Capítulo 42

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Ya es mediodía y cómo me he pasado la mañana del martes trabajando sin interrupciones he quedado con Celia para comer. Los martes sale a las doce y no trabaja por la tarde así que es ideal para que sea el día oficial de las citas de amigos. Avisaré a Adriel por si le apetece. Me pongo otra de las chaquetas que he rescatado de todos los modelitos que mi madre me compró y salgo pitando. Ups! Son las dos y hemos quedado a las dos. Siempre llego tarde, pero trabajar en el centro tiene sus ventajas con respecto a esto de desplazarse porque andando estás cerca de todos los sitios a los que quieras ir. Cuando ahorre lo suficiente quizás podría mudarme al centro, un piso chiquitito que me servirá para darle cobijo a todos los gatos que me encuentre. La soledad no podrá conmigo.

Entro sin tocar porque la confianza da asco y me lo encuentro discutiendo con aquel amable sirviente del jefe que conocí ya hace meses. En cuanto me ven se callan y me miran raro, supongo que será por el royo ese de la boda. - Hola Maik, - saludo desde la puerta - no sabía que estabas aquí - y menos mal que no os he pillado haciendo alguna acción cesurable, me gustaría añadir pero no lo hago porque el ambiente parece demasiado tenso como para aceptar algún tipo de broma.

- Hola preciosa - se acerca y deja un beso en cada una de mis mejillas.

- ¿Pasa algo? - me pregunta Adriel desde su sitio todavía, está extraño y tiene cara de pocos amigos. No sabía que estos tuviesen algo serio, cada día tengo menos información de lo que está pasando en las interesantes vidas de mis colegas. Pensé que éramos como hermanos o algo así.

- Venia a invitarte a comer. He quedado con Celia y como hace mucho que no estamos los tres juntos, no sé, por si te apetecía. - se calla y mira a Maik, tal vez tuviesen planes - Si no puedes no pasa nada, quedaremos otro día - me apresuro en decir. No quiero que la cosa se ponga más fea de lo que parece que está, por lo menos que no me pille a mí aquí dentro.

- No, me parece un plan estupendo - doy saltos para celebrarlo y ellos se ríen pero sin muchas ganas, definitivamente tienen algún problema.

-¿Quieres venirte Maik? - está feo invitar al embolado de tu amigo, pero me parecía grosero no decirle nada. Soy muy educada aunque de vez en cuando pierda las formas, no siempre puede estar una perfecta.

- No muchas gracias linda, no puedo. Otra vez será. - coloco una mueca triste en mi cara aunque por dentro esté muriéndome de la felicidad porque volveremos por fin a estar los tres solos, que planazo - ¿Puedes dejarnos un segundo?, ahora te lo mando - yo salgo sin decir nada, intuyo que querrán acabar su discusión. Como buena espía profesional me quedo en la puerta que he dejado un poquito abierta... ¿qué pasa?, es mi amigo y me preocupo por él. Además, otra cosa os digo, algo tenía que haber aprendido de todos esos paparazzis que me llevan siguiendo tantos años.

- Ni se te ocurra... - el que da voces es Maik. Que poco me pega con él esa actitud, bueno la verdad es que tampoco le conozco tanto pero no me tenía pinta de ser así.

- Baja la voz imbécil - el que le reprocha su tono es Adriel. Y me fastidia a mí, reportera de puerta, porque ya no he podido escuchar nada más.

Disimulo cogiendo el móvil y mandándole un mensaje a Celia para avisarla de que estamos llegando en cuanto escucho pasos que se acercan a la puerta. ¿Qué se hacía antes para disimular?, la tecnología nos ha salvado también de esto. Llegaremos pronto, seguro que Celia ni se entera de que todavía no habíamos ni salido del edificio.

- Vamos - dice Adriel que no se para ni a esperarme. Tengo que perseguirlo hasta el ascensor que con estos tacones y a esta velocidad es casi un deporte de riesgo.

Le interrogo en cuanto cruzamos la puerta de la calle y dejamos atrás a todos los medios de prensa que siguen encaramados al gran edificio. - ¿Cuándo me ibas a contar que había algo entre Maik y tú? - Hago que se detenga, aleluya.

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