Presencia

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Te estás quedando sin batería.
Y te estás quedando sola.
Estás desesperada por sentirte suficiente para alguien que no ha notado tu presencia desde hace meses y que probablemente no podría quererte jamás.
Crees que no vales la pena y te pones a llorar a mitad de la noche, cuando tu llanto es absorbido por tu almohada, mientras el silencio te cercena la conscienca. Lloras asustada y a escondidas porque tienes miedo de que alguien te atrape derramando fragmentos de tu alma que desprenden tus lágrimas. Tienes miedo de dar explicaciones.
Miras la hora y prometes no volver a llorar, sabiendo que dos días después volverá a pasar.
Estás triste por suceder.
Te ves al espejo, pero no estás ahí, no logras ver vida en tus pupilas, y comienzas a llorar.
Crees que sobras, que no haces falta, que las nubes no te notan, o que la felicidad no fue hecha para tí.
Te molesta que la gente sea feliz, pero pretendes que es algo que te alegra.
Dices que el amor no está en tu lista de intereses porque es más probable que arruines algo antes de que si quiera empiece y eso te asusta más que no llenar las espectativas.
Te estás quedando sin ganas.
Te estás quedando sola.
Estás empeñada en simular que lo que pasa en tu vida no te afecta y te escondes en cosas efímeras.
El peso de tus decisiones recae sobre tu espalda y te acerca más al piso frío dónde te sientas a llorar después de que alguien hizo un mal comentario sobre tí.
Te ves al espejo. Pero no logras verte.
Estás tan aferrada a tu soledad, por miedo a que te rompan el corazón otra vez, que no te das cuenta que puedo curarte y amarte al mismo tiempo.
Mientras tanto, tu sigue intentando que él note tu presencia, y yo intentaré que tú notes la mía.

Todo acabóDonde viven las historias. Descúbrelo ahora