[ courir ] ; 37

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Sin embargo, un rayo cayó tan peligrosamente cerca, que ambos saltaron asustados. Doyoung notó inmediatamente que Jaehyun lo tenía muy apretado, como si quisiera protegerlo con su cuerpo y no pudo evitar sentirse vulnerable aunque a la vez tan feliz de que le estuviera pasando aquello. Era tan increíble.

—¡Creo que es mejor irnos ya! —Medio gritó su vecino soltando el agarre un poco, aunque no del todo.

—¡Es lo mejor, sí! —estuvo de acuerdo parándose y con el dolor del alma, lo soltó del todo.

Doyoung recogió la pesada manta con la que había cubierto a su gata antes de dejarla en el veterinario. No tenía abrigo alguno que le ayudara contra el frío, pero intentó mostrarse un poco más fuerte mientras ambos caminaban hasta que una fuerte ráfaga de viento le obligó a abrazarse a sí mismo.

—Toma —Jaehyun le ofreció su gabán empapado, pero un poco más caliente en el interior. Doyoung dudó en aceptarlo porque no podía creer nuevamente que le estuviera sucediendo aquello y además no quería verse muy ansioso. Sin embargo, su vecino no le dejó otra opción cuando lo colocó encima de su cabeza y salió corriendo.

—Oye, no... —murmuró aunque se apegó a aquella prenda dejando que todo aquel olor le cubriera su cuerpo entero.

Entonces sonrió. La primera sonrisa sincera en días.

A lo lejos, abruptamente su vecino se detuvo y se giró con lentitud para sonreírle también bajo la luz de las calles, en medio de la lluvia.

Sintiéndonse infinitos.

«Infinitos siempre, Doyoung

37. COURIR

je te laisserai des mots ; jaedoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora