[ rouge ] ; 103

126 11 18
                                        

Rojo.

Así como sus mejillas se llegaron a poner rojas con las hermosas palabras que Jaehyun le  susurraba todas las noches antes de que cada uno tomara una dirección diferente para ir a dormir; así como sus dedos también se pusieron rojos cuando salía a la calle en el frío invierno y no llevaba guantes de lana que lo protegieran; así como el color de uno de sus pasteles favoritos que estaba lleno de fresas y con un blanco azúcar espolvoreado encima.

Rojo. Del mismo color de la sangre que estaba cayendo por su mano.

Al principio, el hacerse daño no había sido apropósito. Pero Doyoung siempre llamaba el daño.

Tan sólo estaba terminando de limpiar la ventana en la que había dado clases, cuando algo sonó detrás de él.

Doyoung se giró asustado por el estruendo, y definitivamente no estaba preparado para ver lo que le esperaba. Había un par de vasos de vidrio rotos en el piso y al lado de ellos, uno de los ancianos a los que le daba clases estaba arrodillado tocándose el pecho mientras hacía un ruido ahogado.

—Tiene un ataque cardíaco —Susurró Yves que estaba a su lado ayudándolo a limpiar—. ¡Doyoung está teniendo un paro!

Afortunadamente, la fundación para la que trabajaban tenía enfermeras al servicio así que una llegó rápido a ayudar mientras Doyoung corría hacia el teléfono del lugar para llamar a una ambulancia.

Sus ojos también estaban rojos.

Por llorar de la preocupación, a punto de entrar en una crisis nerviosa cuando vio cómo el carro de la ambulancia se llevaba al hombre.

Pero las miradas de los paramédicos decían todo.

—¡Doyoung! —escuchó la voz de Yves lejana. Como si él estuviera en el fondo de un túnel que estaba ubicado en lo más profundo de la tierra—. ¡Doyoung respira!

Pero no podía. Realmente no podía. Sentía que ya no había aire en sus pulmones, ya no había nada. El pecho le dolía horrores pese a que abría su boca intentando respirar, buscando ayuda.

Hasta que recibió la bofetada.

Su piel ardió como el infierno. Ahora también debía estar roja, pero gracias a ello sintió que por fin pudo enfocar su mirada, también sintió cómo el oxígeno llegaba a sus pulmones y cómo todo el lugar parecía volver a estar de pie.

—Lo siento, lo siento. Perdón. Es que no reaccionabas y me asusté. Lo siento —decía Yves al borde de las lágrimas también—. Ya te traigo hielo, espera. Y lo siento, en serio. Perdóname.

—Está bien —murmuró tocando su mejilla. Le dolía—. No te preocupes.

—No importa iré por el hielo. Y también llamaré a tu novio para que te recoja. Tú... Solo siéntate y respira. Estoy segura que el Señor Giroud va a estar bien y... Tú también Doyoung. Solo respira —ella lo miraba preocupada mientras caminaba hacia la salida del salón. Como si temiera que Doyoung pudiera hacer algo malo—. Ya vengo.

Y Doyoung se quedó totalmente solo.

Los vasos que se habían roto todavía seguían en el suelo. Nadie los había recogido, todos se habían olvidado de que allí estaban y que eran potencialmente peligrosos para cualquiera que pasara por allí.

Esos vasos, eran como los recuerdos.

Sobre todo recuerdos que se evocan cuando se ve morir a alguien.

Doyoung se quedó mirándolos por un muy buen tiempo, incluso notando su reflejo en los cristales. Después caminó hacia ellos ensimismado. Luego se arrodilló y comenzó a recoger los pedazo de vidrio.

Sin ser consciente del rojo.

El rojo de la sangre por las heridas que se estaba haciendo.

—¡Doyoung! —Y nuevamente, Yves estaba a su lado intentando apartarlo—. ¡¿Qué demonios crees que haces?! ¡Mira cómo están tus manos!

—Estoy bien —dijo con la voz temblorosa, pese a que la joven le arrebató los vidrios. Ella ya tenía guantes porque había venido a recogerlos—. No pasa nada, solo es un pequeño rasguño.

—Voy a decirle a la enfermera que-

—¡Doyoung!

Ambos jóvenes levantaron la cabeza. Jaehyun había llegado con la respiración ahogada y la preocupación casi haciendo explotar su pecho.

—¡Doyoung! ¿Pero qué hiciste? —Dijo agachándose a su lado, tomando sus manos.

—Hay que llevarlo a un centro hospitalario para que le cosan la herida. ¡Está muy profunda! —casi gritó Yves con las manos en su boca para ahogar un grito—. Está muy profunda, Doyoung... Acaso, ¿apretaste el vidrio apropósito en tu mano para que la cortada se hiciera más grande?

La boca de Doyoung se secó al darse cuenta que era verdad. Que lo había hecho a propósito (de forma inconsciente). Quiso herirse a sí mismo, porque sabía que se lo merecía. Se lo merecía jodidamente mucho.

—Eso no importa, vamos. —Dijo Jaehyun con su característica capa de frialdad ayudándolo a levantarse.

—Van a hospital, ¿verdad?

Jaehyun apretó el agarre en su hombro antes de mirar a Yves con una mirada tan afilada, que casi también la cortó a ella.

—No. Yo lo curaré, sé primeros auxilios.

—¿Q-Qué? —Preguntó ella en shock antes de mirar a Doyoung—. Pero tienes que ir a un hosp-

—No es necesario. Estoy bien —Doyoung medio sonrió antes de que ambos le dieran la espalda.

Yves se quedó mirándolos cómo se iban con una expresión amarga. Las gotas de sangre en el suelo dejaban un rastro que inspiraba locura.

Jaehyun le dio una última mirada muy oscura de advertencia antes de que ambos desaparecieran por la calle.

—¿Acaso los dos están completamente... Locos?

«No.

Dependientes.»

103. ROUGE

_________
Perdón por no traer cap antes. Sé que dije que cada dos días, pero estos días he estado muy muy ocupada con cosas de la universidad.

Pero no me olvido de mi promesa.

Bye.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jan 25, 2022 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

je te laisserai des mots ; jaedoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora