EPÍLOGO

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DOS AÑOS DESPUÉS

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DOS AÑOS DESPUÉS...

No podía sentir mi brazo. Literalmente no había nada que me indicara que aún seguía allí, era como si hubiera desaparecido, como si lo hubieran desconectado de mi cuerpo mientras dormía. Sabía que algo estaba aprisionándolo solamente porque no había forma de que me moviera. Como si la molestia por mi insensibilidad no fuera suficiente, cuando levanté los parpados tampoco pude ver, porque una dorada mata de cabello estaba desparramada sobre mi rostro.

Con la mano que sí podía sentir me las ingenié para quitármelo de la cara y recuperar la visión.

El estado de Jillian no era mucho más poético que el mío. Tenía la cabeza medio apoyada sobre mi hombro, medio apoyada sobre la almohada, por lo que su cuello estaba doblado en un ángulo que no podía resultar cómodo. Una de sus piernas estaba completamente enredada en las sábanas, (de las cuales se había adueñado durante toda la noche), de una manera tan extraña que no comprendía cómo había hecho para acabar así. Probablemente tenía algo que ver con el dolor que sentía en el costado de mi abdomen, allí donde la rodilla de su otra pierna se enterraba. Estaba seguro de que se había movido sin parar.

Sin embargo, a pesar de todas las molestias, podía jurar que nunca había dormido mejor.

Jillian se despertó y profirió un quejido cuando hice ademán de moverme. Con el brazo que tenía atravesado sobre mi pecho me obligó a permanecer allí.

—Es temprano —balbuceó adormilada, mientras reacomodaba la cabeza en una mejor posición que la anterior —. No fastidies.

Resoplé una silenciosa risita e incliné el cuello para mirarla.

—Solo quiero moverme —dije, intentando liberar el brazo que su cuerpo aplastaba. Ella negó con la cabeza, su enredado cabello me hizo cosquillas en la mandíbula, y me sujetó con más fuerza.

—Quédate —pidió con voz muy bajita antes de volver a cerrar los ojos y seguir durmiendo.

Sonreí levemente y dejé caer mi cabeza nuevamente sobre la almohada, rindiéndome.

Habían pasado casi dos años desde que Jillian y yo comenzamos aquella nueva relación. Una totalmente oficial, sin revoluciones ni planes de por medio. Los miedos que había tenido hace tiempo se habían esfumado por completo. Ya no tenía inseguridades, ni temía arruinar nada, y por supuesto que tampoco tenía que mantener la distancia que mantenía antes de que esto comenzara. Ahora no podía entender cómo había hecho mi yo del pasado para conseguir estar lejos de ella.

Las cosas iban ascendiendo de la excelencia a la perfección con cada día que pasaba y todo era tan increíble que a veces debía detenerme un segundo para asegurarme de que la situación en la que me encontraba realmente estaba sucediendo. Y aquel era uno de esos momentos. Esa mañana se sentía mejor que cualquier otra. En cuestión de horas, Jillian y yo nos encontraríamos frente a frente sobre un altar para hacer realidad el evento que habíamos planeado fingir la primera vez que estuvimos juntos en el castillo.

KINGS, QUEENS, AND FUCKED UP THINGSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora