sin dejar de sonreír, y por un momento fue como si solo existiesen ellos dos en la calle. Al fin Dean llegó hasta ellos, y se detuvo sin dejar de mirar esas hermosas joyas azules clavadas en él. Solo volvió cuando oyó la risa divertida de Chuck. Los dos jóvenes se percataron entonces de su comportamiento y, sonrojados por la vergüenza, voltearon hacia otro lado.
-Sí, estoy muy contento, Chuck.-respondió tardíamente Dean para intentar aliviar la incomodidad.
-¿Se puede saber el motivo?-quiso indagar extrañado por la alegría que Dean exhalaba por todos los poros.
-¡Claro! ¡Al fin logré comprarme los nuevos cassettes de mis bandas favoritas!-gritó con euforia.-No puedo esperar a ir a mi cuarto a escucharlos.
-Qué bueno, Dean. No te quitamos más tiempo, entonces.-respondió sonriendo.
-Oh no, no, no pasa nada. Lo siento, estoy emocionado.
Aún sonriendo, Dean volteó a ver a Castiel, que lo miraba fijamente. Entonces, su sonrisa se ensanchó, y dio un paso más cerca de su nuevo vecino.
-¡Hey, Cas! ¿Quieres venir a escucharlos conmigo? No pueden no gustarte, eh.
El oji azul lo miró sorprendido por la repentina invitación. Pestañeó un par de veces, procesando las palabras del rubio, que lo esperaba con clara expectación. Entonces, sintió un pequeño empujón por parte de su padre. Castiel lo miró, y descubrió que le sonreía tranquilamente.
-Ya me has ayudado hoy, Castiel. Ve.
Castiel volteó a ver de nuevo a Dean, y notó cómo sus ojos brillaban más aún, si es que era posible.
-¡Genial! ¡Vamos!
Antes de que el morocho pudiese opinar, Dean lo tomó de la mano y comenzó a arrastrarlo a su casa.
-¡Nos vemos, Chuck!
El mencionado solo sonrió en respuesta, antes de voltear y dirigirse a su propia casa.
Dean no soltó la mano de Castiel hasta que estuvo delante de la puerta. Se sonrojó un poco al notarlo, recriminándose mentalmente ser tan impulsivo, pero su vecino no parecía molesto por el contacto. Soltó su mano para poder abrir la puerta, y con un gesto invitó a Castiel a que ingresara. Lo hizo con paso lento y cierta inseguridad, se notaba que seguía siendo un poco tímido. O quizás fuese el hecho de que Dean ni siquiera le había dado tiempo a que procesara todo.
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Sobran las Palabras [Destiel]
FanfictionDean se ve atraído por su nuevo y enigmático vecino, Castiel, quien parece tener problemas para comunicarse. Juntos aprenderán que hablar no es la única manera de conocerse. Supernatural AU. Capítulos cortos.
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