Jaehyun terminó de tomar del vaso. El alcohol ya no le sabía amargo, sino que era casi tan dulce como el chico al frente suyo con las mejillas coloradas. Si por él fuera, le gustaría tener esa imagen por siempre en su cabeza.
Doyoung de la nada comenzó a cantar en voz baja mientras cerraba sus ojos. Tan solo lo podía escuchar su vecino y era más que suficiente. Era aquella misma canción que silbó cuando lo acompañó a comprar la comida de Tempête... Aquella canción tan hermosa.
Jaehyun le siguió la melodía comenzando a silbar. Doyoung sonrió mirándolo, pero con las palabras más bellas saliendo de sus labios. El alcohol le había brindado el valor suficiente como para cantarle aquella canción mirando directamente a sus ojos, esa canción era para él, para nadie más que para él.
Mientras su vecino seguía silbando, ellos dos se iban acercando un poco más, incluso las manos frías se posaron en la mejillas del joven, quien finalizando la canción tarareando las últimas notas, cerró los ojos y se recostó en aquel toque sintiéndose seguro y en paz.
Las caricias en sus mejillas le hacían sentir en el paraíso. Doyoung subió sus manos hasta que estaban encima de las de Jaehyun mientras sentía cómo todo su cuerpo se erizaba.
Las luces del bar solo los alumbraban a ellos dos y nadie más. Y era precioso, todo así.
—Quédate conmigo, Doyoung.
El joven abrió lentamente sus ojos ya perdidos en el alcohol. Ambos lo estaban, pero también estaban tan felices que no importaba.
—Sí —murmuró haciendo que el corazón de Jaehyun se encendiera—. Sí, eso era lo que te iba a pedir y tanto me costaba decirte. Quiero quedarme contigo.
—Mi casa es toda tuya —Jaehyun pegó sus frentes sin dejar de acariciarlo, ambos respirando el aroma que el otro emanaba. Ebrios, totalmente ebrios—. Pero hay que tener cuidado. —Advirtió.
Doyoung abrió sus ojos asustado.
—¿Cuidado con qué?
—Pues resulta —los toques de Jaehyun fueron a parar a su cuello y nuca suavemente— que tengo una especie de admirador que muchas noches ha dejado cartas debajo de mi puerta... Tal vez pueda molestarte un poco.
Doyoung rió, una sonrisa suave que inundó el ambiente e hizo que Jaehyun se sintiera aún más cálido.
—Soy yo. —Lo admitió levantando su cabeza para mirarlo directamente a los ojos, aunque estaban tan cerca, que no pudo evitar admirar sus labios, por los que había soñado desde que lo conoció cuando inició sus estudios y se mudó a aquel edificio.
—¿Eres tú?
Doyoung asintió apartando la mirada.
—Soy yo, perdón por ser tan patético y nunca poder decírtelo en la cara.
Jaehyun negó volviendo a tomar aquel rostro mientras lo acercaba haciendo que le mirara a los ojos.
—No eres patético —esta vez fue Jaehyun quien no dudó en clavar su mirada en aquellos labios tan hermosos—. Ni un cobarde, todos tenemos nuestras propias inseguridades... Pero eso no evita que aquel gesto no fuera bello, porque tú, su creador, eres muy bello.
Sus alientos estaban tan cerca, que hubiera sido un jodido delito si no se hubieran besado allí mismo. Cuando finalmente se conectaron en un suave beso, se dió cuenta que sus labios eran suaves, cálidos y esponjosos, como un panecillo recién horneado; pero a la vez, le provocaban el mismo caos que una tormenta, arrasando con todo lo malo y dejando solo pequeñas motas de una felicidad infinita.
«lástima que ambos estuviéramos tan ebrios, que al otro día, no nos acordamos de absolutamente nada. »
«pero era imposible olvidarse de algo así»
«algo tan perfecto y hermoso.»
54. C'EST MOI
ESTÁS LEYENDO
je te laisserai des mots ; jaedo
Romance«Te dejaré palabras debajo de tu puerta Debajo de la luna que canta Cerca del lugar por el cual pasan tus pies Escondidas en los agujeros del tiempo de invierno Y cuando estés solo por un instante... Bésame Cuando quieras Bésame, Jaehyun.» ___ Doyou...
