Quiero casarme con este avión, me caso. Es perfecto, no es ni por asomo tan extravagante como el de mi padre que tiene su nombre escrito por cada rincón... me río recordando a mi hermana Amira cuando en preescolar le preguntaban por mi padre y ella dibujaba billetes, que sinceros han sido siempre los niños.
- ¿Un recuerdo bonito? - estaba observándome, que es lo que ha hecho desde que he decidido subirme con él en este avión.
Estamos sentados uno frente al otro, aunque yo guardaba ciertas esperanzas de tenerlo al lado él ha preferido sentarse enfrente... ya no sé si está respetando mi espacio o si lo que le he contado no le ha gustado demasiado y esta pensando que hago aquí.
- Uno simpático - me encojo de hombros - oye - chasqueo los dedos reclamando seriamente su atención - me dijiste que querías contarme porque tu vida era complicada y creo que yo ya he acaparado suficientemente la atención por hoy, ¿me lo cuentas?.
Permanece un buen rato mirándome con una mueca pensativa para acabar negando con la cabeza - no es nada importante, puede esperar a que todo esto se calme.
- ¿No quieres contármelo? - mi cara de perrito degollado siempre funciona con mis amigos.
- Te lo contaré en otro momento - parece incomodo - sé que igual no debería preguntarte por esto ahora mismo pero, ¿por qué después de todo lo que te ha hecho sigues enamorada de él?
- No lo sé, siempre había pensado que jamás lo superaría y que cuando lo volviese a ver mi mundo se caería por completo y no ha sido así del todo. Obviamente verle al lado de su esposa o paseando de la mano de sus hijos me duele, me duele porque siempre me imaginé que todo eso solo lo haría conmigo. Pero en honor a la verdad la mayoría del tiempo no sé ni que pensar, supongo que este tiempo alejada de todo me vendrá bien para pensar en eso - me encojo de hombros.
- Te mereces a alguien mejor - y le sonrío porque se ha notado tanto lo sincera que ha sido esa afirmación que se me ha encogido hasta el corazoncito que he llegado a pensar que no tenía.
- ¿Puedo pedirte algo? - me mira extrañado y yo continuo hablando - no le digas a mi familia donde estoy - su cara es de total desaprobación - lo haré yo, lo prometo - intento tranquilizarle - pero lo haré en cuanto me sienta preparada.
Él solo asiente con la cabeza y el resto del viaje los dos nos dedicamos a nuestras cosas, yo miro por la ventana buscando formas a las nubes para no pensar y Derek no ha soltado su ordenador ni un solo momento, supongo que estará preparando su urgente reunión de hoy. No me había fijado, pero cuando pone cara pensativa es todavía más guapo.
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- Vaya - y por mi expresión es probable que piense que jamás he pisado un hotel como este, y aunque tal cosa está lejos de ser así lo que me ha impresionado no es tamaño de la suite en la que me ha alojado, a pesar de mi insistente negativa, sino lo bonitas que son las vistas.
- ¿A ti también te parece pequeña? - malditos ricos.
- No a mi me parece maravillosa, y las vistas - señalo el gran ventanal que deja ver una preciosa estampa todavía nocturna - jamás había visitado Praga y ahora que veo esto no entiendo porque.