26. Fin de un ciclo

49 10 0
                                        

A pesar de que llevo varios meses visitando frecuentemente el hospital, rodeándome de niños que están en la misma o en peor condición que yo, escuchando sobre diagnósticos ajenos, viendo la esperanza abandonar los ojos de la gente cuando los médicos no les dan buenas noticias y oyendo el llanto de los que no tuvieron tanta suerte; todavía me siguen invadiendo los nervios cuando entro a la amplia sala del donde se realizan las quimioterapias.

No me he acostumbrado al malestar ni al ligero dolor que se apodera de mi cuerpo, de hecho, no creo que exista una manera de familiarizarse con los medicamentos para combatir los efectos secundarios que deja una tarde de quimio. Espero que todo valga la pena y yo pueda curarme lo más rápido posible.

Tiene que valer la pena.

Mi varita mágica debería tener el poder de hacerlo valer.

Nunca pongo mucha atención cuando los médicos hablan con mis padres sobre mis avances, ciclos de quimio o exámenes. Usualmente si esos temas llegan a mis oídos solo los ignoro manteniendo mi atención en libros, caricaturas o algo que no tenga que ver con el ser una niña con cáncer.

No obstante, hoy es un día medianamente especial ya que termino un ciclo más del tratamiento y por fin obtendré un descanso de las horribles quimioterapias. Podré volver a casa luego de que me realicen otros análisis para evaluar mis progresos y apreciaré los días siendo una niña normal como si fueran mis tesoros más preciados.

—¿Cómo te sientes hoy, Alyssa? —inquiere el enfermero que se ha encargado de prepararme para la mayoría de mis sesiones.

—Bien. ¿Sabías que me iré a casa mañana temprano? —Levanto las cejas repetidas veces y él ríe al notar mi entusiasmo.

—Me di cuenta al revisar tus informes. —Asiente—. ¿Vas a extrañar el hospital?

Río al darme cuenta de lo obvia que es la respuesta de su pregunta.

—No. Jamás. —Niego con mi cabeza en lo que él termina de alistarme.

Los minutos transcurren hasta que la quimio empieza. La encargada de acompañarme el día de hoy es mi tía, quien me extiende un libro de cuentos y se sienta a mi lado observando que todo marche sin complicaciones.

—Hoy hay más adolescentes que niños —habla mirando alrededor.

—Es porque es jueves —me apresuro a decir.

Los jueves a esta hora hay más personas mayores cumpliendo con sus tratamientos.

—¿Y conoces a todos los que están acá?

—Sé los nombres de todos, pero solo he hablado con algunos —explico con voz baja—, ellos son muy grandes y la mayoría se aburre cuando hablo sobre mis cuentos. —Ruedo los ojos y ella esboza una media sonrisa ante mi gesto de fastidio—. Los lunes son más divertidos. Puedo hablar con mis amigos y hasta jugamos desde nuestros lugares.

—Tu mamá me comentó que has hecho muchos amiguitos dentro de estas cuatro paredes —dice con tono tierno.

—Sí, soy una niña con muchos amigos —presumo—. En mi cumpleaños los podrás conocer, le dije a mi madre que los invitaría a la casa para jugar ese día.

—A Diana le encantará conocerlos también. —Asiento dándole la razón—. Falta muy poco para que cumplas seis años, hasta hace poco llorabas cuando tu madre te acostaba en tu carriola y dejabas olores apestosos en los pañales —se burla.

—¡Era una bebe! —me defiendo.

—Y lo sigues siendo, Aly.

Dentro de poco cumpliré seis años y estoy segura de que será maravilloso.

Como un cuento de hadasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora