Capítulo 51 (parte I). "Revólver"

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Guardé aquella carta dentro de mi bolsillo y cerré la puerta de la oficina después de salir.

Me costaba asimilar lo que había ocurrido, sin embargo continuaba llorando porque no tenía otra manera de expresar lo que sentía dentro de mí. No había tenido en cuenta que, después de la caída, venía el impacto.

Observé de reojo al matón, quien estaba de brazos cruzados esperando a que me dignara a avanzar. Ahora llevaba un audífono en su oreja izquierda y una rara mueca que parecía gritarme que no me acercara o me mataría. Jamás había sentido tanto deseo por alejarme de alguien.

Solté un leve suspiro tras limpiar mis lágrimas y caminé, dispuesta a cambiarme de ropa. Aquel sweater gris me recordaba a casa, y los leggins negros que tanto detestaba ahora eran lo más cómodo para regresar. Aquello que tanto había deseado estaba por concretarse finalmente.

¿Había valido la pena huir y lastimar mi cuerpo? Un sí rotundo inundaba mi mente luego de esa pregunta, haciéndome sonreír de costado a la nada.

Había llegado el momento de volver con mis padres, de abrazar a mi madre y de demostrar que había sido fuerte a pesar de todo. Que por más obstáculos que me había tocado atravesar, hoy era una sobreviviente más...una de las pocas. Me había salvado de tantas injusticias que comenzaba a creer que era muy afortunada a pesar de haber sido secuestrada.

Eso me llevaba a cuestionarme si la suerte realmente existía o sólo estaba haciendo lo correcto.

Cuando entré en aquella habitación gris y vacía emocionalmente, supe que mi vida daría un giro de ciento ochenta grados. ¿Cómo sobrellevar los recuerdos después de haber estado encerrada tanto tiempo? ¿Cómo sanar las heridas físicas y mentales que me estaban carcomiendo viva? ¿Cómo vivir después de un secuestro?

Tomé mi sweater y me lo coloqué, cerrando los ojos a continuación; alcé mi mano temblorosa y coloqué un mechón de mi cabello descuidado detrás de mí oreja, sintiendo mi labio temblar por enésima vez. Me senté en la cama y me coloqué mis botas, atormentándome a mí misma con los tétricos recuerdos que llegaban a mi mente.

Aún conservaba una pequeña pizca de aquella chica que llamaba la atención en la preparatoria. Era tan orgullosa que pocos toleraban mis actitudes, incluyendo a los adultos. Era tan irónica y sarcástica que había hecho llorar incontables veces a las personas que me rodeaban, insistiendo que no había sido mi intención aunque, claro, lo era. Y ahora sólo me sentía avergonzaba por no haber aceptado que no era superior a nadie, sino exactamente igual.

Era tan igual a todos que había caído a un vacío existencial inexplicablemente tormentoso.

Aclaré mi garganta y comencé a caminar hasta la puerta de la habitación, dándole un último vistazo con mi ceño fruncido. Allí habían sucedido muchas cosas, sin embargo sólo recordaba mis días en soledad con los ojos puestos en el techo. Recordaba mis muñecas adoloridas por estar esposada varias horas, ahogándome en mi propio llanto. Recordaba el desastre que había hecho por no obtener lo que quería.

Quizás sólo eran esos momentos los que querían quedarse en mi cabeza, así que, para no enloquecer completamente, decidí dar media vuelta y salir.

Mi cuerpo enteró se tensó cuando no vi al matón aguardando por mi presencia en aquel pasillo. Éste me observó atento e hizo un ademán con sus manos, indicándome que lo siguiera. Sus pasos acelerados eran lo suficientemente rápidos como para poder seguirle, así que me mantuve cabizbaja detrás de él.

Desde hacía varios minutos estaba oyendo ruidos provenientes del exterior de la mansión. Suponía para mí misma que Justin estaba yéndose o que simplemente estaban preparándose para la llegada de mi padre. Me asustaba el solo hecho de pensar que podían lastimarlo sin razón aparente.

Su víctima»Jb. |Finalizada.Where stories live. Discover now