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—crees en el destino?— el hombre frente a mí, levanta una ceja en alto

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—crees en el destino?— el hombre frente a mí, levanta una ceja en alto. Ese acto de diversión me advierte que está convencido que mi pregunta le llevará más tiempo del planeado en contestar. —digo... Crees que el amor puede perdurar a través del tiempo? Mantenerlo congelado, hacer tu vida sin necesidad de estar con esa persona, pero un día... Aparece y te sobra el instante que lo ves, para cambiar por completo de parecer?

—eso sólo pasa una una vez, Nana. Con el amor que arrancan de tu vida de manera trágica, dejando esa asignatura pendiente. — bebe un sorbo de su café y revoleando los ojos en busca de algo que acotar, sentencia. —a todos nos pasa. Yo también me enamoré una vez. Volví a verla después de muchos años y aunque quise evitar ese sentimiento, terminé envuelto en sus redes por segunda vez.

—pensé que estabas soltero.

—ella sigue igual que siempre. Ignorando mi existencia— siento pena por el tono que usa. Si el amor ya de por sí, es doloroso. No imagino cómo sería uno no correspondido. —estoy seguro que eso no era lo que me querías preguntar.

—no— confirmo y bebo un trago de mí té. —tú... Sabes si mi madre tenía algún enemigo, enemiga... Alguien que quisiera lastimarla?

Inhala y exhala profundo antes de continuar. —desconozco lo que era la vida íntima de tu madre. Ella era... Cómo tú. Un misterio— carcajeo ante su comparación. —pero no lo creo. No era una mala persona, todo el mundo amaba a Hanna. Es difícil pensar en la probabilidad de que alguien la viera cómo un enemigo.

—mi abuela, estaba segura que su muerte no fue accidental y tengo la sospecha que tú, piensas igual— suelta el aire de sus pulmones dejando que el humo de su cigarrillo salga creando una bruma entre los dos.

—hanna... Había dicho que se sentía vigilada. Que había alguien que la acosaba. Que inventaba cosas para hacerla quedar mal. Pero nunca se supo si esa persona existía.

A veces me siento así, cómo si hubiera alguien vigilando mis pasos. Atento a todos mis movimientos, escuchando y creando historias para la que la gente me odie. —si Soomin hubiera existido en ese tiempo, juraría que se trataba de ella.

—soomin? Es sólo una niña, lo único que sabe hacer bien, es traer y llevar chismes, es igual a su madre— algo dentro de mí se remueve. Presiento que sabe más de lo que dice. Pero prefiero ignorarlo.

—Conoces a su madre?

—mmm...—ladea la cabeza, cómo si dudara en contestar. —es una mujer extraña.

—en ese tiempo, crees que...— suspiro conteniendo la pregunta. No estoy segura si debería plantar una duda de esa magnitud, cuando hay mucho que desconozco. —crees que ella podría querer lastimar a mi madre?

—porqué lo haría?— su pregunta me deja en evidencia. Sonrió para evitar acotar algo de lo que no estoy segura si debería aclarar —las ví discutir algunas veces, pero la verdad no creo que haya sido para tanto— cierra los párpados absorbiendo el aroma de su taza casi vacía y los vuelve a abrir en mi dirección. Su mirada es serena, pero se siente cómo si estuviera atacando cabos. —desconfía, Nana. Desconfía hasta de tus amigos. Aquí, hasta aquellos que poseen un cargo alto, tienen algún muerto en el closet.

Siempre Fuiste Tú [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora