- Muchas gracias señor Pérez - y ahí está Adriel mostrando una seguridad pasmosa ante las más de cuatrocientas personas que adornan el salón. Los músicos han empezado a tocar y no sé que es lo que pretende pero no es lo teníamos planeado, lo mato. Algo sencillo decía. Y de repente, para sorpresa de todos, mi amigo ha empezado a cantar.
- Que me digas que aunque todo sea difícil en los charcos saltaremos tu y yo... - estoy flipando y él lo sabe porque no para de sonreírme mientras se dirige hacia mi lugar. Y cuando llega a mi me levanta y con su mano libre recoge las mías para cantarme mirándome a los ojos... y yo ya estoy llorando. Lloro porque es lo más bonito que alguien me ha hecho nunca y en ese mismo momento sé que este amor es de verdad y que aguantará cualquier cosa.
Secando mis lágrimas canta los últimos versos susurrándome solo a mi - en los charcos saltaremos tu y yo - no puedo parar de llorar - no sé si lo recuerdas, pero esta era la canción que sonaba en el mismo instante en el que nosotros nos conocíamos y no podría irnos más acorde. Porque Zia, yo saltaré de tu mano todos aquellos charcos que pretendan herirnos si tu quieres - y en ese momento hinca la rodilla en el suelo y saca una preciosa alianza que tiene un corazón azul igual al de mis nuevos pendientes, pero esa no es la alianza que mi padre nos había enviado y mi cara es un poema.
- Cariño, ¿quieres casarte conmigo? - escuchó como las respiraciones de los presentes se han paralizado y levanto la mirada buscando una reacción en concreto, pero Sebas está impasible. Tenía razón, jamás seré su prioridad. Miro a mi padre y este me muestra su sonrisa más que conforme y es el momento de responder - claro que si.
Me abraza - ¿por qué lo has cambiado todo?
- Te merecías algo bonito, a tu altura - me lo como.
- Pero ¿el anillo?, ¿la canción?
- Te merecías algo diferente, insisto, y lo de la canción es verdad - y ahí me guiña un ojo y la gente se acerca a felicitarnos.
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Nos hemos sacado ochocientas fotos que mañana adornaran las portadas de todos los diarios y revistas del país, he tenido que abrazar a mi padre como si él en algún momento hubiese pensado en mi felicidad, he tenido que aguantar otras tantas felicitaciones aunque Sebastian ni se ha acercado; no he tenido la misma suerte con su mujer que está tan contenta que su sonrisa me recuerda a la del gato de Alicia en el país de las maravillas...
Ahora todos siguen bailando pero yo estoy agotada y necesito organizar un poco mis ideas así que decido acercarme a la barra para poder seguir observando el patético baile que mis amigos se están marcando. Celia a pesar de no estar de acuerdo con este plan desde el primer momento al ver que Sebas ni se me acerca respira mucho más tranquila, con lo sucedido últimamente ha acabando odiando más a mi ex.
Una copa de champan se planta delante de mi y cuando levanto la cabeza veo al imbécil más guapo del mundo soriendome - quisiera enmendar mi error al confundirte.