—No somos una familia. —Las palabras de mamá contradicen en todo sentido las de mi padre.
—Meave... —El intento de papá por hacer que mi progenitora deje de hablar es fallido.
—Tú tienes otra familia. —La mujer que me dio la vida señala a mi padre con dolor—. Nosotros ya no somos tu familia, ya no más.
Un silencio sepulcral se crea en la habitación de hospital que hace minutos decidí apodar «Aposentos de las esperanzas perdidas» ya que fue en este cuarto donde me dieron la terrible noticia sobre mi enfermedad, es aquí es donde todos lloran y me miran con lastima, es en este lugar de paredes blancas donde mis padres están discutiendo de nuevo. Esta habitación es como un infierno.
—¿Otra familia? —Las palabras de Jessie son apenas audibles entre su llanto y sollozos.
—Mierda. —Oliver suelta un suspiro. Tiene los codos sobre sus rodillas y sus dedos halan su cabello con fuerza, jamás lo vi lucir tan impresionado y triste a la vez.
—¿No les dijo? —interroga mi madre con incredulidad—. ¿Ustedes no sabían que su respetable padre embarazó a una muchacha cualquiera y ahora tienen un hijo de dos años? —En el tono y expresión de mamá no se encuentra más que rencor, decepción y tristeza.
No lo sabía.
¿Es por eso que papá se fue? ¿Nos reemplazó? ¿Ahora él solo quiere a su hijo pequeño y a su nueva esposa? ¿Nos odia? ¿Tengo la culpa de todo? ¿Por qué nunca nos dijo nada?
—No es momento de que tengamos esta conversación —papá se dirige a mi madre mientras nos señala a mis hermanos y a mí.
—¡Es el jodido momento para que tus hijos sepan que llevas dos años engañándonos!
Mi vista está borrosa gracias a las lágrimas retenidas y acumuladas en mis ojos, tengo el ceño fruncido, mis labios tiemblan y los sollozos son ahogados por el fuerte nudo que aprieta mi garganta. En este momento solo quiero dejar de escucharlos a todos, si tuviera padrinos mágicos ese sería mi único deseo.
—¿Sabías eso y no dijiste nada? —Oliver no parece creer lo que escucha de los labios de mamá.
—Me enteré hace un mes. Tu padre nos engañó a todos, no se merece ningún perdón.
La escandalosa carcajada que sale de la garganta de Jessie nos hace desviar la atención en su dirección. Las lágrimas adornan su rostro, pero su dentadura muestra sus dientes con ortodoncia.
No sabía que se podía llorar y reír a la vez.
—Te engañaste tú sola cuando hace seis años supiste que te fue infiel con su compañera de trabajo y lo perdonaste, te engañaste cuando ignoraste los golpes que te daba sosteniendo que iba a cambiar, te mentiste creyendo que teniendo otra hija podrías arreglar un matrimonio que llevaba años roto. —Sus palabras son tan filosas como unas dagas y tan precisas como para clavarse en nuestros corazones—. La semana pasada no fue la primera vez que te faltóal respeto con un golpe, su nueva novia no fue la primera con la que te fue infiel y podría asegurar que ese niño del que hablas no es el único que tiene fuera de tu matrimonio. —Cada palabra que sale de sus labios nos deja más impactados a todos, cada palabra duele—. ¿Creías que el peso de una nueva bebé salvaría el matrimonio que dos preadolescentes no pudieron?
—Jessenia, basta.
Un sollozo abandona mis labios haciendo que todas las miradas llenas de dolor y desaprobación se conviertan en unas de culpa cuando pasan de mi hermana mayor hacia mí. Estoy llorando fuerte e intensamente, la presión en mi garganta mantiene mis millones de preguntas por formular atrapadas.
No somos una familia.
He vivido mi corta vida dentro de una burbuja fantástica que se asemejaba a los tantos cuentos que conozco de memoria, ignorando así la cruda realidad que los estaba azotando a todos; que les dolía a todos y que ahora me duele a mí.
—Sí, Alyssa. Mamá creyó que serías la salvación de su matrimonio, ella se engañó a sí misma y...
Oliver no deja que la castaña termine con sus hirientes palabras cuando la abraza muy fuerte. Ella apoya su cabeza contra el pecho de mi hermano mientras sus sollozos son los sustitutos de las dolorosas verdades que iba a decir. El castaño limpia las lágrimas de Jessie como muestra de su apoyo.
—No puedo, no puedo con esto —murmura mamá antes de salir llorando de la habitación.
El dolor de mis caderas y articulaciones se hace más fuerte cuando mi llanto y sollozos se intensifican, pero el dolor de unas verdades bien dichas es más fuerte que el que implica arder en las llamas que escupe el dragón.
—Cariño... —papá me llama.
— ¡Vete, eres malo! —grito en su dirección, haciéndolo retroceder.
Mi hermana se separa de Oliver y lo siguiente que siento es su cuerpo acostado junto al mío en la cama del hospital al tiempo que escucho a mi hermano pidiéndole a mi padre que salga de la habitación.
—Lo siento —habla la castaña con la voz entrecortada.
Todos lo sentimos.
ESTÁS LEYENDO
Como un cuento de hadas
Storie breviSi alguien tuviera que describir a Alyssa Weber usando solo tres palabras, esas indudablemente serían: curiosa, traviesa y bondadosa. Esa escurridiza niña de cinco años lucha contra todos los dragones que la acechan a ella y a su familia, sin embarg...
