18 años

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Estoy admirando el majestuoso mundo que me ha visto crecer.
Que me arropa como nadie, que me ama incondicionalmente y que me hace mierda mañana tras mañana simultáneamente.
Camino por su espalda todos los días, sin ningún objetivo que no sea encontrar paz.
El mundo miente, el mundo engaña y traiciona.
Pero también ayuda, salva y ama.
Cada estrella nace para iluminar una vida.
Bailo con la luna en una noche fría y oscura.
Me pierdo en sus pasos y en su vestido blanco.
Estoy admirando el mundo que me ha visto crecer con la esperanza de que sea él quién vea morir al otro.
Estoy expuesto al mundo que me ha visto crecer, que me ha visto llorar y reír.
Olvidándose de mi, como lo hará de tí.
No crei que a mis 16 años, me daría mi último abrazo con sabor a amargura y una palmada en la espalda que me decía que todo estaría bien.
Dos años después, qué en realidad es un abrir y cerrar de ojos, me estampé contra un muro.
Me fragmenté, y mis piezas se desperdigaron por el pecho del mundo.
Ahora estoy admirando lo insignificante que soy, y el poco valor que poseo.
Quizá, solo por eso buscamos ser el mundo de alguien más, para no sentirnos tan malditamente diminutos.

Todo acabóDonde viven las historias. Descúbrelo ahora