[ viens ] ; 74

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El cigarrillo en los labios de Doyoung se consumía muy lentamente con una tenue luz en su punta mientras el joven se dedicaba a observar la pequeña tumba de su Tempête. La había enterrado en el parque de al lado dentro de un pequeño cajón que consiguió en la veterinaria. Habían unas pequeñas flores encima, pero eso era todo.

La pequeña gata de peluza naranja, siempre iba a estar en su corazón, ella fue lo más precioso que tuvo nunca.

Aspiró el humo una última vez y lo botó al suelo antes de aplastarlo con el pie. En ese instante, escuchó el crujido de las ramas de los árboles atrás suyo y se giró asustado hasta que se encontró con su apuesto vecino. Éste le sonrió al ver su rostro conmocionado antes de hablar.

—¿Tienes algún plan o podrías acompañarme a un lugar?

Doyoung le dió la espalda y se agachó al frente de donde estaba Tempête. Su mano se estiró hasta tocar la fría tierra mientras bajaba su cabeza suspirando.

Jaehyun hizo una mueca de tristeza, al parecer aquello era un no.

—¿Es muy lejos? —Escuchó la suave voz de Doyoung y se permitió ilusionarse.

—Un poco, but the night is so young.

Doyoung acomodó las flores y se levantó volviendo a encarar a su vecino. Sacó del bolsillo de su camisa un cigarro y lo encendió allí mismo, sintiendo cómo sus piernas temblaban y sus mejillas se ruborizaban.

Aquella fue la primera vez en años que mordía de nuevo el interior de su mejilla.

Jaehyun inconscientemente también mordió, pero su labio ante tal escena.

—Vamos. —Aceptó Doyoung expulsando una nube de humo.

«te hacía tanto daño, pero lucías de puta madre, Doyoung.»

74. VIENS

je te laisserai des mots ; jaedoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora