No me di cuenta que Draco se había sentado junto a mi hasta que llamo mi atención.
- ¿Me extrañaste Lestrange? – dijo con una gran sonrisa.
Él nunca se había sentaba conmigo, siempre estaba con Crabbe y Goyle y evidentemente con Pansy.
- No pude ser – conteste recargando mi cabeza entre mis manos - ¿Ahora qué quieres? No estoy para bromas Malfoy.
- No vengo a molestarte Lestrange – volteé a verlo incrédula. Eso no estaba bien algo tramaba.
Al parecer notó que no le creía, pues echo la cabeza para atrás y soltó una leve risa.
- ¿No me puedo sentar contigo a platicar?
- No – conteste aun sin creerle.
- ¿Por qué desconfías de mí?
- ¿Te lo digo en orden Cronológico o Alfabético? *referencia*
- Bien chicos, silencio – Gracias a Merlín – Abran su libro en la página 5.
Después de que el profesor Flitwick nos pusiera a hacer una redacción sobre un encantamiento, Draco y yo no habíamos intercambiado ninguna palabra.
- ¿Cómo es que casi llenas el pergamino aun con tu letra diminuta y yo aún no puedo terminar? – susurro por fin.
No conteste solo sonreí de lado y seguí escribiendo, tuve el presentimiento de que me observaba, pero de una forma muy rara.
Volteé a verlo y nuestras miradas se conectaron, sus ojos grises tenían un brillo diferente a lo habitual, no eran los mismos ojos de un frío color, ahora eran más cálidos.
Ambos apartamos la mirada el uno del otro de inmediato, yo seguí escribiendo tratando de entender que había sido aquello.
Justo cuando termine mi redacción sonó la campana, me levante a entregarle el pergamino al profesor Flitwick regrese por mis cosas muy rápido, mire por última vez a Malfoy y me fui.
Su rostro parecía que quería decirme algo, pero viniendo de él seguramente no sería nada bueno.
Me dirigía al Gran Comedor en el camino me encontré con Harry, Ron y Hermione, decidí sentarme con ellos y empezamos a comer y platicar.
- Y ¿cómo te sientes ahora Harry? – pregunte.
- Creo que mejor.
- McGonagall le dijo que no se preocupara – hablo Hermione - Ella dijo que la profesora Trelawney acostumbra a predecir la muerte de un alumno cada año.
- Ves Harry no tienes de que preocuparte – dije tratando de animarlo un poco más.
(…)
Me encantó salir del castillo después del almuerzo, la lluvia del día anterior había terminado, el cielo era de un gris pálido, sentía la hierba húmeda bajo mis pies.
Nos pusimos en camino hacia la primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Ron y Hermione no se dirigían la palabra porque habían discutido, Harry y yo caminábamos a su lado en silencio, mientras descendíamos por el césped hacia la cabaña de Hagrid en el límite del bosque prohibido.
Más adelante había tres espaldas que me resultaban muy familiares, note que Harry no estaba muy contento por compartir las clases con aquellos Slytherin.
Malfoy decía algo animadamente a Crabbe y Goyle, que se reían a carcajadas, creí saber de qué se burlaban.
Solo me miro por un segundo y luego dirigió su mirada a otra parte, y ahí está de nuevo el Malfoy que conozco, tome del hombro a Harry para que se tranquilizara.
Hagrid aguardaba a sus alumnos en la puerta de la cabaña. Estaba impaciente por empezar, cubierto con su abrigo de ratina y con Fang, el perro jabalinero a sus pies.
- ¡Vamos, dense prisa! - gritó a medida que se aproximaban sus alumnos - ¡Hoy tengo algo especial para ustedes! ¡Una gran lección! ¿Ya está todo el mundo? ¡Bien, síganme!
Cinco minutos después nos hallamos ante un prado donde no había nada, solo una cerca.
- ¡Acérquense todos! - gritó - Lo primero que tienen que hacer es abrir los libros...
- ¿De qué modo? - dijo la voz fría y arrastrada de Draco Malfoy.
- ¿Qué? - dijo Hagrid.
- ¿De qué modo abrimos los libros? - repitió Malfoy, sacó su ejemplar de El monstruoso libro de los monstruos que había atado con una cuerda.
Otros lo imitaron, unos habían atado el libro con un cinturón, otros lo habían metido muy apretado en la mochila o lo habían sujetado con pinzas.
- ¿Nadie ha sido capaz de abrir el libro? - preguntó Hagrid decepcionado.
La clase entera negó con la cabeza.
- Tienen que acariciarlo - dijo Hagrid, como si fuera lo más obvio del mundo – Miren...
Tomó mi ejemplar y desprendió el celo mágico que lo sujetaba. El libro intentó morderle, pero Hagrid le pasó por el lomo su enorme dedo índice, el libro se estremeció se abrió y quedó tranquilo en su mano.
- ¡Qué tontos hemos sido todos! - dijo Malfoy despectivamente - ¡Teníamos que acariciarlo! ¿Cómo no se nos ocurrió?
- Yo... yo pensé que les haría gracia - dijo Hagrid.
- ¡Ah, qué gracia nos hace...! - dijo Malfoy - ¡Realmente ingenioso, hacernos comprar libros que quieren comernos las manos!
- Cierra la boca Malfoy - le dije.
Hagrid se había quedado algo triste, nosotros cuatro queríamos que su primera clase fuera un éxito.
- Bien pues - dijo Hagrid que parecía haber perdido el hilo - Así que... ya tienen los libros y.… y.… ahora les hacen falta las criaturas mágicas. Sí así que iré a por ellas, esperen un momento...
Se alejó y se introdujo en el bosque perdiéndose de vista.
- Dios este lugar es una cochinada - dijo Malfoy en voz alta - Estas clases idiotas... A mi padre le dará un patatús cuando se lo cuente.
- Cierra la boca, Malfoy —repitió Harry.
- Cuidado Potter, hay un Dementor detrás de ti.
- ¡Uuuuuh! —gritó Lavender Brown, señalando hacia la otra parte del prado.
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Slytherin's Master
FantasyEl tercer año escolar esta apunto de comenzar en Hogwarts el Colegio de Magia y Hechicería para Abigail Lestrange, una joven sangre pura. Compartiendo año nada más y nada menos que con el trío de oro y un chico rubio que no es para nada de su agrado...
