[ les yeux ] ; 34

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No podía estar tranquilo. En su mente había quedado impresa aquella imagen casi como si fuera un tatuaje, aquel rostro de facciones suaves con lágrimas en sus mejillas, con la boca abierta intentando respirar a causa de la desesperación. Era tan abrumante.

Pensó en la gata y en que el problema era relativo a aquella criatura. Esperaba que estuviera bien, porque se notaba que era la única compañía de aquel chico tan solitario, casi tan solitario como él mismo lo estaba.

Cuando finalmente había salido de su jornada laboral, perdido en sus pensamientos, ya casi llegando a su edificio, notó al protagonista de sus preocupaciones llorando en una silla cerca al parque. Sabía que si lo pensaba mucho, al final se quedaría allí sin hacer nada, así que apretó muy bien su maletín y fue directo hacia él.

Doyoung no levantó la cabeza cuando se sentó en la silla, aunque lo suficientemente lejos. No sabía porqué, pero su corazón dolía cada vez que escuchaba los sollozos provenir de aquella boca. Respiró profundamente y con más decisión se arrastró hacia él hasta que sus hombros se tocaron provocando una hermosa calidez en medio de la helada tarde, casi noche.

Esta vez Doyoung sí levantó su rostro hacia él y abrió tanto los ojos, que Jaehyun hubiera reído si no fuera porque la preocupación en su pecho le ganaba.

«Fueron tus ojos, Doyoung. Sí que fueron ellos los primeros.»

34. LES YEUX

je te laisserai des mots ; jaedoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora