La cena

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Pidge sentía que su estomago estaba por regresar toda la comida que había comido durante el día; bastante malo había sido el día de por sí. Keith, a pesar de su promesa, no se había presentado durante el desayuno, tampoco durante el almuerzo, fue en el segundo descanso cuando al fin se digno a aparecer en la cafetería, casi cuando estaba por irse a clase, mas antes de poder dar cualquier queja, el había soltado una bomba sobre ella con una radiante sonrisa.

─ Los chicos accedieron, así que te veo en el reloj a las 7.

Keith se alejó con prisa, pero bastante animado, dejando a una Pidge bastante contrariada con un "pero" en la boca, y su oportunidad de negarse se fue con él. Ahora estaba ahí, de pie bajo el reloj queriendo regresar la comida, el almuerzo y el desayuno. Quiza podía irse antes de que Keith llegara y fingir estar enferma, podía decirle...

─ ¡Viniste!

Demasiado tarde.

Keith también se veía acalorado, su nerviosismo estaba más disimulado que el de ella al menos y con apenas un saludo se dirigieron a los edificios docentes.

─ ¿Por qué no habría venido?

─ Bueno, cuando salí no te vi.

─ Dijiste que nos viéramos bajo el reloj.

─ Ah. Es verdad, pero fue solo porque olvidé que ahora compartimos dormitorio.

Pidge pensó que aquello tenía sentido, tal vez debió esperarlo fuera de su habitación, pero había estado tan nerviosa que aquello ni siquiera le cruzó por la mente cuando salió aquella tarde.

─ ¿Estás seguro que está bien que yo vaya? Después de todo se trata de una reunión familiar.

─ No hay ningún problema, Ryou llevaba chicas muy seguido cuando aún trabajaba en la academia.

Era cierto. Keith recordaba el desfile de mujeres que pasaban por frente a las reuniones cuando quedaban de comer juntos en los tiempos de los chicos en la academia, pero no eran para nada recuerdos agradables, lo único que recordaba eran chicas tontas y silencios incómodos, pero las cosas no serían así con Pidge, Pidge no era como esas chicas. Estarían bien.

El camino a los apartamentos docentes fue más cortó de lo que Pidge recordaba, cuando el elevador empezó a subir, ella sintió que toda su sangre se quedaba en el primer piso y para cuando estaba de pie al apartamento de Shiro, sentía que estaba por caer desmayada. Estaba a punto de disculparse con Keith, decirle que había cambiado de parecer, que no se sentía bien, incluso podía esperar a que su estomago se vaciara en sus zapatos, pero cuando la puerta se abrió, aquel nerviosismo quedó rezagado por completo, sustituido por otro sentimiento más hueco y vacío, porque la persona que había abierto la puerta, no era Shiro.

─ Buenas noches.

Keith había estado acostumbrado a la vista de mujeres superficiales en sus comidas familiares, era una clase de tradición, pero aquella tradición había sido llevada de forma exclusiva por Ryou; por esa razón, incluso para él, fue una sorpresa ser recibido por la sonriente cara de la princesa Allura de Altea.

─ ¿Princesa Allura? ¿Qué hace aquí? ─ Cuestionó Keith sin ninguna intención de ocultar su sorpresa, pero era claro que eso no incomodo ni un momento a la princesa alteana.

─ Shiro me invitó. Pasen, sean bienvenidos.

Keith hizo una mueca de descontento, no se sentía cómodo de ser invitado a pasar a un apartamento que conocía tan bien por una casi por completo desconocida; por otro lado se sentía ofendido. Había pasado la mitad del día buscando a Shiro y a Ryou para preguntarles si podía llevar a Pidge a la cena, una formalidad, pero no quería caer en las tendencias de Ryou de llevar a una persona sin avisar. Y aún así, a Shiro no se le pasó por la cabeza siquiera comentar su invitación a la princesa, eso de alguna forma le molestaba, pero siendo que él había llevado a Pidge no se sentía con derecho a protestar.

Garrison ProudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora