Capítulo XXXIII

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NOTA:(el de la imágen es William:D, solo que William tiene ojos azules y cabello negro).

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-¿Qué quieres decir con eso?-mi voz era firme y segura. No me iba a dar el lujo de hacer que supiera el nerviosismo que causaban sus palabras en mí; era imposible que supiera que era un Alfa, era im...¡El maldito celo!
Fue ahí cuando me di cuenta de que mi celo me delató por completo.
-No me gusta repetir las palabras-mencionó, y después fue deslizando sus manos en mi abdomen grande y fornido.
-Alan, ¿te sientes bien? No sé de qué mierda estás hablando- tenía las intenciones de seguir mintiéndole solo para saber si de verdad había descubierto la verdad o si solo estaba desorientado.
-Es increíble el cómo me mientes-de un momento a otro, sus caricias se detuvieron y él se alejó de mí. Acercándose al umbral de la puerta, dijo-: Espero y disfrutes de tu baño. Tendrás que explicármelo después, te daré tu tiempo.
Y, después de eso, azotó la puerta, dejándome completamente solo; me daba curiosidad el saber hacia dónde se iba a ir, probablemente se iba a bañar en otro lugar.
-¿Qué mierda fue todo eso?-me dije a mí mismo. Sabía lo que acababa de pasar pero me costaba aceptarlo. ¿Cómo pude ser tan despistado e imprudente? Sabía desde un principio que si tenía sexo con Alan, me estaría delatando completamente. ¿¡Por qué mierda es todo tan complicado!?
Ah, y el nudo, pensé. Fue entonces cuando abrí los ojos demás por la sorpresa. El nudo, mierda, ¿cómo no lo detuve en ese entonces? ¿Qué pasará ahora que Alan dejó su semilla en mí? Sé bien que tengo la capacidad de quedar embarazado, pero...¡Definitivamente haré la prueba! Pero tendré que esperar unas semanas para ver o...¿¡y si me tomo unas píldoras anticonceptivas!? Sí, definitivamente haré eso. No puedo permitirme tener hijos..., es...inaceptable.
Cuando terminé de bañarme me vestí con la ropa que alguien me había dejado en la cama, que, por cierto, esta ya se encontraba con otras sábanas y estaba bien arreglada. Probablemente Alan había mandado a unos sirvientes para arreglar eso.
Aunque por más excéntrico que pareciera aquella habitación, se veía tan agradable y cómodo; los rayos del sol pasaban por la ventana y, para que la habitación se iluminara más, abrí las cortinas blancas y una hermosa vista jamás esperada apareció ante mis ojos azules.
Es tan hermoso, pensé. Una hermosa vista del bosque estaba rodeando el lugar en donde estaba; había unos cuantos licántropos andando por ahí y uno que otro niño jugando con otros más; y, más allá, por el horizonte, el bosque se expandía y seguía con sus tonos claros y cálidos del bosque; podía ver un brillante río que estaba a no muy lejos de la mansión, era el río al que había ido ayer, en donde me encontré con Kaled.
Era una vista tan espléndida y brillante, tanto que, gracias a los cegadores rayos del sol, dejé de mirar aquel paisaje y, segundos después, decidí vestirme: me puse un traje negro (el traje que está en la imágen del inicio) con uno que otro adorno elegante (aunque me lo puse con un poco de dificultad por el dolor que tenía en mi cuello). Sinceramente agradecía que me hubieran puesto un traje para vestir, amaba los trajes y me veía bien en ellos.
Cuando terminé de arreglar mi corbata, alguien tocó a la puerta e, inesperadamente, pensé que era Alan, pero, por alguna extraña razón, olfateé para poder saber de quién se trataba: no era Alan, no era él porque no era su aroma el que inhalé. Probablemente era un sirviente, pero el aroma me llegaba al de un Omega.
Sonreí con orgullo por mi increíble sentido del olfato. Después de todo los Alfas teníamos esa increíble capacidad.
-Adelante-dije, y después me levanté de la cama para después quedar parado frente a la ventana. Miré de nuevo aquella hermosa vista que me tenía atontado.
-Lamento la interrupción, joven amo, pero el amo Alan me pidió que le entregara estas aspirinas para su celo, también le traje agua para ello. Y una venda para la marca de su cuello-dijo una mujer con una voz dulce y agradable. Me había sorprendido eso y, justo cuando terminó de decir eso, posé mi vista en ella: era una Omega hermosa de ojos cafés tan brillantes con cabellos a la misma tonalidad que sus ojos. Me quedé mirándola por varios segundos que, para ella,  fueron eternos, cosa que la puso incómoda. Nerviosa, dijo-: Bu...bueno, aquí le dejo lo mencionado, amo. No lo molesto más, con permiso-dejó una bandeja de plata encima de una mesa de madera barnizada que estaba en medio de toda la habitación y, antes de que se marchara, la detuve.
-Espera-no podía dejar que se fuera tan rápido-. ¿Podrías...ponerme la venda, por favor?
Ella se detuvo y volteó a verme. Tenía los pómulos rojos, lo que quería decir que mi belleza la había sonrojado. Era extremadamente guapo, ¿qué esperaba?
-Si usted lo desea, amo-¿de dónde sacó tanta formalidad?, pensé, ¿por qué me llama "amo"? Aunque, claro, no me molesta en lo absoluto. Ella se inclinó en forma de respeto y, seguido de ello, agarró de la bandeja una pomada junto con una venda muy limpia.
Se acercó a mí tímidamente y, después, yo me senté en una de las sillas que estaban por ahí y ella se posó enfrente mío.
-Hazlo con cuidado, por favor-dije sonriendo y ella solo asintió ligeramente y avergonzada; quitó el cuello de la blusa que tenía puesta, pero hubo un momento en el que notó mordidas (marcas) por mi pecho y cuello. Ella rápidamente quitó la vista de ahí girando su cabeza hacia un lado y, sonrojada, dijo:
-Lo...lo lamento mucho, no sabía que usted tenía...
-Sh- posé mi dedo índice en sus labios rojizos e hice que se callara. ¿Por qué siento una opresión en mi pecho cada vez que estoy con ella?, pensé. Es como si mi cuerpo me impidiera estar con ella-, no te preocupes, son solo marcas sin importancia-sentí otra opresión-. Vamos, continúa.
-Sí-volvió a posar su vista en mi cuello, y después agarró la pomada para después agarrar un poco y ponerlo en la parte detrás de mi cuello.
-Agh-rugí fuerte al sentir aquella pomada fría y suave encima de mi herida. Ella se estremeció del miedo por mi rugido, así que le sonreí para que se tranquilizara-. Tranquila, es solo que...Mierda, duele.
-Lo haré con cuidado, amo-sonrió, y yo me controlé para no regresarle la sonrisa. Sentía otra vez aquella presión en mi pecho.
Su mano era tan delgada, pequeña y delicada, totalmente diferente a las manos de Alan, que eran tan grandes, suaves y cálidas. Preferiría las manos de Alan, pensé, y de pronto me imaginé a Alan poniéndome aquel lubricante en mi cuello; la idea me excitaba demasiado, pero necesitaba tranquilizarme por ahora porque estaba aquella Omega.
Su delicada mano fue tocando con delicadeza mi cuello, y podía sentir cómo el dolor de mi cuello aminoraba. Esa pomada sí que era eficaz. Después de un rato, ella dejó de embarrar el lubricante en mi cuello para después ponerme la venda al rededor de este último.
Genial, ahora tenía la parte de arriba de mi blusa abierta, dejando ver una que otra marca que me dejó Alan y, a su vez, la venda que tenía puesta; no podía abrocharme esa parte de mi blusa porque después me iba a apretar demás junto con la venda, además, me sentía más cómodo y así podía presumir que tenía un cuerpo grande y fornido.
-Dime..., ¿por qué Alan envió esas pastillas?, ¿acaso seguiré en celo?-pregunté una vez ella se alejó de mí para después levantarme.
-Pensé que el amo Alan ya se lo había explicado, amo.
-Bueno, sí, pero...
Ella sonrió amablemente y yo me sorprendí un poco.
-Está bien, amo, se lo explicaré: el celo de un Alfa dura 3 o 5 días cada mes, en su caso, como inició ayer, le quedan 2 o 4 días.
-¿Quieres decir que durante ese tiempo, si es que no quiero tener sexo, tendré que tomar esas pastillas?-ella asintió y después suspiré.
-Oh, por cierto, el Alfa mayor desea desayunar con usted, amo, así que será mejor que no lo haga esperar.
¿¡Cómo!?, pensé, ¿el Alfa mayor? ¿Por qué querrá desayunar conmigo? ¿Habrá un asunto importante por el cual querrá hablarme?
-¿No sabes para qué?-ella giró su cabeza hacia los lados en forma de negación.
-No, lo siento amo, pero ese tipo de cosas no me conciernen, así que no me avisan al respecto.
Volví a suspirar y después usé mi mano derecha para hacer mi cabello hacia atrás, ya que me estaba estorbando en mi frente.
-Muy bien, gracias. Puedes retirarte.
-De nada, con su permiso-ella se inclinó en forma de reverencia y después se marchó cerrando la puerta detrás de ella.
Agarré una de aquellas pastillas que me había traído y después me la tome junto con el agua.
¿Para qué querrá, Ethan, que desayune con él?, pensé. ¿Será solo para estar conmigo o para hablar sobre algo importante?

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