El día de la cena había llegado.
Jamás me había costado tanto salir de la cama, ni siquiera para ir a la preparatoria. Y es que el solo hecho de saber que debía levantarme para cocinarle a personas con las que nadie se atrevería a cruzarse me ponía los pelos de punta. Bueno, mafiosos y mujerzuelas...
No, no me había olvidado de que había dos o quizás más mujeres invitadas a la "cena importante" de hoy. No había olvidado que me tratarían como a una sirvienta. No había olvidado que debía cocinar para cinco personas sin siquiera tener experiencia. No había olvidado las amenazas, el miedo que sentía cada vez que me acercaba a ellos, la forma en la que me miraban para hacerme sentir inferior...
Definitivamente, jamás olvidaría esta noche.
Así que sólo me limité a conservar esperanza, y con aquello en mi mente logré levantarme, asearme, sentirme un poco mejor en medio de semejante caos.
Y ahora me encontraba cubierta de harina de la cabeza a los pies. Si bien había dicho que podía cocinar, no había pensado que me costaría tanto, y tal vez por eso estaba pagando las consecuencias de meterme donde nadie me había llamado.
Justin había salido hacía unos diez minutos y, al notarlo distante y enojado, había decidido no molestarlo esta vez. Ryan, al contrario de su socio, estaba tan de buen humor que me había sorprendido al pedirme por favor que le preparara café.
Nunca lo hubiese imaginado.
Parpadeé varias veces antes de seguir amasando como una criada. Nadie entendería jamás mis ganas de echarle veneno a la cena y salir de allí lo más pronto posible. Pero debía esperar; al final de esto, mi padre vendría por mí y yo misma me encargaría de que Justin y Ryan pagaran.
Al tener la cena lista, la dejé en el horno y me dispuse a limpiar mi rostro y mi ropa. Tomé un paño húmedo y lo pasé lentamente sobre mi piel, quitando el resto de harina. No era una suciedad excesiva, claro, pero se notaba.
Oí la puerta principal abrirse y no quise salir de la cocina; era extraño sentirme de esa forma, no tolerar el hecho de que me vieran. Algo estaba cambiando en mí y lo odiaba.
—Te traje algo. —Dijo Justin, adentrándose por el umbral.
—¿A mí?
—No, a mi abuela. —Negó con la cabeza, dejándome ver una bolsa. —Ten.
Tomé la bolsa con cautela y revisé su interior; era un maldito idiota.
—¿Qué es esto? —Pregunté atónita, sacando lo que parecía ser un disfraz.
—Es lo que usarás hoy en la cena.
—Es un jodido disfraz. —Solté sin siquiera pensarlo.
—Lo es, y lo usarás sin protestar. —Dijo, acercándose amenazante hacia mí.
—Justin no hay forma de que pueda usar esto. —Negué con la cabeza, bajando la mirada.
Sabía que sus ojos estaban clavados en mí, pero no me importaba. Aquello no era sólo un disfraz, era vulgar y, de seguro, dos tallas menos que la mía.
—No te lo pregunté, Kelsey. O lo usas, o sufres las consecuencias. —Continuó.
Pude sentir sus manos subiendo por mis caderas hasta mi cintura, levantando con rapidez mi blusa.
—B-bien...
—Así me gusta. —Se alejó, tomando una manzana. —Y no olvides que, si intentas algo esta noche, te mataré yo mismo.
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Su víctima»Jb. |Finalizada.
Fiksi PenggemarProhibida su copia y/o adaptación total/parcial.