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Narra jimin
 

Habían pasado dos semanas de aquel trágico día. El señor Jang ha declarado el luto en la academia por tiempo indeterminado. Seguimos trabajando, pero las actividades han sido pospuestas.  Nana no habla conmigo y se ha rehusado a contestar mis mensajes. En parte la entiendo. No voy a juzgarla por eso, pero la extraño. 
 

Creo que nunca la había visto tan triste, cómo cuando asistimos a despedir los restos de wonho. Eso me hizo pensar, en lo desecha que habría estado cuando ocurrió lo de su abuela. Me odié por ser tan pendejo. Yo tendría que haber estado allí con ella, ahora igual. Pero por lo visto, prefiere la compañía de Shownu y no la juzgo. Se ve a gusto con él y eso duele.

La he visto varias veces en su balcón. No hace nada. Sólo se queda allí, observando lo que fue el hogar de su amigo. Lo extrañará? Creo que sí... Incluso se me hizo escuchar su voz llamarlo a gritos. Aunque quizá fue producto del cansancio emocional y del cuerpo que últimamente se rehúsan a abandonarme. 
 

Hoy la ví en la academia. La primera vez en dos semanas que deambula sin custodia. Por un momento tuve el leve presentimiento de que estaba evitandome. Pero cuando me acerqué a ella, dejó que la abrazara y la besara tanto cómo mi corazón me lo exigía. Luego, de la nada. Volvió a su postura hostil y se apartó alegando de que no quería que nos vieran y que me buscaría más tarde. 
 

Eso nunca pasó. La esperé todo el día pero no apareció.
 

***
 

Los nervios amenazan con perforar mi pecho. No puedo dejar de pensar en ella, en el dolor que debe estar soportando sola y en la enorme estupidez que está por hacer. Shownu es un mujeriego, altanero, sí... Sabe cómo soportar los desplantes de Nana y por lo visto es un buen padre. Las chicas suspiran por él y... Bueno, detesto no encontrarle tantos defectos cómo quisiera. No sé, una doble vida o un fetiche de golpear a las mujeres. Algo! Que me sirva para alejarla e impedir que se case. Pero nada... 
 

Y lo sé! mi pensamiento es más estúpido que su actitud. Ella no dejará su vida por mí, me lo advirtió, ya me superó y en cualquier momento dará vuelta la página para dejarme otra vez atrás. Pero yo también dejé mis cartas sobre la mesa y sabe que no la dejaré ir tan fácil. 
 

Ojalá tuviera esa facilidad para seguir adelante. Pero presiento que ahora, a pesar de haber compartido sólo algunos días con ella, olvidarla se me hará más difícil que antes. Esta vez, la siento clavada en cada célula de mi cuerpo. En mi cabeza, en el pecho y todo aquello que respiro. 
 

***

Son las seis de la mañana y a penas he logrado pegar el ojo. Habrá Sido una hora, quizá menos. Pero el bip bip del celular me despierta de tal manera que doy un salto de la cama. 
 

"Hice vainillas
 

Es lo único que llego a leer antes de correr hasta el departamento de al lado. Mis manos tiemblan al tocar el timbre pero logro mantenerme firme. 
 

Ni bien la puerta se entorna. El aroma a vainilla recién horneadas me invade y me hace soltar un suspiro. Ella me recibe con una sonrisa y creo que olvido toda la preocupación y molestia que sentí durante el día. Ella me hace olvidar todo. 
 

—pasa— dice haciéndose a un lado para darme lugar. 
 

Luce tranquila, demasiado tranquila y eso me descoloca. Yo estoy a punto de tener un derrame cerebral por todo lo acontecido y ella... No sé, actúa cómo si nada. Natural, satisfecha. 
 

—la niña volvió?— niega con un poco de tristeza. Quisiera poder ayudarla. Al menos, servirle de algo. Pero soy inútil y eso ya lo ha dejado en claro cuando decidió casarse.

—ven, te hice el desayuno

Camina muy campante a la cocina. Su actitud me perturba cada vez más. A ver... Hasta hace unos días, dijo que se casaría con Shownu. Después, mientras que su amiguito le daba de golpes, ni se inmutó. Sólo se quedó sentada observando su taza de té, cómo si fuera lo más interesante del mundo. Fría, sin sentimientos aún sabiendo que su futuro esposo estaba siendo magullado frente a ella. Después, lloró a mares por wonho frente su prometido para volver a tomar su actitud defensiva de siempre y ahora se demuestra cómo si no hubiera pasado nada. Me mira y me habla cómo si no hubiera roto mi corazón, cómo... Si todo lo sucedido hubiese sido producto de mi imaginación. Eso no es normal! Ella no es normal!

La sigo y me quedo parado en el marco de la puerta. Por instinto, cruzo los brazos sobre mi pecho para impedir que mi cuerpo actúe por sí solo y busque abrazarla, porque sí... La veo y mecánicamente quiero tocarla, besarla y no lo resisto.

La veo revolver su taza con una vainilla, la levanta pero queda con la boca abierta porque esta cae dentro del chocolate. —olvidaste cómo hacerlo?— no me había dado cuenta de lo infantil que luce cuando está frustrada. Su entrecejo se arruga y sus labios crean una trompa pequeña. Suspiro. Quiero darme de golpes por derretirme tan fácil.

—en lugar de burlarte ven a enseñarme— me regaña con la mirada y ese es mi límite. Definitivamente, esta mujer podría acabar conmigo si lo quisiera. Me desarma, me debilita y me quita la energía con sólo dejarme apreciar esas muecas tan hermosas que hace para hablar.

Sin decir nada, me paro junto a ella y tomo una taza de chocolate. Huele delicioso.

—tienes que hacerlo rápido y evitar mojarlo demasiado— tomo una de las galletas y le enseño cómo debería hacerlo. Ella observa con atención cuando logro meterlo en la boca y al oírme gemir gustoso, eleva una de sus comisuras en una media sonrisa algo perversa.

—pensé que te gustaba bien mojadita— susurra y mis piernas tambalean. —las vainillas, claro.

Intento perderme en el sabor del chocolate mezclado con la galleta. Pero mi cabeza me traiciona y no puedo evitar tragar duro para dejar que el aire de mis pulmones salga con urgencia. —si lo mojas mucho, la galleta se rompe— finjo inocencia a su comentario mal intencionado y vuelve a sonreír. Me encanta cuando lo hace.

Nos quedamos en silencio mientras devoramos nuestro desayuno casi empalagoso. Ella no deja de mirarme y presiento que quiere decir algo, pero no llega a hacerlo.

La sigo nuevamente a la habitación. Esta vez, me animo a entrar y me siento sobre la cama mientras ella se desviste frente a mí quedando sólo con la ropa interior. 
No sé qué tan fácil debo parecerle o que tan estúpido soy ante ella. Pero me siento un completo idiota que utiliza y no se cansa de usar. Quiero enojarme por eso, mostrar un poco de orgullo pero ella acorta la distancia y mi mundo se voltea.

Sí, soy fácil. 

Otra vez, tengo esa sensación de que quiere decir algo. Su boca se abre y se cierra pero las palabras no salen. —qué sucede?— tomo su mano y ayudo a sentarse en una de mis piernas. Tiembla y me gustaría creer que lo hace al sentir una de mis manos en su espalda desnuda. Pero no, la siento tensa, asustada y eso comienza a alarmarme. —Nana, si algo te pasa. Sea lo que sea, puedes confiar en mí. Mírame— tomo su mentón para que me sostenga la mirada. Lo hace por una fracción de segundo y vuelve a enfocarse a la nada. —me duele sentir esa lejanía en tus ojos. Cómo si no quisieras estar conmigo, cómo si te sintieras obligada.

—me casaré, con Shownu. Si fueras sensato, no estarías aquí.

—tú me llamaste!— le recuerdo

—quería verte por última vez. Esto es algo egoísta de mi parte. Pensar en mis deseos sobre los sentimientos de los demás. Pero, por primera vez me siento vacía. No quiero hacerte esto, tampoco puedo evitarlo.

—no me alejes...— pido en tono tímido.

—entonces, lo haré a la fuerza.

Siempre Fuiste Tú [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora