Cuando el reloj de mi teléfono móvil marcó las diez de la noche, supe que debería revisar a Kelsey. Aún no confiaba en ella y, sinceramente, no creía hacerlo nunca.
Caminé por el extenso pasillo apagando las luces a mi paso. Coloqué la contraseña para entrar a la habitación de Kelsey y, cuando la puerta se abrió, pude verla sentada en la cama mirando un punto fijo en la habitación. Aclaré mi garganta, acercándome hasta donde ella estaba.
—¿Tienes hambre? —Pregunté.
No recibí respuesta alguna.
—Contesta, maldición. —Dije al borde de gruñir.
Ella me observó sin ninguna expresión, más no dijo nada. Su mano derecha estaba esposada y la otra sólo reposaba sobre su pierna como si estuviera muerta. Apreté los labios intentando tranquilizarme.
—Necesito...necesito salir. —Murmuró.
—Eso no ocurrirá, Beckman. —Respondí, apagando la televisión a continuación.
—Pe-pero...salir al patio trasero. ¿Puedes llevarme hasta allí? —Insistió. —Prometo que no haré nada.
La miré de reojo, frunciendo el ceño lentamente. ¿Qué demonios estaba ocurriendo?
—No, no irás a ningún lado.
Sin más salí de allí, cerrando la puerta a mis espaldas. Me apoyé en ésta y la oí maldecirme para luego romper a llorar. Viré los ojos; luego me arrepentiría de lo que estaba a punto de hacer.
Volví a entrar y rebusqué en mis bolsillos la llave para quitarle las esposas. "¿Qué estás haciendo, Justin?" pude oír en mi cabeza, sonaba como la voz de mi padre.
—Sólo serán diez minutos, luego te regreso aquí y dormirás toda la noche sin lloriquear como una niña. —Le dije, a lo que ella asintió.
Guardé las esposas y comencé a caminar con Kelsey, tomándola del brazo. El pasillo estaba oscuro y silencioso. Podía oír la respiración entrecortada de ella, y sentía su temblequeo bajo mi mano. Apreté los labios por enésima vez, para luego abrir la puerta francesa que daba directo al patio trasero.
En él había una piscina, mesas, sillas, varias latas de cerveza y colillas de cigarrillo en el suelo, y por supuesto un jacuzzi. Kelsey se soltó aprovechando que no estaba mirándola y se sentó al borde de la piscina, quitándose las zapatillas y sumergiendo sus pies en el agua helada.
Solté un suspiro de frustración y caminé hasta ella, sentándome en una de las sillas. Observé cómo intentaba arreglar su cabello viéndose en el reflejo del agua, lo cual me pareció estúpido porque así se veía bien. Relamió sus labios y por fin me miró.
—¿Qué hora es? —Preguntó curiosa.
Saqué mi teléfono móvil de mi bolsillo y miré.
—Diez y cuarto. —Respondí sin mucha importancia.
Kelsey asintió.
—Mira el cielo. —Soltó de repente, subiendo su mirada. —¿Puedes ver alguna estrella?
—Sólo veo que pasa el tiempo. —Dije, ella viró sus ojos.
—No tienes que ser tan estricto, te he dicho que no haré nada malo.
—No puedo confiar en ti.
—¿Por qué no?
Clavó sus ojos en los míos y sentí ganas de enumerar cada maldita razón por la que detestaba su forma de ser y sus intentos por manipularme.
—Porque no. Van cinco minutos. —Advertí, encendiendo un cigarrillo segundos después.
Ella sólo me fulminó con la mirada y yo miré hacia el cielo, justo como ella había hecho antes. En realidad, no podía ver ninguna puta estrella. Las nubes cubrían gran parte del cielo nocturno y detestaba aquello, porque significaba que probablemente comenzaría a llover más tarde. Y, casi siempre, la lluvia era acompañada por los truenos.
—Bien, vamos. —Dije, levantándome de la silla.
—De acuerdo. —Murmuró, pero no se movió de donde estaba. —Ven por mí.
Kelsey tomó impulso y se lanzó a la piscina. La maldije entre dientes y arrojé el cigarro al suelo, pisándolo con fuerza y caminando hacia la piscina.
—Beckman, no estoy jugando. Sal de ahí o juro que te daré un puñetazo. —La amenacé.
—El agua está perfecta. —Canturreó sin importarle nada.
Tanteé mi arma, pero algo dentro de mí no me permitió utilizarla. Kelsey estaba sonriendo por primera vez desde que la habíamos secuestrado, y sabía que no era nada bueno porque parecía una jodida drogadicta, pero por alguna razón no quería que dejara de hacerlo.
Dejé mi teléfono móvil, mi arma y las esposas sobre la mesa y me arrojé al agua, sintiendo el frío invadirme por completo.
—Kelsey. —La llamé al no poder hallarla en la superficie.
A decir verdad, jamás me había gustado nadar ni pasar el tiempo en el agua. No tenía muy buenos recuerdos para disfrutar como los demás.
Sentí dos pequeñas manos en mis hombros y una risa ensordecedora adentrándose en mis oídos. Di media vuelta y la vi; parecía no importarle si vivía o moría. Parecía no querer volver a la realidad.
Tomó mi mano y me acercó hacia ella, mordiéndose el labio con lentitud.
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Rom.
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Su víctima»Jb. |Finalizada.
FanfictionProhibida su copia y/o adaptación total/parcial.