Capítulo 18. "Sirvienta"

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Kelsey.

Jamás lo había tenido tan cerca de mí.

Y no sólo eso, jamás había estado tan segura de mis palabras y de mis acciones.

—Esto es extraño...—Susurré, tomando su mano.

—Tienes que dejar de jugar o lo que sea que estés haciendo. —Dijo él de la misma forma. Sonreí.

—No estoy jugando, es más, presiento que moriré muy pronto. —Respondí con sinceridad. —Ryan venderá mi cuerpo y prefiero que me mates ya.

—Nunca dije que te venderemos, Kelsey. —Suspiró. —Pero tienes que colaborar.

—Haré cualquier cosa que me pidan. —Clavé mis ojos en los suyos. —Pero tienes que confiar en mí.

—No puedes pedirme eso. —Negó, alejándose un poco.

—Quiero hacer un trato contigo.

Él frunció el ceño, quedándose estático. Sus ojos vagaban por cada centímetro de mi rostro, como si buscara alguna señal que lo hiciera ponerse a la defensiva y así poder acabar con todo esto.

—¿Un trato? —Preguntó. —Te escucho.

—Bien...sé que no debería, pero sé que estaremos aquí por mucho tiempo, y no quiero estar encerrada de esta forma. Somos jóvenes, Justin, quiero divertirme, vivir siquiera. —Expliqué. —Por eso me preguntaba si...tal vez...

—Ve al punto, Beckman.

—Pues...si ustedes dejan que salga de esa habitación, yo podría cocinar, asear y cualquier cosa que quieran. —Bajé la mirada, sonrojándome levemente. —Eso...

—No es tan mala idea. —Sonrió, comenzando a caminar y llevándome consigo.

Salimos de la piscina y el frío invadió mi cuerpo por completo. Justin tomó sus cosas, entre ellas su arma, y nos adentramos de nuevo a la gran casa. O bueno, mansión. Abrió un armario y sacó una toalla, entregándomela.

—Ten, no puedes enfermarte ahora.

La tomé sin dudarlo y me cubrí con ella, intentando regular mi temperatura corporal. Caminamos nuevamente por el pasillo hacia la habitación del infierno y él hizo que yo entrara.

—¿Prometes que pensarás sobre el trato? —Pregunté antes de que él me encerrara.

Me miró. —Yo no prometo, Beckman. —Soltó con una pizca de seriedad. —Pero lo pensaré.

Cerró la puerta y pude sentir unas inmensas ganas de sonreír, aun cuando creía que mi vida no podía ser peor.

Justin.

Despeiné mi cabello luego de estar dos horas discutiendo con mi propia mente. Podía oír desde aquí los ronquidos de Ryan. ¿Cómo le diría a ese maniático que Kelsey estaba dispuesta a ser una "sirvienta" sólo para salir de esa habitación? Porque no era tan mala idea, realmente no lo era.

A decir verdad, necesitábamos de una sirvienta, pero era muy arriesgado contratar a alguien. Nadie podía saber que Kelsey Beckman estaba cautiva en la mansión...demonios, debía pensarlo bien y mucho más.

A la mañana siguiente, desperté por el ruido de mi teléfono móvil. Observé la pantalla y el nombre de Jeremy se hacía presente en ella.

—¿Qué pasa? —Contesté, tallando mis ojos.

—Hijo, ¿Cómo va todo? —Preguntó con una clara felicidad fingida.

—Más que bien, Jeremy. —Respondí, caminando hacia uno de los ventanales y observando hacia afuera. —Estamos haciendo todo tal como lo pediste.

—Asombroso. En realidad, llamaba para informarte lo que ha ocurrido hoy en la madrugada. —Explicó, haciéndome fruncir el ceño levemente.

—¿Hoy en la madrugada?

—Verás, hijo, la esposa de Beckman tuvo un accidente y está en grave estado. Uno de mis guardaespaldas chocó el auto en el que ella viajaba.

—Ya veo...—Cerré los ojos con fuerza, intentando tranquilizarme a mí mismo.

—Me gustaría que se lo dijeras a la niña...ya sabes, no viene nada mal estropearle los pensamientos. —Carcajeó.

Aclaré la garganta.

—Eso haré. Hasta luego.

Colgué la llamada y solté un suspiro frustrado. No me importaba en absoluto la madre de Kelsey, pero sabía que ella no querría vivir si le dijera que su madre estaba a punto de morir por un accidente de auto. Bueno, "accidente".

Subí las escaleras en busca de Ryan, dispuesto a plantearle el trato que Kelsey me había propuesto. Me adentré a la habitación en la que supuse que estaba y él me observó, dejando su teléfono móvil de lado.

—¿Por qué esa cara, Bieber? —Preguntó, frunciendo el ceño.

—El caso es que tenemos una buena oferta de nuestra víctima, Ryan. —Comencé a explicar, sentándome en la silla de escritorio. —Quiere que la dejemos salir de la habitación en la que está y, a cambio, ella cocinará, aseará y demás. Creo que será bueno tenerla como sirvienta.

—¿Eso se le ocurrió a ella? Vaya...no lo sé, amigo. —Alargó. —¿Y si está buscando el momento justo para huir? Perderemos la cabeza, ¿Sabes eso?

—Ryan, no tiene ninguna oportunidad para salir de aquí. Ella sabe que tenemos armas, sabe que le haremos daño si intenta algo.

Él rascó su cabeza.

—Tienes razón, pero si quiere hacer el papel de sirvienta, entonces será tratada como una. —Alzó sus hombros.

—Exacto.

—Bien...tenemos un trato.


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Rom.

Su víctima»Jb. |Finalizada.Where stories live. Discover now