Capítulo 44. "Ayuda"

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Sus manos temblaban a medida que me hablaba.

Podía sentir mi corazón latir a toda velocidad, casi como si quisiera escapar de mi pecho...y aún así no me sentía viva.

-¿Estás lista, Kelsey?-Preguntó Leah, observándome de reojo.

-Yo...no, no podemos separarnos ahora, Leah.-Dije, reaccionando ante sus palabras-Si tú vas, yo voy. Si perdemos, perdemos las dos.-Sentencié, tomándola de los hombros.

Ella se quedó en silencio, dirigiendo su mirada al suelo y moviéndose nerviosa. Pero entonces soltó un suspiro y obligó a que me alejara, contemplando mi alrededor con ansiedad.

-Viene un auto, agáchate.-Susurró y lo hice, apoyándome en la fría pared.

-No hagas ninguna locura...

-Está bien, de acuerdo. -Murmuró.-No entraremos, no podemos arriesgarnos.

Fruncí el ceño.-¿Estás loca? Ésta es nuestra última oportunidad, quizás alguien nos ayude...-Hice una pausa-...sé que aún quedan personas buenas.

-¿Y si Ryan está aquí? ¿Y si nos están buscando por toda la maldita ciudad?-Preguntó en un susurro ahogado.-Kelsey, si ellos nos encuentran...

La interrumpí.-No lo harán...confiemos en ello.

El auto que anteriormente habíamos visto llegar estaba ahora marchándose del lugar. Estaba claro que no podían encontrarnos, habíamos caminado tantas horas que era imposible que nos rastrearan. Y aquella gasolinera no era, precisamente, un lugar para estar a salvo.

En cuanto el auto se perdió entre los árboles y la poca luz del amanecer, nos levantamos y tomé a Leah de la mano.

En ese momento no me importaba nada, sólo volver a casa. Era un sentimiento de cansancio y confusión, mezclado con el miedo absoluto por ser lastimada.

Conté hasta diez mentalmente y salí de aquel escondite improvisado, sintiendo el aire frío chocar contra mi rostro.

El edificio era viejo y estaba un tanto arruinado por la humedad, tenía un teléfono público y varias máquinas expendedoras. A medida que nos acercábamos, mis piernas temblaban cada vez más; confiar era lo único que podía hacer en un momento así.

Por la pequeña ventana divisé a un tipo. Éste tenía una gorra azul y una chaqueta gris de algodón. Era alto y parecía ser un tanto robusto...aquellas características sólo habían logrado asustarme más de lo normal.

Y no me culpaba... ¿Cómo no asustarme cuando tenía todo en mi contra?

Miré a un costado y, con suma delicadeza, tomé una botella de vidrio vieja que reposaba en el suelo, a un lado de la puerta de entrada. Leah me observó atenta y asintió como si ella hubiera hecho exactamente lo mismo.

Los escalofríos no tardaron en llegar a mi cuerpo. Nuevamente conté hasta diez y empujé la puerta de vidrio, adentrándome al lugar y sintiendo, por primera vez en mucho tiempo, un alivio que amenazaba con transformarse en un miedo estremecedor.

El tipo robusto nos observó con su ceño fruncido, a la vez que llevaba su mano derecha a su pecho. Sus ojos se clavaron en mí y entre-abrió la boca en señal de sorpresa.

-¿E...eres tú? -Preguntó en un balbuceo. -¿Kelsey Beckman?

-Ayúdeme por favor... -Rogué, dándole a Leah la botella y acercándome al mostrador.

-No puedo creer esto... ¡Soy millonario!-.Dijo en un grito y soltó una carcajada, haciéndome retroceder. -Hay una gran recompensa por ti y yo la ganaré...este debe ser mi día de suerte.

Su víctima»Jb. |Finalizada.Where stories live. Discover now