¿Alguna vez te has preguntado cómo sería tu vida si formaras parte de un cuento de hadas? Jillian no. Nunca. Ni en sueños. Tenía una familia genial, un hermano genial, amigos geniales. Una vida por la que no necesitaba fantasear con historias sobre...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—No debe pirderse... il sabor... de esa postre... Es incredibile —leyó Nigel en voz alta. Despegó los ojos de la hoja y me miró con las cejas levantadas, esperando mi aprobación.
Sonreí.
—Ya lo tienes, casi lo logras...
Levi ahogó una risita. Estaba sentado en el asiento del conductor, jugando con su celular.
—Si... ya lo tienes Ni-Ni, ya lo tienes —se burló, mirándolo por el reflejo del espejo retrovisor —. ¿Sabes lo que acabas de decir?
Nigel le sonrió y cambió la página de la revista que estábamos viendo, ignorándolo. Reí y encendí la pantalla de mi celular.
Llevábamos más de una hora encerrados en el estacionamiento del aeropuerto. Wesley y Emily regresaban de su viaje aquella tarde. Rafael había insistido en ser el único en ir, ansiaba, más bien, necesitaba hablar con mi hermano cuanto antes. Desde hace una semana, luego de que le contara lo que había sucedido con el príncipe comenzó a actuar de forma extraña; estaba de malhumor, siempre quería saber dónde me encontraba y respondía todas mis preguntas con un seco: "ahora no, Jills".
Callum no había querido venir. Al parecer, él y Rafael estaban peleados, porque ya no se hablaban. Todo se había tornado muy confuso. Levi se mantenía al margen, era tan neutral que no había forma de asegurar si sabía algo del tema o no. El único que no había cambiado ni siquiera un poco era Nigel, él se encontraba en la misma situación que yo. Aquello me hacía sentir mejor; al menos no era la única que no tenía idea de lo que estaba pasando.
—¿Dónde está Rafael? —le pregunté a Levi, mirándolo por el espejo. Él se encogió de hombros.
—Dijo que iría al baño.
—Ha pasado media hora...
Se encogió de hombros por segunda vez, como única respuesta. Resoplé, pero no volví a insistir.
—Jills, eres tú —exclamó Nigel de repente, enseñándome una fotografía de la revista.
—¿¡Qué!? —grité sobresaltada.
Le arrebaté la revista de las manos, tan fuerte y desesperadamente que la hoja que Nigel sostenía se rasgó por la mitad; se la quité también y la observé con atención. Mi imagen se encontraba junto a una de las fotos del príncipe. "La familia real no deja de sorprendernos", decía el titular de la nota. Con todo lo que estaba pasando entre los chicos de la banda, había olvidado por completo el episodio con el príncipe. Un nudo se formó en mi garganta. Tragué saliva y me dispuse a leer el artículo, pero Nigel y Levi ya tenían sus ojos puestos en mí, expectantes.
No podía dejar que lo vieran...
—¿Qui dice? —preguntó Nigel, mirándome con las cejas enarcadas.