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Diez minutos

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Diez minutos. Llevaba diez minutos observando el rastro de la gota de café que resbalaba por mi taza. Había pasado tanto tiempo con los ojos puestos en ese mínimo detalle, que ya no sabía si sería capaz de despegarlos de allí. Las voces de mis padres eran un simple murmullo incomprensible, apenas era consciente de que seguían conmigo. La televisión ya no estaba encendida, alguien la apagó. Quizá había sido yo o mis padres, pero no podía recordarlo. Mi mente se encontraba completamente en blanco. Nada. No había pensamientos, preguntas, palabras... Lo único en lo que podía concentrarme en ese momento era en cómo aquella gota de café se deslizaba tan tranquila por la taza, como si las cosas funcionaran como deberían.

—¿¡Cuándo pensabas decirnos!? —chillaba mamá.

—No, no, no —decía papá levantando una mano, actuando igual que un niño en la escuela que busca la atención de su profesor —. La pregunta aquí es: ¿cómo demonios ocurrió eso?

Yo seguía con la mirada fija en la gota, faltaba poco para que llegara a la base de la taza. Si antes estaba confundida por el beso robado en el café, ahora desconfiaba hasta de mi propio nombre. Tal vez esto se trataba de un feo sueño, las pesadillas solían hacer eso, torturarte con horribles sucesos inexplicables. Probablemente despertaría desconcertada en la mañana, abrasaría la almohada un buen rato y luego, cuando mi mente se estabilizara, le hablaría sobre eso a Levi, quien amaba escuchar las historias que mi inconsciente creaba.

Debí de haber sonreído mientras pensaba en ello, porque mamá se tiró del cabello y estampó una mano en la mesa para llamar mi atención.

—¿¡Siquiera estas escuchando, Jillian!?

Negué con la cabeza sin despegar los ojos de la taza. Ella bufó eliminando la poca paciencia que le quedaba en ese soplido. Papá me miró con las cejas fruncidas.

—¿Y qué pasa con Nigel? —preguntó con una meditada tranquilidad.

«Nigel»

La gota finalmente cayó y mi mente explotó.

—¡NO LO SÉ! —grité, poniéndome bruscamente de pie. Mi movimiento empujó la silla hacia atrás emitiendo un horrible sonido agudo. Mis padres guardaron silencio, yo dejé escapar el aire en un trémulo suspiro y me pasé las manos por el cabello intentando recuperar la calma —. No lo sé. Justo ahora en mi cabeza hay más preguntas que respuestas, yo tampoco entiendo nada de lo que está pasando, así que: No. Lo. Sé —repetí apretando los dientes.

Mi madre abrió la boca para hablar pero el timbre de la puerta la obligó a callarse. Respiró hondo, me señaló con el dedo índice y fue a atender. Papá permaneció en silencio, tomó asiento nuevamente y recargó los codos sobre la mesa. Yo hice lo propio. Cubrí mi rostro con las manos mientras intentaba comprender al menos cómo se había apagado la televisión. Desde la distancia oí que mamá tartamudeaba algunas palabras, algo nerviosa. Pocos segundos después, el sonido de sus pisadas regresó a la sala acompañado por unos cuantos pasos más.

KINGS, QUEENS, AND FUCKED UP THINGSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora