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─ ¿Dónde te habías metido? ─ Repitió con molestia.

Keith no movía ni siquiera un solo centímetro, estaba paralizado y rezaba porque la joven no notara el dispositivo que tenía en la mano.

Hace días había conseguido abrir sus sentimientos a la chica, solo para arrepentirse a los 5 minutos. Había usado toda su energía para evitar encontrarse con la chica, y cuando había dicho toda su energía, fue toda su energía. Rastreadores para evitar encontrársela por los pasillos, había pagado a una alumna de tercer año para descubrir que Pidge estaba tomando clases extra en detectores de movimiento al frente de su habitación para saber cuando la chica entraba y salía, era este último el que le había causado la mala jugada. Tenía que cambiar la pila, así que había conseguido que Hunk le dijera sobre una hora donde la chica estaba fuera de su habitación, pero cambiar la pila le había tomado más tiempo del que esperaba y ahora Pidge estaba frente a él y se acercaba con un peligroso ceño fruncido, pero cuando alcanzó el lugar donde estaba...

─ Pensándolo mejor, no me interesa ─ agregó con una mirada cansada mientras abría la puerta y pasaba junto a él ─. Solo no vayas a rayas el piso o me culparán a mí.

Pidge entró dejando a Keith inclinado frente a la puerta, que dejó abierta, mientras se dejaba caer en la cama agotada y lanzaba un largo bostezo que más parecía un gruñido de alguna especie de bestia malherida.

─ ¿Está todo bien? ─ Keith no pudo resistir el preguntar al ver a la chica en ese estado, no era realmente una joven alegre todo el tiempo pero al menos no era tan depresiva como en aquellos momentos se encontraba.

─ ¿Sigues aquí? ─ Preguntó sin levantar la vista de la almohada ─. ¿Por qué no huyes mientras puedes? Es lo que has estado haciendo toda la semana.

Keith dudo, pero al momento entró sentándose junto a la cama de la chica, entre culpa y cierta curiosidad y compasión.

─ No he estado huyendo...

─ ¿No? Es bastante obvio. No te veo en clases, ni en el comedor, no te he visto para nada desde ese día en la azotea. Si querías arrepentirte de lo que dijiste, solo tenías que decirlo. Yo misma había pensado que probablemente te habías intoxicado con algo o que había sido alguna clase de mala broma como las que Lance hace.

El silencio que envolvió a ambos chicos fue casi sepulcral, después de un momento Pidge pensó que Keith se había ido, así que levantó vista solo para encontrarlo con una mueca entre el horror y la indignación, de alguna forma era una mueca graciosa por lo que la chica no pudo evitar reír, lo que hizo al joven despertar de su letargo.

­─ ¡¿Cómo se te ocurre compararme con ese?!

Incluso su voz era una mezcla de indignación y terror, lo que provocó que la ligera risa de la joven cadete se volviera una carcajada incontrolable. Así que era eso, Keith no podía soportar el ser comparado con Lance. Keith contra toda su personalidad y con la cara carmesí de la vergüenza atacó a la joven con cosquillas haciendo que la risa burlona de esta cambiará de tono a un suplicante que le pedía que se detuviera.

─ ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Me disculpo! ¡Basta! ¡Perdón!

Keith siguió su inocente tortura hasta que lagrimas brotaron de los ojos de Pidge a pesar que en la pataleta de su amiga había recibido una que otra patada. Aún se sentía avergonzado y lo último que quería era repetir aquella vergüenza que había sentido al exponer sus sentimientos ante ella, pero la opción era, ¡ser equiparado con Lance! No podía permitir eso.

─ No era mentira ─ dijo en casi un susurro mientras la chica estaba ocupada en recuperar el aliento.

─ ¿Disculpa? ─ Respondió la agotada joven.

Garrison ProudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora